Sexo, nada más
Brenda sale del baño de mujeres de su facultad. En la puerta se encuentra con Angélica, la protagonista de sus más afiebrados sueños. Brenda se avergüenza al suponer que ella, Angélica, se haya dado cuenta que siempre la observa. Ser lesbiana, en una universidad de mujeres, es una constante tortura, piensa. Angélica sonríe. Brenda se emociona y recapacita en un quizá.
Es un día caluroso, como casi todos los anteriores en este raro mes. Brenda siente que a sus 19 años todavía no ha vivido lo suficiente, sin embargo, está a punto de terminar la carrera, ya tiene un trabajo estable y está a unos meses de mudarse a un departamento y vivir sola. Cree que sus sentimientos son contradictorios con la realidad. ¿Qué le sucede, entonces? Nunca se ha enamorado. Al menos, nunca ha tenido una novia. Salvo los ocasionales encuentros en alguna discoteca miraflorina, nunca ha tenido sexo con amor. Y ahora, en medio de la avenida, antes de tomar un taxi para ir al trabajo, piensa en la coquetísima sonrisa de Angélica… y decide llamarla.
Entre risas, ella se da cuenta de la libre disponibilidad de Angélica. Y así, le dice para salir a una discoteca esa misma noche, que era cumpleaños de una de sus amigas, que la van a pasar genial y todo. Angélica, sabe que esa discoteca es frecuentada por gays, sin embargo, siente algo de éxtasis y, presa de una incontrolable curiosidad, acepta. Brenda, cuelga el teléfono y, como muchas veces en la semana, piensa en su sonrisa, en sus respuestas… y es que, fácilmente, el carácter y la inteligencia de Angélica es lo más atrayente para ella. Siempre tiene lista una respuesta coqueta acompañada de una sonrisa. Siempre tiene algo que decir. Angélica es, para Brenda, una mujer inalcanzable. Fresca. Radiante. Pequeña. Delgada. Inteligente. Alegre. Perfecta.
Y Llegó la noche.
En la puerta de la discoteca, ambas se encuentran. Se saludan con un beso y entran a bailar y beber. Ahora, son las tres de la mañana, según el reloj de Angélica. Faltan diez minutos para las tres, según el celular de Brenda. Ambas, luego de discutirlo, deciden bailar una última canción antes de irse. Dejan sus copas de Martini en la barra y se abren paso entre las muchas parejas de homosexuales. Bailan el pop sin dejar de mirarse a los ojos y, con el movimiendo de sus brazos producto del baile, Brenda roza de casualidad el seno derecho de Angélica. Ambas, sonríen.
En el taxi, rumbo al departamento de Angélica, tomadas de la mano, hablaban de algunos guapos profesores, y Brenda le decía que muchas veces la vio jugando tenis en la cancha de la universidad. Ellas, en el asiento de atrás del taxi, no dejaban de sonreír y se miraban los labios con muchos deseos de besarse.
Ya dentro del departamento, no sabían cómo comportarse. En algún momento Brenda quiso tomar la iniciativa, pero pensó que quizá no era lo mejor. Angélica seguía en el baño y Brenda no dejaba de hacer zapping por los nervios. Luego de un rato, Angélica, con el cabello suelto, se le acerca, y juntas ven un canal de espectáculos. Luego de un largo silencio, Brenda se levanta para ir al baño, pero Angélica detiene su paso.
Antes de besarla, Angélica le preguntó qué es lo que más le gustaba de verla jugar tenis. Brenda le respondió, temblando, que lo que más le gustaba era la forma como agarraba la raqueta. Angélica le miró los labios y deslizó sus manos por su ondeado cabello. Brenda seguía temblando. Y así, sin decir una palabra se juntaron en un largo abrazo. Ambas cerraron los ojos y deslizándose por sus mejillas, sus lenguas se encontraron.
Tenía el sabor de un enjuague bucal y, sin embargo, halló el dulcísimo sabor del Martini dentro de su boca… mientras la besaba, Brenda no podía dejar un rarísimo sentimiento de culpa, y quiso llorar, mientras que Angélica no dejaba de desabotonarse la blusa. Y así, Brenda miró sus senos desnudos. Esos mismos senos que fueron objeto de interminables sesiones de auto placer. Rosados. Pequeños. Deseables. Angélica la sostuvo con sus dos manos y la impulsó hacia su pezón izquierdo cubierto de innumerables y deliciosas pecas. Cerró los ojos y, mientras daba un larguísimo y débil gemido, dirigió el rostro hacia el techo.
