Luciana y su lado oscuro
Me mintió. Me miró a los ojos como yo lo hacía con ella y, sin parpadear, me mintió. No sé si lo hacía para compensar algún daño que seguramente le hice, pero así es: me mintió. Ella sabía que me dolería. Ella sabía que me jodería. No me gustan tus tallarines, me dijo y yo, sabiendo que me engañaba, sonreí. Luciana y yo compartimos el mismo departamento desde hace unos meses. Su novio un elegante jovencito de Telefónica del Perú, la visita casi todos los días y, prácticamente vive con ella. Yo encantado porque nos ayuda con el alquiler del depa pero a quien no le hace nada de gracia es a Rosa, mi novia, ya que tiene que soportar los alaridos sexuales de nuestros vecinos cada vez que Roberto se queda en casa a dormir con Luciana. Sin embargo, cada vez que nos quedamos solos, Luciana y yo nos turnamos para cocinar. Y hoy cociné tallarines.
Luciana no sabe quién mierda es José Saramago y Beto Ortiz es, simplemente, un tipo guapo que sale en la TV (lástima que sea gay, dice). Luciana no entiende de traumas ya que ella los propicia en cada comentario testarudo y deslenguado. Luciana no tiene padres porque dice nunca los ha necesitado (a parte que ambos murieron en un accidente aéreo, y por eso dice que ellos la abandonaron). Luciana odia su nombre ya que le parece que es “jorrible” que unan dos nombres para formar uno. Luciana tiene mala ortografía y detesta los dibujos animados como Dragon Ball (pobrecita). Pero, a pesar de todo y se lo he dicho, la admiro.
La admiro por aceptar vivir conmigo y cocinarme, de vez en cuando. La admiro por tener un cargo de confianza en el Banco de Crédito a sus cortos 28 años. La admiro por ser la buena profesional que es sin recibir un solo dólar de sus padres austriacos que la dejaron abandonada en Cusco (historia que no termino de creer, ni comprender porque bueno, así lo quiere ella). La admiro por tener su ropa interior comprada en Miami mientras la mía es comprada en Polvos Azules (de esos que dicen Boston, ¡Guácala!). Además la admiro, y esto nunca se lo he dicho, porque tiene un corazón inmenso así trate de cubrirlo con su sarcasmo y su amplia y adorable soberbia.
Ella no cocina mal. Lo hace bien, el problema es que no lo hace con amor. En cambio, a mí me encanta cocinar. Dejo toda la cocina hecha un asco, pero ese no es el drama. El drama es que ella quiere ganarme en algo que no puede vencerme. La última vez trató de hacer chorizos en salsa alemana. Y bueno, cómo decirlo… era un asco, pues. No hay otra. El tema es que uno tiene que tratar de comer lo que ella hace. Así que esperé que fuera hacia su cuarto para contestar una llamada y, aprovechando su ausencia, le di el chorizo a Juancho, su perro. Papi, ¿te gustaron los chorizos?, me pregunta. Muy ricos, le dije. Y claro, mentí. No tenía el valor de decirle que, entre ladridos de asco y sin mover la cola, Juancho se tragó ese trozo quemado de carne molida de chancho.
Por eso, cada vez que termino de cocinar o, mejor dicho, cada vez que ella termina de tragarse todo lo que le sirvo, pues me hace un gesto de asco y me dice que no sé cocinar. Que me dedique al automovilismo o al surf ya que la cocina y yo no conjugamos. Yo, solo sonrío. Alguna vez Rosa, mi novia, sintió que la relación que tenemos Luciana y yo no era muy normal. Que tenía que vivir solo. Que no soportaba verla caminar por la sala con ese pequeño short. Que yo soy muy mañoso. Que seguro ando mirándole el culo. Que seguro me masturbo mientras ella grita como loca cuando está tirando en su cuarto. Que seguro le hice un huequito a la puerta de su baño para verla desnuda cuando se está duchando. Que no me soporta. Que está celosa… Sin embargo, cuando le recuerdo que ella es mi mejor amiga, que es más fiel que ninguna (o que muchas), y que no soporta ni un ápice de algún suspiro de pendejada (y Rosa lo sabe), pues se queda tranquila. Bueno, más o menos.
La verdad es que Luciana no me atrae como me debería de atraer. No sé cómo explicarlo pero, siguiendo mis impulsos sicóticos, diré que algo de ella (algo que no sé explicar) no me queda claro en su personalidad. Y me da miedo. Me da miedo pensar que algún día pueda reaccionar de alguna forma bélica y repentina. Ese temor, ese miedo a su extraña personalidad es lo que me aleja sexualmente de ella. Es más si un día eufórica por no sé qué, entra a mi cuarto desnuda y me pide hacerle el amor, me moriría de miedo. A veces, cuando me voy a dormir, pienso que entrará a mi cuarto y me matará con un bisturí. Así de loco. Luego pienso, justamente, que estoy loco y consigo dormir. Pero incluso, muchas veces, logra asesinarme en mis sueños. Entonces, le explico a Rosa, que no concibo una erección recordándola.
