No hay viento para las hojas del pasado
Tres de la tarde de un día gris. Verónica sale a almorzar. A su jefa la incomoda verla hablar por teléfono con su novio, así que aprovecha para llamarlo mientras decide ir a un lugar más alejado para comer. Luego de prometerle ir al cine más tarde y decirle que lo extrañaba, le cuelga. Verónica tiene 23 años y dos gatos, sin embargo, cuando empiece a vivir con Alex, se comprará otro. Al pedir sus ensaladas y el trozo de pescado al vapor, enciende su iPod. Le incomoda el roce casual que hace el mesero con sus manos a su brazo y hace una breve mueca de asco. Verónica tiene ojos verdes y un jean azul.
Evita mirar a la gente comer y observa como las hojas de los árboles se mueven con el viento. Su abuelo, un ex jipi, le enseñó a valorar la poderosa belleza que existe en esos pequeños detalles. Termina con un árbol y luego mira el otro. Un hombre se atora con el ají y ella hace bolitas con las servilletas, mientras mira a una mujer rubia con tacos rojos pasar por el frente de la acera. Detrás de ella una pareja de novios se besa mientras camina. Verónica sonríe… pero luego se espanta. Reconoce la casaca que le regaló a Alex… reconoce a su novio, y sale como eyectada de su asiento mientras el mozo le pone al frente su deliciosa ensalada de legumbres.
Media Verónica está loca y la otra mitad le pide calma y tranquilidad. Regresa a su asiento y le paga el almuerzo al mozo, no sin antes pedirle que le guarde sus alimentos. Paciente se esconde y saca su celular para tomarle una foto. Salen de espaldas: no le sirve. Quiere pruebas contundentes para terminar la relación y no se pone triste. Guarda su iPod. Trata de tranquilizarse mientras camina detrás de ellos. Se detienen frente a una tienda de antigüedades y entran. Verónica ubica rápidamente a otra pareja que caminaba cerca y les cuenta la situación (ella sabe que está haciendo el ridículo, pero como son desconocidos no se avergüenza) y les pide, mientras le entrega su celular, que le tomen una foto a la pareja de infieles. Ellos, luego de hablar muy mal de Alex, aceptan.
Ya dentro de la tienda la pareja conformada por los nuevos amigos de Verónica hacen creer a Alex y a su amante que se están tomando muchas fotos y se portan de lo más normal. Al salir, le devuelven el teléfono y le dan el respectivo pésame. Verónica no responde y, mientras esta pareja se retira, ella se dispone a llamar a su ex novio.
- ¿Alex?
- Amor, dime.
- ¿Qué haces?
- Aquí, en el instituto.
- ¿Todo bien?
- Sí, mi amor, todo bien.
- Alex, ¿almorzamos juntos?.
- No puedo, mi amor, estoy estudiando en la biblioteca.
Verónica, luego de escucharlo, se llenó de un indescriptible asco. No por la traición, si no por la mentira. Su abuelo jipi le decía que lo más cercano a la mierda químicamente pura, es la mentira. Y así, sus ojos verdes se pusieron rojos. Más no lloró.
- ¿Aló?
Se mordió los labios y miró las hojas de los árboles y se dio cuenta que no había viento que las moviera y se entristeció. Inmóviles. Sin vida. Y ennegrecidos por el humo de los carros. Se apoyó en la pared más cercana y se sentó en el suelo recogiendo sus rodillas. A dos cuadras de distancia, vio a su ex novio salir de la tienda de antigüedades tomado de la mano de su amante mientras sostenía su celular en la oreja izquierda.
- Hoy te tocaba ponerte tu casaca, ¿te la pusiste?
- Sí, la tengo puesta para verte más tarde.
- OK, chao.
- Chao, mi amor.
Verónica colgó mientras veía que Alex hacía lo mismo para abrazar a su compañera mientras se perdían por un rebuscado jirón de Miraflores. Abrazó sus rodillas y por unos segundos vio una etiqueta de Chiclets Clorets que estaba tirado en la vereda. Con su mano derecha revisó su celular y vio en la foto a Alex abrazando a su amante por detrás mientras una vendedora les mostraba un collar de plata.
Se levantó y no regresó a comer. En el camino encendió nuevamente su iPod y escuchó el estribillo de una vieja canción que la estremeció:
Todo lo que termina, termina mal.
Poco a poco.
Y si no termina se contamina más,
y eso se cubre de polvo.
Por un momento odió a Calamaro. Por un momento odió a Alex. Por un momento sintió temblar sus manos. Por un momento, sin embargo, deshizo todo mal pensamiento y pensó en salir adelante. Por un momento pensó en renunciar a su trabajo. Por un momento decidió no poner flores en la tumba del pasado. Luego sintió una gota de agua que cayó a su mejilla. Por un momento miró al cielo gris. Por un momento dudó que fuera la lluvia.
(Aquí un video para este post: Media Verónica, del genial Andrés Calamaro).



1. GIOVANNA | Septiembre 10th, 2009 at 11:59 am
CASI A DIARIO VISITO TU PAGINA PARA VER CUANDO NOS SORPRENDES CON UN NUEVO POST COMO ESTE QUE NOS PUEDE HACER LLORAR, REIR, SOÑAR, RECORDAR Y TAMBIEN OLVIDAR…COMO SIEMPRE MARAVILLOSO. UN BESO!
2. alExAndrA* | Septiembre 10th, 2009 at 9:09 pm
que bUen pOst!!!! me gustan muchO aunque rOmpiste un pocO mi corazOn con la entrevista que te hice!! jajajajajaja perO nO impOrtaaaa!! sigue pasandOla muy bn!!!! y que todo te vaya geniiiiiial!!!!!
besOs!!!!*
aleee..*
3. Oscar | Septiembre 18th, 2009 at 2:44 pm
Lucho, quisiera saber que te inspiraría a escribir un tema como CRIMENES PERFECTOS. Porque no lo intentas. De verdad que lo valoraría mucho. Desde ya gracias. Un fuerte abrazo
4. yessica | Octubre 2nd, 2009 at 4:06 pm
te encontre de casualidad…. y me encanta tu blog… y tb calamaro…
5. L | Noviembre 6th, 2009 at 6:38 pm
Veronica necesita ser vengada.. urgt parte II
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