Estoy enamorado de Michelle Bachelet
Necesito los datos para el examen de mañana. Evo, gran amigo mío, me dijo que lo llame para que me los dé pero, al parecer, se olvidó decirme que su número telefónico había cambiado. ¿Qué haré? Pues llamaré a informes de Telefónica, a ver que me dicen. Buenas tardes, la señorita Bachelet le saluda, ¿en qué puedo ayudarle? me dice una amigable señorita con un dejo muy parecido al chileno y me encantó. Hola necesito saber el número de la familia Morales, le dije embobado. Jovencito, me tiene que dar el nombre completo del abonado porque, le tengo que informar, que en el Perú hay muchas familias Morales, me dijo risueña, con un tonito de familiaridad que me dejó pasmado. Ok, jovencita, le dije con mucha confianza, su nombre es Evo Morales Payma, ¡perfecto!, me dijo, al mismo tiempo que soltó una pequeña carcajada. Me dio el número y colgamos.
Ahora, tengo que confesar, que siempre he sido un completo tarado para los quehaceres del amor. Confieso que canto baladas, me fascina Nelson Ned, me entristecí hasta las lágrimas con Titanic. Confieso que me enamoré de mi profesora de inglés y, de vez en cuando, me enamoro de mujeres que solo veo una vez en mi vida. Si pues, me enamoro cada cinco minutos y me rompen el corazón cada seis, esa es mi realidad. Ser soltero es mi identidad y ser romántico, mi karma. Pero, nunca me había ilusionado con alguien que no conozco. Y ahora, que veo a mi tutor de literatura, el graciosísimo y delicado profesor Hugo Chávez, solo retumba en mis más estúpidos pensamientos, la preciosa voz de la señorita Bachelet. Ahora, que el profesor Chávez me mira los labios como a casi todos los muchachos del salón, solo puedo recordar su preciosa carcajada, solo puedo recordar, con mucha nostalgia, cuando me dijo “jovencito”, ¡Qué linda!
Luego de terminada la clase, me voy a mi casa y, sin pensarlo mucho, marco el 103 para intentar hablar nuevamente con ella. Luego de algunas infructuosas llamadas, me da la bienvenida su preciosa voz: Buenas tardes, la señorita Bachelet le saluda, ¿en qué podemos atenderlo? La amo, no hay más que decir, no puedo con mi genio. Hola, jovencita, le digo casi en el acto (y es que me quedé un rato en silencio para disfrutar su voz como cuando se huele la estela dejada por el paso de un delicioso perfume) Hola jovencito, me dijo cándida, necesito el número de Napoleón Bonaparte, le dije haciéndome el chistoso y ella, sin perder la compostura, me respondió, ya le he dicho jovencito que necesito el nombre completo… y reí. Para no caer pesado y para que se de cuenta que solo llamaba para escucharla, le dije que iba a buscar ese apellido materno y que volvería a llamar otro día. Adiós jovencito, lo estaré esperando entonces, me dijo y salté de emoción… todo un imbécil.
Todos los días la llamaba. Nuestras conversas eran de dos minutos, a veces menos, pero suficiente para seguir soñando con la señorita Bachelet. Evo decía que lo único que faltaba era que sea una mujer fea. Pero eso, sinceramente, no me importaba y se lo dije. Aunque la idea, dio vueltas en mi cabeza durante esa noche, ¿cómo será físicamente la señorita Bachelet? Y así, cada día que pasaba, mientras hablaba con ella, alucinaba, en sus risas, sus labios, en su silencio, su carácter y cuando ella hablaba pensaba que era muy inteligente. Pensaba, además, que tenía el cabello corto, algo castaño, por su carácter, pensé que quizá era medio gordita, con lentes, toda una mujer feliz. Estaba seguro que escuchaba a Joaquín Sabina, fácil hasta Silvio Rodríguez, estaba seguro que le fascinaría, como a mi, Nelson Ned. No se pintaba la cara o si lo hacía no era exagerada, eso lo tenía clarísimo… la conocía en mis pensamientos, ya la conocía a la perfección. ¿Estoy loco? Pues si, no hay otra, pero qué importa, ya que ahora, luego de tantas batallas en mi interior, estoy dispuesto a invitarla a salir.
