Martes 17 de febrero, 2009

Nueve días y siete noches

Una de las cosas que incomodan cuando no se escribe continuamente en el cuaderno (llámese blog) es que las anécdotas e ideas que uno piensa o vive en su momento y se cree que son buenísimas para narrarlas, pues se pierden o difuminan con el transcurrir de los días. Y eso está mal, claro está. Hay varias cosas que uno quisiera narrar con la misma intensidad como cuando uno recién ha dejado de vivir esas situaciones subliminales y únicas. Pero claro, la idea es contarlas cuando uno recién está embobado. Cuando uno se siente, de alguna forma muy idiota, salido de un pequeño sueño. Ya pasadas varias semanas luego de todo, como que el chiste ya fue, ¿no creen? Ya lo pasado, pues pasado es. Sin embargo, y esto me resulta un poco tentador, acabo de recibir un mail cariñosísimo por mi cumpleaños. Mail que me hizo recordar todo lo que pasé en los últimos días del enero pasado

Hace muchos años atrás, en Barranquilla, Colombia, estaba recluido con varios periodistas deportivos en lo que sería uno de los partidos por las eliminatorias al Mundial de Alemania 2006. No hay nada que decir sobre eso, solo recordar que fue un 5-0 en contra nuestra, claro. El tema es que, dentro de esos cuatro días que fue mi estadía en tierras colombianas conocí a Wilder, un gran fotógrafo de la ciudad de Barranquilla y, con el transcurrir de los días, se convirtió en un generoso amigo. Nos hizo, a mí y al despistado redactor del diario donde trabajaba, un pequeño tour por los más interesantes recovecos de su tierra. Nos llevó a su casa, donde dormí plácidamente luego de pasarnos de la raya con algunas cervezas. Su madre, a quien recuerdo con mucha gratitud, nos preparó un delicioso desayuno y nos cobijó como solo un tipo de buen corazón lo hubiese hecho. Y yo, feliz.

Fueron cuatro días, en los que no solo me presentó a su familia y a sus amigos, si no que también me presentó a su novia, Lidia. Fotógrafa, como él… como yo. Lidia tenía, por esas épocas, 21 años, y menciono su edad porque me pareció (y no solo a mí) muy joven para ser ya una profesional muy experimentada y reconocida dentro del mundo fotográfico colombiano: había ganado varios concursos de fotografía no solo en su país si no que hasta llegó a quedar tercera en el prestigioso premio Word Press Photo (máximo galardón en la fotografía mundial). Trabajaba, como free lance, en las agencias REUTERS de Colombia y en la prestigiosa revista Surfer Magazine por quienes viajaba por todo el mundo en las distintas competencias de surf que se disputaban en todo el orbe. Y todo eso, a sus 21 años, no era poco. Sin embargo, y pese a su larga experiencia como fotógrafa y lo buena que era en lo que hacía, nunca se portó con soberbia frente a nadie, y eso la enaltecía más.

Wilder y Lidia eran una pareja increíble, y aunque ambos tenían una clara diferencia de edades nunca los vi discutiendo por alguna decisión o cosas triviales y pasajeras que son los motivos más frecuentes de pelea entre las parejas. Ellos se veían amorosos. Atentos. Pendientes uno del otro. Eran una gran pareja, y recuerdo que, antes de embarcarme a mi entrañable y sucia Lima, les dije: ustedes hacen una gran pareja. Y de verdad lo pensaba: se veían increíblemente felices uno con el otro.

Y así, intercambiando mails, teléfonos, besos y abrazos, nos despedimos. Nunca más supe de ellos. Nunca más supe de partidos en Colombia donde yo fuese “el enviado especial”. Sin embargo, cuando llegaba algún colega colombiano a cubrir cualquier cosa a Lima, pues me buscaban por encargo de Lidia o de Wilder. Y los recibía y los trataba con el mismo cariño y dedicación con los que esa amable pareja de amigos lo hicieron conmigo.

Y así, una mañana de finales de enero, llaman a mi casa desde el Hotel Sheraton, de Lima. Mi madre, curiosísima por saber el por qué de esa rara llamada, me preguntaba, sin soltar el auricular, si tenía alguna improbable deuda con ellos y yo, sorprendido, trataba de contestar. Con Luis Iparraguirre, por favor; me dijo el, seguramente, recepcionista del hotel; y yo le dije que si. Un momentito por favor. Y claro, Lidia estaba al otro lado del teléfono. Venía a cubrir, por la revista Surfer Magazine, el campeonato internacional de surf en San Bartolo, y yo no dejaba de reír.

