27 / Febrero / 2009

Like a virgin

Marlene tiene 28 años. Tiene, además, un perro llamado Gato. Marlene es la guionista de un programa infantil de un conocido canal de televisión. Ella quería ser escritora pero, en vez de eso, la vida la llevó a escribir los diálogos de los niños que conducen este programa. La vida, a veces, es una mierda, piensa. Sin embargo, no se queja ni hace pucheros ya que le pagan muy bien por hacer guiones simples y limpios. Marlene, no tiene novio. Marlene está enamorada de un camarógrafo del canal: Ernesto. Él no se da cuenta ya que, a pesar de ser guapo, no es muy listo. Marlene no tiene ropa de baño. Marlene no tiene minifaldas. Marlene no tiene sexo. Marlene tiene 28 años y, en toda su vida, nunca ha tenido sexo.

Gato amaneció enfermo. Marlene lo lleva, en su auto, al veterinario. Este le aplica una ampolla y le recomienda no volver a darle de cenar restos de pollo a la brasa. La grasa, le dice, le hace mal no solo a las personas, sino también a los animales. Ella, avergonzada y con un ligero sobrepeso, sostiene a Gato y se va a su departamento donde le espera una pizza de almuerzo.

Hoy, viernes, no quiere salir de casa. Lava la ropa. Limpia su departamento. Le da de comer a Gato (esta vez comida sana). Se masturba mientras se ducha. Mira televisión. Duerme. Llama a Ernesto para preguntarle cualquier estupidez, ya que solo quiere escucharlo. Y vuelve a dormir. Eran las once de la noche cuando sonó su celular. Ernesto la recogería para ir a una discoteca en Miraflores con los muchachos del canal. Ella, ansiosa, asustada y feliz, aceptó. Buscó algo de ropa. Planchó rápidamente. Se volvió a bañar. Se maquilló. Algo de perfume. Algo de desodorante. Y esperó. Y siguió esperando. Hasta que llegaron los amigos en el auto de Ernesto, y se fueron.

En la fiesta, sin darse cuenta, el vodka hacía su efecto. Ella feliz. Asustada, pero feliz. Ernesto, quien había fumado algo de marihuana en el baño del local, estaba más risueño que de costumbre. Y así, bailaron. Ella le habló de lo bien que él bailaba… de lo fuerte que la sostenía… y por fin, el joven Ernesto, se dio cuenta del avance de Marlene. Sin decir mucho la besó. Recorrió sus labios con la lengua en un espectáculo poco decorativo para los amigos de ellos quienes hacían muecas de asco desde la barra. Él siguió sonriendo de manera ida. Ella, se enamoró más de la cuenta.

Al día siguiente, todo igual: Ernesto en lo suyo y Marlene embobada. Pasaron los días y él no le comentaba nada. Ella esperaba algo: algún detalle, alguna mirada, alguna palabra, ella esperaba una señal de complicidad… que nunca llegaría. Así que, luego de dos semanas de aquellos improbables besos en la discoteca, ella decidió abordarlo, solo para encontrar en él un respetuoso rechazo: “deseo estar solo” le dijo. Y ella, triste, avergonzada y más triste, se fue a su departamento donde lloró. Recordó su edad. Recordó su virginidad. Recordó los daños causados por otros besos. Por otros enamorados fugaces. Recordó su peso. Y se sintió fea. Sola. Poco agradable. Poco mujer. Y siguió llorando. Luego de bañarse, se miró desnuda frente al espejo inmenso de su dormitorio y se preguntó: ¿quién te va a querer si eres una gorda fea? Y, luego de denigrarse, continuó con el llanto, en el que Gato, su perro, la acompañó con lánguidos aullidos.

Y claro, los días pasaron y la tristeza continuaba. Ernesto, con maneras respetuosas, se apartaba de ella. Los meses pasaron y la tristeza menguaba. Ernesto, con maneras respetuosas, trataba de no darle pie a que ella se vuelva a ilusionar. Y pasó poco menos de un año y la tristeza se esfumó. Y así, llegó el cumpleaños 29 de Marlene. Lo celebró a risas. A muchos tragos. Y algo de lágrimas, al barrer los desperdicios luego de la fiesta.

