Travesuras navideñas
Cuando era niño (no se burlen) era muy curioso. Demasiado. Algo casi clínico. Mis padres sufrían con mis arranques de investigador o preguntón y yo, feliz. Ahora, no sé en qué momento la curiosidad deja su esencia para convertirse en una insufrible travesura. No lo sé. Por eso, prefiero decir que era un niño curioso a decir que era un niño travieso. Recuerdo con dificultad algunos hechos vergonzosos. Algunos dolorosos. Otros costosos, como cuando le dije serio a mi madre, mientras ella estaba en la tienda: “mamá, no te asustes, pero la casa se está incendiando”. En todos esos recuerdos, en el que tenía a mi madre molestísima por las cosas que hacía (claro, incendiarle la casa era algo que gusto no la hace a nadie), siempre encontraba alguna sonrisa cómplice ya sea de mi padre o de alguno de mis abuelos. Jamás de mi madre, claro. Por eso, cuando me llega del colegio alguna nota informando las “travesuras” de Cristian, mi hijo, pues me cuesta mucho llamarle la atención. ¿Con qué cara o autoridad moral puedo corregir a mi hijo cuando yo era tan igual o peor que él?
Su madre, quien me cuenta iracunda las travesuras de mi primogénito, no puede ocultar su malestar cuando, a mitad de su relato, se me escapa una sonrisa evidenciando mi estúpido y raro orgullo de tener a un hijo tan “vivo” como yo lo era. “No puedes estar riéndote siempre de las cosas que hace Cristian en el colegio. Todos los días tengo quejas de las “mises” y tú solo te ríes”. Y sí pues, yo solo me río, y sé, en lo más profundo de mí, que está mal que lo haga. Cristian ha terminado el año escolar en este exigente colegio con muy buenas notas, especialmente en el inglés y el chino, y los otros cursos bordean también las buenas calificaciones y todo eso, a sus cortos cuatro añitos, me parece satisfactorio, por más que sus “mises” (así le llaman al plural de profesora en una tontísima e innecesaria adaptación del inglés), me traten de decir lo contrario. Sin embargo, en todo el año y de manera sostenida, su promedio en conducta es la nota más baja de todas, sin llegar al escándalo, tampoco. Pero su madre lo corrige mucho y más. Yo, casi nada…
“Cuando te haga una travesura ya te veré la cara”, me dice siempre su madre cuando, luego de escuchar las últimas “hazañas” de Cristian, me río sin misericordia. Lo que narraré, a continuación, podría hacerlo de distintas maneras. Desde la visión incrédula, traviesa y generosa de mi hijo. O desde la esperanzadora mirada de su madre (que desea a mares que él me haga alguna travesura para padecerlo como lo hace ella o alguna de sus “mises”). O desde la visión subjetiva de un niño de la calle que limpia las lunas de los carros en los semáforos. Sin embargo, ahorrándome todo tipo de narración sobre el backstage de milagros o peripecias menores, lo haré como yo lo vi. Ojo, aquí tienen que ponerse en los zapatos de cuatro personas que, sin querer, forman parte de lo que sucedió aquella tarde de domingo, a tres días de la navidad.
Hace un tiempo (digamos menos de tres meses), tengo en mi poder un iPhone. Ahora, yo no tengo ninguna afición por poseer lo último de la moda o la tecnología, ya que me parece una pérdida de energía innecesaria para vivir y puedo caer en la plasticidad de lo mediático y lo superficial. Sin embargo, este costoso celular de Apple, me embargó de curiosidad y cariño no solo por lo que es (el invento del año según la revista Times), sino por la forma cómo llegó a mí, casi sin querer. El celular fue un regalo de una ex enamorada que vive con sus padres en los Estados Unidos, y que no tuvo mejor idea de mandarme, entre otras cosas, este aparatito tan lindo que poco a poco se convirtió en mi fetiche.
Alvina, mi ex novia, me dijo: “cuídalo mucho, ese celular fue mío y te lo estoy regalando. Cuando regrese, en Navidad, quiero que me lo enseñes”. Desde ese momento, en el que “mi” iPhone cruzó la puerta de mi casa con sus sellos postales, me embarqué en la empresa de quererlo, admirarlo y llenarle de accesorios y programas. Era (es) mi fetiche, como dije. “Mi” iPhone y yo éramos (somos) uno.