Justo hoy, luego de comer unos ricos tallarines en salsa roja, me dice que se le ha antojado tomar unos tragos de Tequila. Yo, encantado. Este post, no es para contarles mis traumas con mi vecina. Ni mucho menos contarle una frustrada sacada de vuelta. No. Este post es para narrarles lo que pasó luego de los tragos. Repito: no hubo sexo, ni besos, ni miradas tontas que aludan al romanticismo. No. Lo que pasó fue algo atípico. Me tenía que ir a la sauna, luego de los tallarines. Pero llegaron los Tequilas. Uno. Luego otro. Y otro. Luego, cuando la vi ya un poco “movida”, le dije que ya me iba… así que entré a mi cuarto, me cambié y luego me dispuse a salir cuando, desde su cuarto, veo el reflejo de uno de sus espejos: estaba sentada al borde de su cama llorando, con una foto sostenida por sus manos.
Nunca supe, en verdad, qué pasó con sus padres. Nunca contó detalladamente qué pasó con sus progenitores. Sin embargo, y así su postura férrea y estúpida frente a ellos fue siempre muy ácida en su momento, nunca superó ese trauma. Ella fue criada por una ONG del Cusco mientras esperaban que algún familiar reclamara por su custodia. Eso nunca sucedió. Ella creció así, digamos, sola. Y creo que eso la marcó para siempre. Creo que pensó que nadie la quería al otro lado del mundo. Creo que pensó que sus padres, incluso, nunca la quisieron. Nunca hubo nada, al menos nunca me contó nada. Y claro, esta pequeña historia sobre el trauma de mi amiga parece inconclusa, pero es que así la conozco. Alguna vez traté de acercarme a su pasado de la única manera que se podría hacer: preguntándole a ella qué carajo es lo que pasó con sus viejos, con su familia… pero encontraba en ella una respuesta tajante, sobria y totalmente vaga. No dejaba nada claro y dejaba todo a la imaginación.
Lo cierto es que nunca buscó a algún hermano de su padre. Nunca buscó a alguna madre de su madre. Creo que pensó en su momento: “si ellos no me buscaron porque tendría que hacerlo yo” y así, con ese supuesto pensamiento lleno de enojo y rencor se encerró entre las paredes sicológicas de su rechazo y olvido pero, a veces, y con la ayuda de algunos tequilas, esas paredes se agrietaban y dejaban pasar la luz de algún accidentado recuerdo, de alguna accidentada pregunta: ¿por qué? Y la mujer dura, arrogante y directa que aparentaba ser Luciana, estaba llorando al pie de su cama, rojísima por la tristeza y por la ira. Preguntándose, seguramente, por qué nunca la reclamaron. Por qué tuvieron que morir. Por qué tenía que vivir ella eso. Por qué.
Nunca hablé con Roberto, su novio, sobre el tema. Nunca le pregunté si ella le habló del tema. Pero calculo que si lo hizo, lo hizo de la misma forma sutil como me habló a mí tantas veces. Luciana no es de esas mujeres que sienten que el amor las debilita y las abre como capullos de rosas. Sin embargo, creo que el jovencito de Telefónica entiende, al igual que yo lo entiendo, que la vida de esta mujer tan dulce y tan dura, está todavía muy difusa e inconclusa y eso lo debe de corregir ella misma con la ayuda que ya tiene: la de todas las personas quienes la queremos y la apreciamos.
Al final, toqué su puerta y fingí que no la había visto. Ella salió roja aun, pero con el rostro seco. ¿Estás bien?, le pregunté. Y ella, mirándome a los ojos como yo lo hacía, me mintió sin parpadear: sí, sí estoy bien. Me dio un beso en la cara y se sirvió más tallarines con salsa roja para luego encerrarse, nuevamente, entre las paredes del olvido.
Entendí que yo no era su paño de lágrimas. Entendí que una mujer como ella no quiere a un hombre como yo como paño de lágrimas. En verdad no quiere a nadie. Ella es más hombre que cualquier mujer. Ella es más mujer que cualquier hombre. Luciana no soporta esa extraña la levedad del ser… por eso no se soporta en ese estado leve. En ese estado líquido. En ese estado tan humano. No se soporta, pues. Y no quiere que la soporten. Creo que se equivoca, pero bueno, quién es capaz de decírselo. Quién es capaz de decirle: “Oye, Luciana, es normal que seas un ser humano de vez en cuando, así que ven, llora conmigo”. Ahora mientras entro desnudo a la cámara de vapor de la sauna, pienso que en algún momento tendrá que desfogar todo lo mal que se siente por no tener a nadie a quien decirle: papá. Creo que tendrá que llorar en uno de los días de la madre y que alguien la vea. Ahora, sin embargo, ella no quiere. Y así, mientras pienso en su tristeza, sostengo mi mano derecha en mi frente, y de ella cae una gran gota de agua, producto del vapor, que recorre mi rostro hasta empozarse en mis labios. Me encanta la sensación que me producen esas gotas ya que se asemejan a las lágrimas.