¿Cuánto tiempo estaré así?, se preguntó. Y su virginidad ya le resultaba incómoda. Le representaba un peso. Algo que no deseaba más tener. Y recordó cuando rechazó su primera propuesta para acostarse. Recordó las veces que rechazó un piropo callejero. Cuánto deseaba, en ese momento, un piropo callejero. Y pensó en una solución estúpida. Pero solución, al fin y al cabo. Un día la rechazó. Un día la retomó. Un día la pensó por varias horas. Y así se decidió.

Sentada en una de las tantas mesas del comedor del canal, esperó que Ernesto se sentara en la suya. Se acercó a él y, algo temerosa, intercambió saludos. Luego se sentó y esperó que pasaran los minutos para entrar en un ambiente agradable y distendido. Notó en él algo de tranquilidad y eso le agradó. Sin embargo, no podía evitar el consecutivo y maniático movimiento de sus piernas.

Luego de unos minutos, Marlene se había calmado y preparó su discurso. Le dijo que no se asustara. Le dijo que no había ningún problema si es que había una respuesta negativa a su pedido. Le dijo que no deseaba estar con él. Que ya no estaba enamorada. Que no se preocupara. Dentro de sus aclaraciones Ernesto abandonó el estado de incomodidad en el que estaba sumergido desde que ella se sentó en su mesa. Ahora, está preso por una inmensa curiosidad. ¿Qué es lo que ella querrá?, pensaba. Luego de culminar su introducción, y luego de culminar un largo respiro, Marlene le contó, algo avergonzada, sobre su virginidad y de todo lo que le incomoda. Y le pidió, por favor, y sin interponer algún tipo de compromiso o algo similar, que le hiciera el amor.

Mudo, claro. Estupefacto, además. Así se encontró y no pudo evitar soltar una risa llena de asombro por tamaño pedido. Sonrisa que ella acompañó de buena gana. Ernesto le preguntó si estaba segura, y ella le dijo que sí, moviendo la cabeza afirmativamente.

Jueves, 9 de la noche. Él le recomendó que tomara algo de licor. Ella le recomendó que comprara un condón. Él le dijo que sacara a su perro del cuarto. Ella le dijo que no. Y Gato presenció cuando se volvieron a besar. Sin muchos preámbulos, ella se quitó el brasier y no le importó verse un poco subida de peso. Sin muchos preámbulos él sujetó sus nalgas con firmeza, por debajo del pantalón, y no le importó saberse tosco.

Menos doloroso de lo que pensaba. Más placentero de lo que creía. Terminaron y él ya quería irse. Ella se dio cuenta de su impaciencia, así que no dudó en abrirle la puerta, para festejar. Ya soy mujer, se dijo. Y abrió una lata de cerveza.

Pasaron los días. Pasaron los años. Marlene ha terminado de corregir su primer libro. Presentará su trabajo a Editorial Santillana donde sabe que la rechazarán. Igual tiene que intentarlo. Igual tiene que regresar temprano al departamento de Simón, su novio. En el camino recibe una llamada. Es Ernesto. Le dice para salir esa noche. Le dice que será divertido. Le dice que tiene unos buenos videos en su casa. Ella sonríe y, con maneras respetuosas, lo mandó a la concha de su madre. Después de colgar recuerda que tiene que comprarse una nueva ropa de baño y más minifaldas…

Crónicas  27 / Febrero / 2009 
  • 1. Oscar  |  Febrero 27th, 2009 at 12:34 pm

    Buen relato, pero siento que pudiste explorar un poco mas en las virtudes de la gordita, para que no quede solo como una aguantada….