Domingo, 3 de la tarde. Cristian se sube a mi carro para ir de compras conmigo a un conocido supermercado. Yo adelante manejando y él, con todos los cinturones de seguridad, atrás. Llegamos a los cruces de dos avenidas principales y mi hijo, con una increíble introspección, miraba a otros niños quienes, por unos centavos, limpiaban al paso los parabrisas de los autos, mientras yo lo miraba por el retrovisor. Llegó uno de ellos e hizo su trabajo en mi carro y, mientras limpiaba las lunas, Cristian me preguntó: “¿Por qué hacen eso?” y yo le dije: “porque necesitan dinero para sus juguetes de navidad”. Luego de escuchar estas palabras el bajó la luna eléctrica de su lado para verlo con más claridad, supongo, y yo, me agachaba para sacar algunas monedas de la guantera.
Al llegar al súper, me pareció raro no encontrar mi celular en los espacios que están a la altura de la palanca de cambio, pero no le presté importancia y me fui a hacer las compras sin el menor temor ni cuidado. Y claro, a estas alturas ya muchos deben de suponer lo que pasó y es que está bastante claro, pero repito, quisiera que se pongan en los zapatos de cada uno de los personajes de la historia, y lo que les narro es lo que me pasó a mí y no la vista subjetiva de los otros personajes. Luego, nos fuimos. Cruzamos, seguramente, la misma avenida y llegamos a la casa.
Ese mismo domingo, seis y 25 de la tarde. Casi de noche. La madre de Cristian, Yuly, viene a recoger a nuestro hijo. En ese momento recuerdo que tengo que hacer una llamada y me dispuse a buscar “mi” iPhone y, al no encontrarlo, enloquecí. “Cristian, ¿has visto mi teléfono?”, le pregunto a Cris pensando que me daría una idea de dónde se encontraría mi escurridizo aparato. “Lo regalé al niño que lavó el carro”, me dijo inocente de toda culpa cuando ambos (papá y mamá), exclamamos todo lo que cualquier ser humano hubiese exclamado en nuestra situación.
Tranquilidad. La calma es un modo de comportamiento que siempre he tratado de demostrar(me) cuando se presentan este tipo de situaciones: cuando todos están gritando por el temblor, yo pongo la calma. Cuando la hora del cierre por la edición en la revista nos ahorca y todos están eufóricos y malhumorados, yo pongo la ecuanimidad. Cuando todos gritan un gol a favor o en contra, yo cambio de canal. Lo que quiero decir es que siempre pongo la cuota diferente en una situación sui generis. Pero, tratándose de “mi” iPhone, tenía pocas ganas de ver respirar a Cristian y quise suicidarme.
Sostuve el timón con fuerza y, tras el humo de polvo y monóxido, quedaron atrás la incredulidad de Cristian y “te lo dije” de mamá, mientras ponía tercera. Podría reconocer al niño que me limpió el parabrisas. Tendría siete años, no más. Rostro cobrizo y pelos en punta. Cara de niño y oficio (y iPhone) de adulto. Así que, tras insultar a tres policías de tránsito y maldecir a Luis Castañeda Lossio (alcalde de Lima) por destruir las pistas de la ciudad, llegué al cruce exacto… y lo encontré.
Claro, lo que pasó era previsible y comprensible. El niño no sabía (por su condición de niño) lo que tenía en manos. Así que realicé una acción que podría descalificarme como una buena persona, pero estaba totalmente perdido, así que no me quedó de otra: le mostré, rápidamente, un billete de alta denominación, a cambio, claro, de “mi” iPhone. Lo pensó poco. Nada. Hicimos el trueque acompañado de nuestras sonrisas. Y me fui.
¿Qué habría pensado Cristian al regalar un celular a un desconocido, sabiendo que podría ese acto llenarme de ira o frustración? ¿Tendrá que ver en esto mi poca proclividad para con las llamadas de atención? Cristian sintió, en algún momento, pena por este jovencito. Una pena que lo llevó a comparar sus pertenencias con las de este desconocido y claro, se dio cuenta que había una gran diferencia. Pero supo, además, que esa diferencia podría acortarse. Supo que podría disminuir esa distancia económica y social, con un regalo. Un regalo que el sabía que este niño no iba a rechazar y que, por el contrario, lo llenaría de felicidad por tal acontecimiento. Y claro que lo logró, pero a costa de mi desesperación.
Emilio, no solo tiene 100 soles en el bolsillo si no que tiene, además, un panetón que podrá compartir con su familia. Y está feliz. Emilio es un lindo nombre, pienso. Claro, si no me devolvía el teléfono nunca hubiese sabido cómo se llamaba. A Cristian le he comprado un teléfono celular de juguete para que lo pueda regalar a quien desee y recibió, a parte de los abrazos, una llamada de atención… la mía, of course. Le hablé sobre el respeto a la propiedad privada, para que “mi” iPhone, siga siendo mi iPhone. Sin embargo, luego de la llamada de atención lo felicité por su gran corazón. Un corazón que me hizo sudar por más de media hora. Un corazón que me embarga cada vez que lo veo sonreír. Feliz Navidad a todos. Feliz Navidad, Emilio, y gracias. ¡Y no vuelvas a hacer eso, Cristian! ¡Ya dije!