Bueno días, la señorita Bachelet le saluda… me dijo, pero su voz era diferente, algo cortante, ¿estás afónica?, fue lo primero que le pregunté, ¿con quién hablo? Me preguntó, conmigo pues, con Alan, le dije de inmediato. Si señor Alan, ¿en qué le puedo ayudar? Me dijo cortante, como si no fuera ella. Pensé que estaba molesta o peor que estaba algún jefe cerca, así que le pregunté por el número de mi casa, me respondió y colgamos. La llamé al día siguiente y seguía igual, intentaba hacerle conversación poco a poco y así entramos nuevamente en confianza, no le pregunté qué le había pasado durante esos días, cosas de mujeres, pensé. La invité a salir y, luego de algunos trances, aceptó.
La cita era a las 7.30 en el bar “La Noche” de Barranco. Nos reconocimos de inmediato y nos saludamos, Hola señor Alan, me saludó sonriente, hola señorita Bachelet, ¿me puede dar su nombre? Le pregunté, claro, me dijo, mi nombre es Bárbara, mucho gusto, señorita Bárbara Bachelet, gracias señor Alan, ¿me puede decir su apellido? Me preguntó y le dije, mi apellido es García, Alan García, para servirle. Sonreímos un rato y tomamos unos piscos. Era muy distinta a como la alucinaba, delgada, cabello oscuro y largo.
Nos citábamos cada fin de semana, íbamos al cine, luego a comer algo acompañado siempre de unos piscos. Nos reímos mucho y, luego de algunas carcajadas, nos besamos. Nos hicimos novios de la nada. Pensé que la vida me sonreía por esta vez. Destruyó mis CD´s de Nelson Ned y los reemplazó por algunos de Daddy Yankie, yo reía con sus excéntricas ocurrencias y la amaba. Esa era la verdad.
Pero, poco a poco, esa dulzura que encontré en esa chica por intermedio del teléfono, estaba fuera de mi vista, ese encanto en su voz se me volvió lejano. No puedo explicarlo bien pero había algo en ella que no me cuadraba del todo. Me gustaba, era cierto, ¡y cómo besaba! Dios, era muy guapa. Pero el encanto que sentí en las primeras veces que hablamos, ya no existía, ahora que lo pienso, nunca existió.
Estoy en mi departamento buscando mi agenda y ella está llamando la puerta, veo que está con una minifalda provocadora, una blusa casi transparente y ese maquillaje que siempre me parece excesivo. Le comento, casi sin verla, que el pesado del profesor Chávez me ha dejado una trabajo difícil y que mi amigo Evo, para variar, me tiene que dar algunos datos y no encontraba mi agenda. Ella enciende un cigarro y yo marco el 103 para pedir el número de mi escurridizo amigo. Buenas tardes, la señorita Bachelet le saluda, ¿en qué puedo atenderle?, me decía una voz chilenísima al otro lado del teléfono, mientras mi silencio respondía. ¿Jovencito? Me preguntó, hola, le respondí y, mientras Bárbara estaba en otro ambiente, le pregunté qué había sido de su vida. Me dijo que se enfermó y que pidió licencia por unas semanas, le dije que la había extrañado y le pregunté su nombre: Michelle Bachelet, jovencito, ese es mi nombre. Nos despedimos, mientras Bárbara se sentaba en la mesa donde yo estaba apoyado junto al teléfono, y colgué.