    Saludos

  • 2. Jassy  |  Febrero 27th, 2009 at 1:54 pm

    Yo no he visto que paresca una aguantada ni que sea gordita, tu hablaste de un poco de sobrepeso no mas, no dijiste que era gorda, de todos modos las mujeres nos vemos siempre a nosotras mismas mega gordas…en fin
    Jajajajaj siempre pasa, el patito feo se convirtió en cisne, no? Que won el Ernesto, él se lo perdió.

  • 3. Alí  |  Febrero 27th, 2009 at 3:14 pm

    Si los prejuicios se hubiesen terminado de construir en la mente humana, las cosas seria distintas; Dios tuvo poco tiempo para pensar en detalles.

    Sds.

  • 4. Frankie  |  Febrero 27th, 2009 at 4:20 pm

    Qué buena historia Luis.

    Ahora falta una en versión masculina xD

  • 5. GIOVANNA  |  Febrero 28th, 2009 at 9:29 am

    Quiero felicitarte x este nuevo espacio, ya me habia acostumbrado al fondo negro, pero quedo muy bien en fondo blanco!…ah! y muy buena historia!!!

  • 6. yani  |  Febrero 28th, 2009 at 7:27 pm

    Ya vez, siguen esperando que vuelva el fondo negro. Por otro lado no hay feos ni feas, todo esta en el corazón, eso espero…

  • 7. luisipa  |  Marzo 1st, 2009 at 9:38 am

    Oscar: Eso de aguantada sonó fuerte. Igual, gracias por la crítica.

    Jassy: Se lo perdió!

    Alí: Qué buena frase, mi estimado. Aquel detalle técnico llamado prejuicio.

    Frankie: Sí. Falta la versión masculina que llegara a su debido tiempo.

    Giovana: Gravias, Giova. Espero seguir viéndote por estos lares.

    Yani: Viva el fondo negro!

  • 8. X  |  Marzo 1st, 2009 at 6:42 pm

    Me ha gustado.

    Buena muda.

  • 9. gabriel revelo  |  Marzo 2nd, 2009 at 10:43 am

    lo malo es que me sentí identificado
    lo bueno es que el final es esperanzador
    lo mejor es que me emocioné al leerlo
    y me gustó, mucho.

    saludos desde méxico df-

  • 10. Arcano  |  Marzo 2nd, 2009 at 11:56 am

    chato, este blanco inmaculado no va con el errabundo del Ipa que conocemos.

    Sexo con amor?,
    sexo sin amor?..

  • 11. Lacho  |  Marzo 3rd, 2009 at 6:09 am

    Que pues Ipa, ya tengo un buen rato, más de 1 año leyendo tus historias, pero ésta es la primera vez que escribo un comentario. La neta que chingón que ya tengas tu página felicidades cabrón. Ésta última historia también está rebuena, como muchos espero la versión masculina hahaha.

    Sale espero comentar más seguido y puro pa’delante cabrón, saludos desde Guadalajara México.

  • 12. luisipa  |  Marzo 3rd, 2009 at 12:57 pm

    X: Gracias!

    Gabriel: Te sali{o en verso.

    Arcano: Viva el blanco!

    Lacho: Vaya! Mucha gracias por comentar, epero que lo haga más eguido y espero también que siga leyendo mi blog. Siempre serás bienvenido.

  • 13. Vitin  |  Marzo 13th, 2009 at 1:37 pm

    estuvo de ptmr.

    “…Le dice que tiene unos buenos videos en su casa. Ella sonríe y, con maneras respetuosas, lo mandó a la concha de su madre…”

    Jajajaja.

    de la csm el texto.

    a propo, cando nos muestras tu primer libro?

  • 14. Niña de los 80's  |  Abril 10th, 2009 at 7:24 am

    Buena crónica,aunque no me pareció la forma ideal en que una mujer pierde su virginidad,esperar tanto para hacerlo con un imbécil,bueeeeeno.

  • 15. Juan Carlos  |  Mayo 3rd, 2009 at 9:16 am

    “Ella sonríe y, con maneras respetuosas, lo mandó a la concha de su madre…”

    Hahahaha, excelente.

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