Brenda, mientras besaba los pezones, se quitaba el pantalón. Angélica, dejaba caer su ropa interior en la vieja alfombra. Y así, desnudas, excitadas y húmedas, se echaron en esa vieja alfombra roja a dos metros de la tendida, limpia y arreglada cama. Brenda le dijo te amo. Angélica solo sonreía. Se besaron por mucho tiempo, y luego Brenda se animó por más.
Con los delicados movimientos de sus dedos, expuso su sexo y, mientras besaba su cuello, empezó a acariciarla. Antes de estallar, Angélica le dijo, me haces feliz. Brenda, antes de introducirle los dedos, le dijo, tu felicidad es la mía.
Así, hicieron el amor, una y otra vez. Brenda amó. Por fin. Angélica, sin embargo, solo satisfizo su curiosidad. ¿Lo disfrutó? Mucho. Pero nada más. Luego, durmió. Brenda encendió un cigarro, y así, desnuda, sentada en el sillón, veía el cuerpo blanquísimo de Angélica. Entre el humo del cigarro, veía la mitad de uno de sus pequeños senos que hace poquísimos minutos aprisionó dentro de su boca. Esos senos que tanto deseó. Pero, si bien era cierto que el sexo fue bueno, ella quería más. Brenda quería más. Apagó el cigarrillo, y la abrazó por detrás. Antes de dormir, le dijo, nuevamente, que la amaba. Angélica, nuevamente, no respondió. Y durmieron.
Pasaron los días y la actitud de Angélica cambió. Brenda no comprendía lo que sucedía, aun así, la llamaba muy seguido y le decía que la quería. Angélica respondía, a veces, con un gracias y otras, con un silencio.
Brenda estaba enamorada. Eso era obvio. Su amor era tan grande que la cegaba. No pudo ver, ni siquiera pensar, que Angélica, pues, no la quería. Nada. Ni un poco. Angélica era libre. Yo no estoy para prisiones llamadas amor, decía siempre. Ella no estaba para vivir bajo el techo de una única relación. Es así que, mientras Brenda pensaba en ella, Angélica hacía el amor con su profesor de Semiótica, en el mismo lugar donde Brenda acarició sus pecas regadas en la perfecta circunferencia de sus senos: su departamento.
¿Quién puede juzgar? ¿Acaso Angélica hizo alguna promesa? ¿Tener relaciones con alguien de tu mismo sexo, te hace gay? ¿Bisexual? Brenda pensó en caminar de la mano con ella, más para Angélica solo fue un orgasmo de fin de semana. Un orgasmo diferente, con una lesbiana. Sexo, nada más. Sin amor. Sin compromisos. Sin los burocráticos trámites del corazón.
Lo peor, fue cuando Brenda la vio con él. Y lloró. Y la llamó. Y la culpó. La culpó por la tristeza que sentía. ¿Cómo – le preguntó – puedes vivir sabiendo todo lo que sufro por ti? Brenda es una lesbiana de 19 años, y hoy tiene el corazón roto. Hoy supo lo que significa el dolor de una traición. Traición que para Angélica nunca hubo. Sin embargo, ahora que Brenda está a punto de tomar un taxi para ir a su casa, siente que su mundo no es el mismo que soñó cuando era niña.
Y lloró. No lo importó que el taxista la vea llorar desde su espejo retrovisor. No le importó sentir el rimel manchando sus mejillas. No le importó la vergüenza. No le importó el qué dirán. Y así, en medio de la Vía Expresa, con los ojos llenos de lágrimas, pensó en odiarla. Pensó en vengarse. Sin embargo, se dio cuenta que no podía reprocharle nada. Nunca le dijo que la quería. Nunca le prometió nada. Ella Nunca prometió más de lo que dio. Lo de Angélica no fue apropósito. Lo de Angélica no fue una traición. ¿A quién culpo por esta tristeza? Se preguntó, y al no tener respuesta, siguió llorando.



1. markin | diciembre 2nd, 2007 at 11:25 am
A quién culpar por nuestras tristezas?
