16 / Noviembre / 2009

La vida exagerada de un profesor

A veces, como ahora, Juan Peres (con S y sin tilde) se siente desubicado y solo. Él es profesor. Tiene problemas para hablar en clase ya que sufre de problemas auditivos y tiende a subir más la voz cuando no es necesario. Pero no solo eso, en el transcurso de su vida se ha adueñado (sin quererlo o saberlo) con apelativos extraños por culpa de su personalidad. Una personalidad que él defiende pero no se atreve a continuar. Él quiere ser una persona normal, el quiere ser como los demás. Hablar como los demás. Ser pendejo como muchos. Tener a las alumnas y alumnos siguiéndolo como ratones a su flautista de Hamelin, como bien lo hacen los otros profesores. Quiere expresarse mejor, no con palabras ‘rebuscadas’ ni nada. Solo quiere ser uno más.

Su rareza empezó cuando era niño. Era el medio día cuando, a la hora del almuerzo en el colegio donde estudió, Andrés Longhi, amiguito suyo, se sentó a su lado y, de un momento a otro, se introdujo el dedo índice en la nariz. Luego de muchos movimientos circulares y con algo de suavidad, retiró de ese orificio un trozo seco de moco… y luego de inspeccionarlo con una increíble introspección se lo metió a la boca y se lo tragó. Juan, lejos de asquearse, esa escena le pareció curiosa y rara y sospechosa y enigmática. ¿A qué sabe un trozo seco de moco?, se preguntó curioso. Luego hizo lo mismo (meterse el dedo a la nariz), pero no tenía nada. Así que, luego de muchos días, cuando ya tenía varios trozos en dichos orificios, repitió ansioso la acción y, con el inmenso trozo incrustado en la uña de su dedo índice, procedió a comérselo. Al no tener el sabor claro, repitió el acto, pero la mala suerte llegó cuando el gordo Rojas, el abusivo del salón, lo vio. Y le puso su primer apelativo, su primera chapa: “Juan come moco Peres” (con S y sin tilde).

Luego, llegó la adolescencia con todos los problemas normales: la masturbación, los granos y, nuevamente, la masturbación. Tenía 14 años y se daba placer día y noche. Miraba mal a los animales después de leer La Ciudad y Los Perros, de Vargas Llosa. Y miraba remal a las niñas de su edad. Cuando los micros estaban llenos, se ponía detrás de ellas y, con la pelvis, las frotaba sin el menor descaro. Ellas, diáfanas, puras, vírgenes, impolutas y sumamente católicas, se sorprendían al sentir el bulto en sus muslos y hasta en sus mochilas. Pero no hacían nada. Por miedo, seguramente. Porque sabían que ellas entrarían al cielo y este triste muchachito degenerado no. Porque Diosito no acepta niños pajeros en el cielo, por el contrario, Dios si acepta a las niñas rubias que rezan todos los días y van a misa y no se quejan en voz alta cuando las puntean por toda la media hora que dura el viaje. Es así que, sin saberlo Juan se hizo de otro apelativo: “Juan el pajero Peres” (con S y sin tilde).

Y así, entre y paja y paja, llegó la juventud. Llegó, también, la universidad, donde postuló porque no le quedaba otra: su padre, un excombatiente de las fuerzas armadas, le dijo que si no ingresaba lo botaba de la casa por pajero. Ingresó a Comunicaciones, no porque le interesaran las noticias o el quehacer diario de la información, si no porque quería acostarse con todas las reporteras lindas que salían en la televisión. A él, le importaba un comino la pirámide invertida y la realidad nacional. Solo quería una orgía con Jessica Tapia y Gisela Valcárcel. Es así que no asistía a clases ni a reuniones. Solo buscaba prácticas en un canal de Tv. Pero solo pudo conseguir un puesto sin paga en una revista futbolera… y de fotógrafo.

De un momento a otro y sin saberlo, llegó el respeto, no solo de sus amigos y colegas, si no de sus padres. Sin saberlo, su vida cambió… se puso más serio y menos irresponsable. Y hasta se atrevió a escribir. Nunca terminó la carrera, ya que quería acostarse cuanto antes con Gisela Valcárcel y Jessica Tapia, pero, de una manera u otra, se pudo codear con muchos periodistas buenos y que, como si hubiese ocurrido algo que él no se percató, esos periodistas serios eran sus amigos. Y se hizo del apelativo que más degustó “Juan el fotógrafo que escribe Peres” (con S y sin tilde).

Luego de darse cuenta que solo de periodista se moriría de hambre, le llegó la oportunidad de ser profesor y enseñar fotografía en una novísima universidad. Se sentía realizado, de una forma rara. Las chicas lo miraban con respeto. Los chicos lo saludaban con delicadeza. El piensa que si Gisela Valcárcel y Jessica Tapia fueran sus alumnas, fácil se enamorarían de él. Ya que irradia justo lo que no es: un hombre seguro y pendejo.