Antes de ir a buscarla llamé al director de la revista donde trabajo para convencerlo e ir a cubrir ese campeonato en el que Sofía Mulanovich ya era la ganadora desde antes que empezase el certamen. Y así, en medio de una increíble curiosidad por ver a quien es, seguramente, una de las mejores fotógrafas de Latinoamérica, estaba allí con mi botellita de agua helada sin gas en la recepción del inmenso Hotel Sheraton… y bajó. Es increíble que todos los cambios que hay en una mujer entre los 21 y 25 años sean a su favor. Era igual de linda y delgada. Pero claro, había una mujer más madura que la chiquilla linda que conocí en Barranquilla. Le pregunté por Wilder, claro. Me dijo que se habían mudado a un pequeño departamento ya que a él le quedaba mucho más cerca al diario donde trabajaba. Sin embargo, vi en ella algo de desgano al hablar de su pareja. Así que cambié de tema sin el menor trauma.

Se quedaría por 9 días en Lima y deseaba conocer la ciudad ya que era la primera vez que la visitaba. Lo que viene a continuación, de alguna forma, es previsible. De alguna forma la lectura sería ociosa y lo sé. Sin embargo, quiero que entiendan que no es sencillo para mí. Wilder no solo me ofreció su casa y su hospitalidad… me ofreció su mano. Una mano sincera que yo estaba mordiendo al verle los senos a su mujer. Quiero que entiendan, además, que lo que escribo aquí no me resulta sencillo en lo absoluto. ¿Cómo estrechas a un tipo con sinceridad en un minuto y al otro estás tratando de hacerle el amor a su compañera de toda la vida (al menos de los últimos 6 años)?

Yo tengo las cosas clara, por ahora. Pero, a pesar de conocer a Lidia sobria y ebria, pues no termino de comprender lo que hay en el corazón de una mujer que siente a la libertad de su vida como un único eje para vivir… y no las cuatro paredes de ese pequeño departamento en el centro de Barranquilla. Me contaba, mientras los mozos se llevaban las copas vacías, sobre las bellas playas australianas y lo bien que la pasó en el verano brasileño. Se veía feliz mientras me decía que conocía a todos los mejores surfistas del planeta, y de todo lo que lloró por lo emocionada que estaba cuando retrató a Íngrid Betancourt luego que fuera liberada de las garras de las FARC. Solo trato de vivir, me dijo en el bar Queirolo del Centro de Lima. Solo trato de estar bien conmigo mismo, le dije en el Bar Superba de San Isidro. Y, luego de besarnos, me pidió detener el tiempo en el bar La Noche de Barranco donde escuchamos unos preciosos temas en vivo del gran Daniel F.

¿A dónde nos lleva el licor? Me pregunto. Esto no es culpa de los tragos y tampoco diré alguna otra mariconada similar en el que trate de escapar de la posible mierda que soy. No lo haré. Solo quiero decir que aprecié, con ella, los senderos donde nos lleva el licor con mucha poesía de fondo y mucha plenitud. Lidia sabía que estaba siendo infiel en cada trago… y parecía mandar a la mierda el qué dirán o mandar a la mierda todo lo demás. Yo sabía que estaba siendo un cagón con alguien que quizá no se lo merecía, y lo sabía en cada arremetida contra ella. Sin embargo, dentro de todo lo malo, juro que hubo poesía. Juro, que dentro de toda la estática de la maldad y el egoísmo, hubo movimientos telúricos de humanidad y placer.

Y claro, los nueve días se fueron. Los nueve días quedaron regados en los urinarios de los viejísimos bares de la capital y en los sobras de papel higiénico y toallas usadas del Hotel Sheraton. Y así, llegó este último 15 de febrero, donde llegaron, además, mis 33 años de vida. Y llegó, a parte, un mail a mi bandeja de entrada:

Hola, Luis.
Gracias, por los tragos.
Gracias por tu compañía.
Gracias, por el disco de Daniel F.
Por ser así de tosco.
Por ser así de tierno.
Gracias por mentarme la madre como solo tú lo sabes hacer.
No me molesta, me encanta.
Gracias por las risas.
Gracias, peruanito, por todo… y feliz cumpleaños.