1. Anonymous | Diciembre 24th, 2008 at 8:24 pm
Feliz Navidad Luis. Tu hijo es tan gramde como tú
2. Troba | Diciembre 25th, 2008 at 7:01 am
los niños … ojalá siempre podamos ser un poco niños, siempre…
Feliz navidad!! y todo lo que ello significa …
3. Pinky | Diciembre 25th, 2008 at 9:52 am
Jajajaja!!! te imagino en ese instante!!! y la carita de Cristian!
Que grande ese hijo!!!
feliz Navidad! los queremos!
Cami y Romi
4. Frankie | Diciembre 25th, 2008 at 10:34 am
Un iPhone, cien soles.
La travesura de tu hijo, no tiene precio xD
Feliz Navidad! =)
5. Jassy | Diciembre 25th, 2008 at 12:55 pm
Tu hijo no tiene ni idea de lo que valen las cosas materiales, no??
Creo que quienes hemos vivido una infancia no privada de cosas, pero en la que siempre nos recordaban el valor de todas ellas, ahora cometemos el terrible error de ser condecendientes con nuestros hijos.
Lección aprendida, no?
Pero ¿a que a generoso no le gana nadie? Es igualito a ti pues, que le vamos a hacer. ¡¡¡Felicidades!!!
6. Blancanieves | Diciembre 26th, 2008 at 7:33 am
Un final feliz para todos. jajaja Me imagino la cara que pusiste al enterarte del egalo que hizo tu hijo. Tu hijo tiene un gran corazón, ojalá sea asi siempre.
Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo!!!
7. ArCaNo | Diciembre 26th, 2008 at 8:12 am
si todos fuéramos como tu chibolo..!!
La gente luce estar de acuerdo,
maravillosamente todo
parece afín al celebrar.
Unos celebran sus millones,
otros la camisita limpia
y hay quien no sabe qué es brindar..
Saludos por la Navidad y que el pxo año sea mejor que éste que se va.
8. GIOVANNA | Diciembre 27th, 2008 at 1:23 pm
Puedo casi imaginar la angustia que debes haber sentido al no encontrar tu iPhone, pero también la satisfacción -claro esta despues de haberlo recuperado- de saber que tu hijo tiene un gran corazon. Felicidades por eso, estan haciendo una buena labor como padres. Felices fiestas!, los mejores deseos para este año que ya viene!!!
9. Galileus | Diciembre 28th, 2008 at 5:32 am
Qué buena!!!… jajajaja… Pucha, dura y riesgosa forma la que el destino te jugó para que caigas en cuenta que es importante corregir y enseñar a los niños a tiempo… Es decir, pudiste haber simplemente PERDIDO el iPhone…
En todo caso, es una linda anécdota, y por supuesto, en el fondo la intención de Cristian era buena… solo falló en la forma.
Y ahí es donde entramos nosotros, los padres… en enseñar y sugerir las formas cultural y socialmente correctas.
No deja de sacarme un sonrisa el pensar en la media hora de sudor que debiste haber pasado…
Aprovecho para dejarte los mejores deseos para que este 2009 nos venga con éxitos, alegrías y chamba!!
Saludos desde Magdalena del Mar!
Galileus.
10. JARANOVICH | Diciembre 30th, 2008 at 5:05 am
Ipa, que gusto que le esté yendo super bien a tu cachorro. Te felicito !
Otra cosita, suave que tu “iPhone” también vibra…
Quién no ha cometido alguna travesura en la infancia… son etapas, siéntete tranquilo pero también serio por más que sea difícil.
Felíz Año Nuevo !
Meilleurs voeux…
11. Jorge Atarama | Diciembre 31st, 2008 at 7:41 am
Feliz Año Luis, rescato el gran corazón de tu hijo, pero hasta yo mismo pude sentir la desesperación de la situación, me pongo a pensar y reconozco que nos van creando nuevos hábitos de consumo hasta el punto que se hacen prioridad, hace un par años no tenía celular y andaba de lo más bien ahora si me lo olvido siento que algo me falta y eso que es de aquellos con sólo lo elemental que venden de oferta a menos de 70 Nuevos Soles.
12. Luis Iparraguirre | Enero 2nd, 2009 at 7:39 am
Anónimo: lindas tus palabras, gracias.
Troba: Yo sigo siendo niño.
Pinky: Feliz Navidad para ti y Romi tambien, guapa.