Una tarde, en una clase un poco movida el detuvo su exposición porque hacían mucha bulla, sobretodo un alumno a quien no divisó por la cantidad de estudiantes que habían en ese entonces y molesto e indignado dijo una infeliz frase. Una frase que lo marcó para siempre en la universidad:

“Quien quiera que seas, deseo que un asteroide caiga sobre tu cabeza.
Y, a parte, deseo de corazón, que nunca más tengas una erección en tu vida. Nunca.
Y te lo deseo, repito, de corazón”.

Los alumnos se reían de él. De sus rebuscadas palabras. De su deseo improductivo de hacerlos callar. De imponer las reglas. Sus reglas. De su forma rara de ser vulgar. Y fue allí que se dio cuenta que algo no andaba bien. Que él era raro. Quemado. Trulo. De otra galaxia. “Juan el fotógrafo que escribe Peres” se convirtió en “Juan el marciano Peres” (con S y sin tilde).

Le apestan las compañías. Se duerme en las conversaciones. Le asfixian las bodas y las reuniones. Le sale salpullido encontrarse con ex amigos. No usa Facebook. Aunque sus amistades lo obliguen a hacerlo. Cuando se conecta al Messenger detesta que le hablen para preguntarle cómo estás. Cuando le gusta una mujer se lo dice, sin más preámbulos ni cócteles ni modales. Solo se lo dice. Cuando los alumnos se le acercan cuando él descansa en la cafetería lo único que él quiere es que se retiren… ya que ama su soledad. Su vacío. Sabe que morirá solo y lo acepta. Que nadie lo querrá por cómo es. Sabe que es raro. Hablador pero raro. Juan Peres odia su apellido sin S y sin tilde. Hubiera querido apellidarse Kuczynski o Iparraguirre, como ese profesor chinchoso y pedante que nunca lava su carro. Juan Peres, no tiene carro. Solo un chocolate casi derretido en el bolsillo y medio cigarrillo de marihuana que fumará antes de ver el Show de los Sueños.

Crónicas  16 / Noviembre / 2009 
  • 1. Oscar  |  Noviembre 16th, 2009 at 2:50 pm

    Lucho, como te haces esperar. Muy ameno y descriptivo el relato, tanto que llegué a pensar que eras tu (o acaso lo eras?. Espero que hayas superado la tonta idea de cerrar el blog. Saludos y fuerte abrazo.

  • 2. GIOVANNA  |  Noviembre 20th, 2009 at 10:53 am

    GENIAL!! SIN MAS PALABRAS. SIEMPRE HACES MUY BUENOS RELATOS MUY AMENOS, OJALA NO DEJES DE ESCRIBIR PORQUE CREO QUE ES UN DON MARAVILLOSO!.
    BESOS!

  • 3. Luis Iparraguirre  |  Noviembre 20th, 2009 at 11:19 am

    Por presión de mi madre (quien no entiende hasta ahora que esto es un humilde remedo de literatura), tengo que decir que no me comía los mocos cuando era niño, aunque claro, esto ya lo saben. ¿Satisfecha?

  • 4. L  |  Noviembre 22nd, 2009 at 8:35 am

    No lo quisiera de profesor. Aunque siempre hay uno de esos raros que nos toca, es inevitable

  • 5. ....juli....  |  Noviembre 24th, 2009 at 6:56 am

    Hola!! muy bueno el relato!, eso de que no te comias los mocos …mmm… me parece que no te creo!!jaja.
    Espero lo mismo que OSCAR, “que hayas superado la tonta idea de cerrar el blog”, quiero seguirte leyendo, tanto tardaste en postear otra vez que me lei todooooss tus post anteriores a “Edipo sigue siendo el rey”, con ese post te conoci, gracias a el blog de Renato “Busco novia”, el te tiene linkeado en un post!jeje
    bueno me fui!, besos desde argentina!!
    juli

  • 6. Vitin  |  Noviembre 24th, 2009 at 5:42 pm

    Buenísimo, siempre es un placer leerte.

    Un abrazo luchito =)

  • 7. Zarella  |  Diciembre 2nd, 2009 at 3:24 pm

    Mi estimado Ipa! Buen relato, me gustó, como siempre digno de tí. Te leí en una web de Argentina, en el “fisgondigital”. Chévere, estás rankeado! bien ahí! Saluditos Mister Ipa. Ojalá pronto nos encontremos con la gente. Un abrazooooo.

  • 8. Sandra  |  Diciembre 7th, 2009 at 6:49 pm

    jaajaa, la merecedora risa por el intento de ser raro, juàn perez, ERES RARO!!

  • 9. juan carlos  |  Diciembre 16th, 2009 at 7:41 am

    Extrañaba entrar aquí.

    Muy bueno, como siempre.

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