1. Alí | marzo 20th, 2009 at 6:19 am
Buscar entre el apretar de las manos un corazón con grietas, y no por ellos menos hermoso, es labor de quien libra la eterna lucha entre el Eros y en Tanathos,… la gana quien confronta ese “lado oscuro”,
2. Arcano | marzo 20th, 2009 at 9:33 am
hay a quienes, una palmada en el hombro les causa un daño espantoso, porque prefieren el Amor y la Amistad, a la piedad.
Recuerda, un muerto es una pasión que perdura.
Saludos,
3. adiós,cuidate | marzo 21st, 2009 at 7:52 am
Increible el post y la manera cómo cuentas la historia e Luciana. Vengo de parte del diario Perú.21 que acaba de sacar tu blog en su sección ‘Mundo Blog’, y tengo que decirte que a partir de ahora lo visitaré siempre. Felicitaciones!
adiós,cuídate
4. Frankie | marzo 21st, 2009 at 9:43 am
Hay gente que soporta sus traumas y problemas por dentro por mucho tiempo sin necesidad de exteriorizarlos con nadie.
Pero siempre llegan los momentos en que sin que lo quieran, estos aparecen y es allí donde se necesitan de las personas que lo quieren y aprecian a uno como tú dices.
5. Elmo Nofeo | marzo 22nd, 2009 at 3:54 pm
Esta Luciana si que no necesito del papá para tener éxito en la vida.
¿Y cómo es que el jovencito de Telefónica permite que viva junto a un viejo lobo?
6. Elmo Nofeo | marzo 22nd, 2009 at 3:55 pm
Esta Luciana si que no necesito del papá para tener éxito en la vida.
¿Y cómo es que el jovencito de Telefónica permite que Luciana viva junto a un viejo lobo?
7. Elmo Nofeo | marzo 22nd, 2009 at 3:55 pm
Esta Luciana si que no necesito del papá para tener éxito en la vida.
¿Y cómo es que el jovencito de Telefónica permite que Luciana viva junto a un “viejo” lobo?
8. Vane | marzo 23rd, 2009 at 12:00 pm
Algunas personas nos enfrascamos en nuestros problemas y, aunque no lo digamos, requerimos de un paño de lágrimas.
Creo que para ser un paño no se necesita preguntar.
Buen blog.
9. Oscar | marzo 23rd, 2009 at 12:18 pm
Hay golpes tan fuertes en la vida ….. y aún cuando aparentan haber sido asimilados, siempre afloran y marcan la personalidad de la uno. A veces nos hacen mas fuertes, otras más proclives al dolor. Como sea que fuere, siempre será reconfortante tener al lado a quien sin decir nada, sepa expresar lo que se necesita en ese momento:¡animo amigo (a), estoy contigo!
Buen relato Lucho, muy bueno. Saludos
10. Organza | marzo 24th, 2009 at 8:08 pm
Todas las Lucianas – dicen – son medias volubles. Todas las mujeres tenemos algo de Lucianas. Todos los seres humanos nos quebramos y aunque a veces no lo parezca .. A todos alguna vez nos toca el amor y nos dice: Perdiste Papá =S …
11. luisipa | marzo 24th, 2009 at 9:16 pm
Ali: Mi viejo y yo coincidimos que tú, como gran sicólogo debes de tener una idea teórica del cuentito que acabo de narrar. Luego me contarás.
Arcano: Hay otros amores perdidos que perduran de la misma forma como lo hace un muerto
Adiós, cuidate: Gracias a ti supe que había salido en Perú21, gracias por contármelo. Espero verte más seguido!
Frankie: Siempre aparecemos. Tú también.
Elmo Nofeo: Viejo lobo?
Lo de lobo lo paso, pero lo primero no. Sorry.
Vane: Y si la persona no lo desea?
Oscar: Estás con todos. Y nosotros lo sabemos, gracias a ti Oscar.
Organza: Y tú ya perdiste?
12. Replicador | marzo 29th, 2009 at 12:36 pm
No entiendo, no quiero entender, no quiero que nadie me explique. Hay un largo trecho entre un escritor, un crítico y alguien que sólo “save hescrivir”, la verdad solo encontré esto en tu web, siempre busco nuevos escritores, nuevos críticos, lástima que hoy desperdicie aliento!!!.
ojala se vea!!!
13. pam | abril 13th, 2009 at 10:27 pm
me quede enganchada al post. Me gusto la descripción , quizas porque comunmente se dice las cosas lindas y tiernas de alguien más esta fue sincera y me gustó. Lo de tu novia lo entenderia soy sumament celosa al igual q ella creo jajaj mas el afecto que guardan tu vecina y tu es admirable aun existiendo mentiras de por medio y secretos .
me gsuto tu blog pasare mas a menudo
14. Juan Carlos | mayo 3rd, 2009 at 9:07 am
Luciana debería visitar Crónicas de Pollada.
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