Tal vez al no conocer la reglas del vivir; a no entender que aprender cuesta.
Somos seres racionales y emocionales en diversos momentos.
Podemos planear placer racionalmente; y al paso del tiempo, lo emocinal no hace pesar y añorar eso que paso.
Podemos haber sufrido por un beso circunstancial, por unas caricias… y cuando llega los racional. Qué rico fue. Y hasta lo volvemos poema.
Nuestras vida, siempre estará plagada de sabores y sinsabores; de conformismo e incoformismo…
Siempre será mejor, ir experimentando por la vida, sin temor a caer y sabiendo que nos podemos levantar SIEMPRE.
2. Petisita | diciembre 2nd, 2007 at 2:19 pm
Si pues, por qué las diferencias de genero tienen que ser tan opuestas, tan blanco o negro. Si hubiese mas apertura esta chica no pensaria que no la quieren orque es mujer y no hombre si no se daria cuenta de la verdad de la milanesa, que simplemente “no habia quimica”. Aun vivimos en tiempos de la carreta.
3. Vit M.D | diciembre 2nd, 2007 at 2:50 pm
… me encantan las historias de lesbianas y de amantes del sexo… jeje =P
Buen post
4. diego | diciembre 2nd, 2007 at 4:22 pm
2 cosas:
1. Eres un arrecho.
2. Estuvo chévere la historia.
5. Anonymous | diciembre 2nd, 2007 at 6:22 pm
auch
6. Miguel | diciembre 2nd, 2007 at 9:51 pm
Bueno si se siente confundida de su opción sexual, con mayor razón se sentirá confundida(o) de sus sentimientos y todo será emociones fuertes que acaban destruyendo a uno mismo.
Pero, quererm, desear, amar es humano.
Buen post.
7. Inés ¬¬ | diciembre 3rd, 2007 at 8:49 am
u_ú tenemos que hablar…
8. El Frankie | diciembre 3rd, 2007 at 3:17 pm
Ese es uno de los problemas de los gays y/o lesbianas: enamorarse de alguien heterosexual que los ilusiona simplemente por que se interesan en ellos para experimentar ps.
pd. no es por naa pero este post esta como para ser puesto en todorelatos eh?
9. digler | diciembre 3rd, 2007 at 6:42 pm
siempre tratamos de buscar un culpable.
buena historia!
10. Jassy | diciembre 3rd, 2007 at 8:35 pm
Culpables? no creo, no es cuestion de ser lesbiana o bisexual, cuando no hay feeling no hay feeling tan simple como eso.
11. Yani | diciembre 4th, 2007 at 3:25 am
Hola Juan,
Triste pero bonita la historia. y si, de acuerdo con jassy. de otro lado, me pareció un poquito joven Brenda para estar a punto de terminar la carrera e independizarse… ya me cuentas! :’)
12. Gabriela | diciembre 4th, 2007 at 6:48 am
Aja! ahora entiendo lo de las lesbianas…Y por cierto, particularmente el martini no me deja un saborcillo dulzón en la boca.
Besos.
13. Ernesto | diciembre 4th, 2007 at 12:41 pm
Ah, no pues. Angelica le tuvo que parar el auto a la primera que Brenda le dijo “te amo”. Mal jugado, Angelica. Así no es.
14. ksft | diciembre 4th, 2007 at 4:07 pm
Que confusion!, al final los unicos culpables de nuetsras tristezas somos nosotros, por sentir. Bueno, estuvo muy interesante, me soprendio que este terminando la carrera a los 19 años.
15. Las Sinapsis de Azazel | diciembre 4th, 2007 at 6:34 pm
y es que el amor y la virginidad tienen muy poco que ver con nuestros respectivos genitales …
16. Cys | diciembre 4th, 2007 at 8:03 pm
yacala
17. Dragón del 96 | diciembre 5th, 2007 at 1:58 am
Solo por analizar el texto. Nuevamente utilizas la imagen de sexo y llanto, jejeje.
Que decir, el primer amor, es siempre el mas dificil de olvidar y peor si lo estrellas sobre el terreno del sexo sin amor.
Slaudos.