¿Cómo pude haberme equivocado? Pensé. Y el temor recorrió como un torrente mi cuerpo. Miré al suelo desesperado y vi los tacos de Bárbara, esos zapatos rojos, llamativos y vulgares, subo la mirada lentamente por sus piernas desnudas y provocadoras. Veo su firme vientre, mientras sus senos, cubiertos por un brasier negro, se traslucían por esa obscena y transparente blusa. Y allí estaba, con toda esa pintura en la cara, fumando el cigarro como cualquier chica plástico de esas que tanto hay por allí. Allí estaba Bárbara, con toda su superficialidad escuchando, a todo volumen, a Daddy Yankie y, mientras la miraba, sabía lo que me esperaba, días llenos de incertidumbre, días faltos de poesía… sabía que en ella no habitaba nada de lo que realmente quería. Y así, entre todo el asco que sentí por creerme infiel, puse un inmediato parche a tamaña confusión.
Ahora, luego de algunas semanas de exámenes con el afeminado profesor Hugo Chávez y las burlas de Evo Morales, mi mejor amigo, estoy marcando nuevamente el 103 para invitar a salir a Michelle, porque inevitablemente, y esto puedo decirlo con todas sus letras, yo, Alan García, estoy enamorado de Michelle Bachelet.
Basado en el cuento “La familia Iriarte” del extraordinario escritor uruguayo Mario Benedetti.



1. D€m€nT¡∂ | junio 18th, 2007 at 12:21 pm
ashu male, ta buena la historia, me sento perfecto con el cafecito que tenia al ladosaludos
2. La chica de la boutique | junio 18th, 2007 at 12:48 pm
¡Bendito teléfono y bendito 103! Yo también quiero llamar…
3. Adverso | junio 18th, 2007 at 4:09 pm
jajaja q buena, aunke no m gusto como pasaste tan rapido de describir lo q sentias x esa nueva voz, a ya estar de enamorados…(detalle sonso) jaja.Suerte *
4. Yola | junio 19th, 2007 at 3:38 am
Buena historia, aunque que tal decepción no?Saluditos
5. ArCaNo | junio 19th, 2007 at 5:15 am
sólo, no la patees como a Alex Lora. Amores perros, amores perros..
6. Miguel | junio 19th, 2007 at 6:29 am
En primer lugar dejame decirte que tu carta de amor a Mercedez Araoz la leyenron hoy en Buenos Dias Perú por Gunter Rave mientras Jessica Tapia “opinaba” bien ahi con Mechita.Dime este post cual es el mensaje, la idea esta perfecta, pero me parece que faltó o algo se te escapo. Salu2
7. schatz67 | junio 19th, 2007 at 6:54 am
Ministras,Presidentas,ud.pica alto mi estimado Luisito,ja,ja,ja,ja,ja.Eso sí,el día en que escribas declarando tu amor por Meche Cabanilas comprobaremos que en efecto perdiste completamente la razón.Un abrazoSchatz
8. chica | junio 19th, 2007 at 8:19 am
Benedetti tiene unas historias de (des)amor buenísimas, ciertamente
9. *MariJu-Pollita* | junio 19th, 2007 at 10:52 am
Sos un amor!…Ojala algun dia viva una historia asi…Como la que acabas de contar!…Aca es 110…Y lo malo es que te puede tocar la central de cualquier parte del pais…Besote^^…
10. akinorev | junio 19th, 2007 at 5:58 pm
¿Sabes? Yo me enamoré de unas simples letras, después nos conocimos fisicamente, fuimos amigos, nos besamos y después fuimos novios =). Esa persona es mi novio y será mi compañero de vida por siempre… soy feliz. Saludos amigo blogero
11. Kriz | junio 19th, 2007 at 9:31 pm
Que bien, algo de politica divertida
12. El Frenopatico | junio 20th, 2007 at 7:49 am
me gusto… por momento pense en que terminaria como el tio de El Crimen Ferpecto…. ahi sentado con el suegro viendo el partido ambos lleno de emocion!…una vez mas muy bueno
13. cubo magico | junio 20th, 2007 at 7:50 am
a mi nunca me contesto ni la Barbara, ni la Michelle. me gusto!
14. >>._.Táta._.<< | junio 21st, 2007 at 9:51 am
O_o !! con Michell Bachelet! impresionada ojojo!! suerte!cuidate mucho!
15. El Frankie | junio 26th, 2007 at 9:57 am
no es por nada pero yo me quedo con Mechita Araoz
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