Lidia

Y me pregunto, ¿cómo alguien puede ser tan mierda si es sincero consigo mismo? ¿Cómo alguien puede no estar catalogado como buena persona si lo único que hace es ser tan humano como quiere ser? Lidia tiene novio. Su novio es mi amigo. Lidia y yo fuimos amantes por casi siete días de los nueve que se quedó en Lima. Si pues somos unas mierdas. Unas mierdas a quienes les encanta escuchar a Daniel F mientras se aman. Unas mierdas a quienes les tocó delirar con algunos piscos demás y unas letras al aire de Calderón de la Barca. Unas mierdas que son tan mierdas que se atrevieron a ser tan felices como quisieron ser.

Crónicas  17 / febrero / 2009 
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  • 1. Arcano  |  febrero 17th, 2009 at 1:16 pm

    será que soy el primero?

    Bienvenido Luchito, resulta grato leerte de nuevo.

  • 2. Musa AnTiSoCial  |  febrero 17th, 2009 at 2:50 pm

    Y al fin y al cabo la vida es una sola y mi filosofia en este mundo es la de no perderme de nada, sin embargo muchas veces me he detenido, lo he pensando y me he preguntando, hasta ke punto tengo ke decir “no, no hare esto”? sera ke la vida es cuestion de sacrificios o kizas tan solo debo dejar ke las kosas pasen para ser feliz?
    La consciencia a veces nos juega malas pasadas, sin embargo las oportunidades de vivir pasan frente a nosotros esperando ke tomemos una decision.

  • 3. Frankie  |  febrero 17th, 2009 at 2:56 pm

    Qué brava la situación.

    La cosa es que lo que hicieron ya fue.

    Ahora la vaina es si Wilder se entera.

  • 4. Jassy  |  febrero 17th, 2009 at 3:02 pm

    Bueno la vida es una sola…pero quizas tambien le este escribiendo las mismas lineas ( o parecidas ) al australianito, o al hawaianito o al brasilerito… las mujeres podemos ser bien mierdas también aveces…
    No se por que se me acaba de venir a la cabeza esa frase que dice, no muerdas la mano que te dio de comer….tu te comiste literalmente a su novia.
    No somos de piedra, las cosas pasan y nos dejan enseñanzas…lo tomas o lo dejas pasar, cada uno toma su decisión
    Besos!

  • 5. Marisol  |  febrero 17th, 2009 at 6:13 pm

    ¿A dónde nos lleva el licro? a la poesía. Ya que con la 3ra mejor fotografa del mundo. Bueno, ¿quién soy yo? admiro tu sirvengüencedad. Es decir, yo tmb soy media sinvergüenza, pero de otra forma, talvez, más relativa e invisible. Salu2.

  • 6. Pripilas  |  febrero 17th, 2009 at 7:29 pm

    Para quitarse el sombrero tu relato… pero eso no te quita lo malo que fuiste con tu causa

    Saludos de un viejo conocido jejeje

  • 7. Cristian  |  febrero 18th, 2009 at 8:22 am

    muy buen relatooooooo

  • 8. gabriel revelo  |  febrero 18th, 2009 at 10:47 am

    que fuerte, que intenso, que manera de narrar algo así.

    luis, no tengo palabras. me sacudiste e hiciste que cada una de las frases de este texto me taladraran la conciencia. quisiera decir más, pero me quedo corto.

    saludos desde méxico

  • 9. Oscar  |  febrero 19th, 2009 at 11:21 am

    Que duda cabe, negro escribes de p…m…, pero esta vez si que fuiste una mierda.

    Saludos fraternos… pero quew bien que la debes haber pasado.. me encantan las colombianas

  • 10. Alí  |  febrero 23rd, 2009 at 7:34 am

    Ser casanova por una semana, dejar la conciencia a un lado, rendir un homenaje a Eros, podría valer la pena una temporada en el purgatorio del remordimiento…

    Hasta pronto.

  • 11. Vitin  |  febrero 24th, 2009 at 11:06 pm

    Asu Luchito.

    fuerte ah!

    Pero q xuxa ps. La vida hay que vivirla, caballero nomás.

    Saludos.

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