18. Galileus | diciembre 5th, 2007 at 5:38 am
Bien Brenda podría un chiquillo de 19 años, es decir, varón. Con lo que quiero decir que fuera de cualquier diferencia de género, el dolor que causa una traición amorosa es el mismo. El corazón biológicamente es el mismo.
El relato me cautivó desde el principio hasta el final. Simplemente no podía dejar de leerlo.
Muy bueno!!
Saludos galileanos!
19. Boomerangcita | diciembre 5th, 2007 at 9:01 am
Muy buen post
eso es una realidad
diferencia de generos, el mismo genero…eso que importa
amor es amor
en este caso no fue correspondido, y como lei por arriba, Angelica debio parar ante el primer “te amo” si no sentia nada…
Saludos =)
20. *MariJu-Pollita* | diciembre 6th, 2007 at 8:38 am
Si habré llorado por amor…
Si me habran roto el corazón…
Vos sabes Luis que no está mal llorar por amor…
Pero difiere llorar por amor con amor que con dolor…
Yo lloré de las dos maneras…
Que linda historia^^…
TE QUIERO..!!
21. Zero | diciembre 6th, 2007 at 1:32 pm
Excelente historia.
Me encanta tu manera de narrarlas.
Saludos.
22. TRuLy | diciembre 8th, 2007 at 12:48 am
Supongo que fue la poca experiencia que tenia la que hizo que se enamore tan rapido y sobretodo que exponga su corazon de esa manera ante alguien a quien casi no conoce…
Chssssss
23. Disonancia | diciembre 8th, 2007 at 7:46 pm
mmm…
Se deduce que la muchacha no quiere ataduras.
Las mujeres cuando queremos una relacion seria, vemos a nuestra pareja de manera sentimental, besos abrazos, que sufra si quiere la muyc comoda cama a diferncia de el hombre que es más genital.
Dos personas lesbianas no tienden ir rapidamente a la cama. A menos de que sepan que es algo pasajero.
=/
Justo de eso hable con mi profesor de tecnicas terapeuticas.
Saludos, me encanta mucho tu forma de expresarte!
24. ArCaNo | diciembre 9th, 2007 at 10:25 am
un poco con amor,
un poco con verdad..
25. Lucho Rojas | diciembre 11th, 2007 at 12:06 pm
Muy buena la historia. Puede suceder a menudo cuando un gay (hombre o mujer) se entusiasma demasiado con un hétero curioso o un bi desenfadado; el problema radica en que es difícil controlar nuestras emociones, más difícil para quien tiene “naturales” dificultades de encontrar a alguien que no sea sólo sexo. ya me enredé, bueno, se puede interpretar de muchas formas, pero lo definitivo es que el amor gay es mucho, mucho más complicado.
26. Hiel | enero 13th, 2008 at 9:42 pm
Realmente me gustaria hablar con brenda…
27. Anonymous | enero 23rd, 2008 at 5:29 am
ME PARECIO MUY BUENA LA HISTORIA PERO CREO QUE DEBERIAN HABLAR DE SUS SENTIMIENTOS BAY
28. Anonymous | enero 23rd, 2008 at 5:33 am
COMAN MIERDA TRIPLEIGUEPUTAS Y DEJEN PUBLICAR MARICADAS NO SEAN TAN MARICAS VIVAN LA VIDA COMO PERSONAS DE BIEN CON EL SEXO QUE LES DIO DIOS Y NO SE INVENTEN OTRO SEXOS
29. Anonymous | enero 23rd, 2008 at 5:35 am
ESTUVO BUENA LA HISTORIA SIGAN PUBLICANDOLAS
30. karem | mayo 5th, 2009 at 8:35 am
Nunca dejo de disfrutar cada una de tus historias, pero cada vez que las leo asocio algo de ellas a mi vida, con esto no quiero decir que soy lesbiana, que por cierto no tendria nada de malo, me refiero a que en la vida siempre amamos con mas o menos intensidad, en mi caso te cuento que ahora estoy con alguien 10 años menor que yo, con quien me siento muy feliz, la verdad espero que él tambien, y esta historia me hace pensar en cuanto podemos llegar a querer a alguien no importa el genero al que pertenezcas, de pronto solo amas, con la intensidad que tu corazon te permite amar.
31. raimin concepcion | marzo 6th, 2010 at 3:21 pm
megustan lasmujeres k me aganel mor 3 deces corido
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