Frankie: El precio de un par de sonrisas.
Jassy: Es un niño por eso hay que educarlo, saludos.
Blancanieves: felices fiestas para ti tambien.
Arcano: bien allí con los versos, mi estimado.
Giovana: los buenos deseos también salen de mí, para ti.
Galileus: Media hora, y alguito más.
Jaranovich: Gracias, saludos navideños para usted también.
Jorge: Hay de todo precio y color. Que tengas un gran año, mi estimado.
13. Jorge Urbano Malásquez | Enero 6th, 2009 at 1:50 pm
Regalar un iphone, sobre todo tu hijo y la inocencia que carga. Una experiencia inolvidable.
Espero hayas pasado unas felices fiestas y exitos en todo.
Saludos.
14. Troba | Febrero 12th, 2009 at 9:20 am
los niños … ojalá siempre podamos ser un poco niños, siempre…
Feliz navidad!! y todo lo que ello significa …
15. Paul | Febrero 12th, 2009 at 9:21 am
asu mare.. .acabo de agarrar el mio y darle besos y decirle que jamas un hijo mio lo regalara…
de todas maneras.. que grande el corazon de tu hijo… y me imagino la cara que habras puesto pero felizmente todo tiene un lindo final..
16. M. Isabel | Febrero 12th, 2009 at 9:22 am
Qué historia!
Feliz Año, Ipa!
17. ArT | Febrero 12th, 2009 at 9:22 am
Nunca hay q perder la esperanza cuando un ifom se nos pierde y mucho menos la sonrisa. eso me recuerda q el reir es lo que diferencia al hombre de los animales,,,de los animales que no rien,claro (ejemplo la hiena y el chimpance)
18. D€m€nT¡∂ | Febrero 12th, 2009 at 9:23 am
wow hace mucho que no pasaba por aqui, ya extrañaba leerte, me gusto mucho este escrito, aunque para serte sincera me gusto mas la del angelito… buuu

bueno que te puedo decir, asi son los niños, no se fijan mucho en el valor de las cosas… es increible como es que les puedes comprar el juguete mas caro que pueda existir y ellos luego de verlos le tiren roche y se pongan a jugar con la cajita en la que vino el dichoso juguete jeje
muy lindo de verdad, debes andar muy pero muy orgulloso de tener un chiquito con tan gran corazon
saludos y espero hayas pasado unas excelentes fiestas
19. gabriel revelo | Febrero 12th, 2009 at 9:23 am
tarde, pero a tiempo llegué para leer este post. yo, que casi soy capaz de matar por un iphone, me volvería paranoico si me pasara lo que a ti. y sin embargo el resto de los componentes de la anecdota la redondean, justifican su existencia e incluso enaltecen los valores de sus protagonistas.
te felicito por la forma en la que educas a tu hijo. pocos niños hubieran corrido el riesgo por ver sonreír al ver a un semejante menos favorecido por la vida.
saludos y feliz 2009.
por cierto, mi blog cumple 3 años. así que estás invitado a la pequeña celebración.
20. Anonimo | Febrero 12th, 2009 at 9:24 am
Tuviste tu cuento de navidad de Dickens.
Que bueno que fue con final feliz.
21. Cys | Febrero 12th, 2009 at 9:24 am
Tuviste bastante suerte de recuperarlo. Qué tendrán en la cabeza los niños, no? Creo que nunca se me hubiera ocurrido hacer algo así, pero quién sabe…
22. Quesada | Febrero 12th, 2009 at 9:25 am
Hola!!, le dejo este comentario en su blog por que me ha interesado el mismo para intercambiar enlaces con el mío.
La cosa es así, tú me enlazas en tu blog hacia http://guarrasonline.es con el nombre de ”Videos Porno Online” y cuando me contestes o bien mediante un comentario en mi blog o bien mediante un correo hacia admin@trucoexperto.es , yo lo agrego a su blog con el nombre que me diga.
Saludos y nos vemos!
23. Laura | Febrero 12th, 2009 at 9:25 am
Por lo que veo no solo eres una persona muy recta y correcta, sino un padre ejemplar! Te felicito! a mi misma me cuesta a veces mantener la compostura frente a hechos como este que me “regalan” mis dos hijos.
Otra vez, te felicito y gracias por compartir.
24. Karem | Marzo 13th, 2009 at 8:54 am
Ipa no hay nada que hacer que eres un babero andando por tu hijo, que bueno, y la historia realmente buena, solo me queda decirte honestamente hablando que envidia cuanto daria porque el padre de mis hijos tuviera esa dedicación y ese amor tan insuperable por ellos, pero bueno asi es la vida y para eso estoy yo, saludos,
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