Ian y Mayra
Ian es un muchacho de veinticinco años, bastante guapo y mujeriego. Mayra es una chica de veinticinco años, tiene labios preciosos y ella lo sabe. Él, en el día, se dedica a cuidar a su hijo, un niño de dos años. Ella, en la noche, se prostituye muy cerca al puente Quiñones. Ian se excita cada vez que ve a Piero, un muchacho quien vive junto a su departamento. Mayra, mientras trabaja, le ve los senos a Sandra, su compañera de cuadra, y piensa, excitada, en todo lo que podría hacer con ellos. Él llora en las mañanas y ella, ayer, intentó suicidarse. Ian muere a las 10 de la noche, cuando empieza a desvestirse y Mayra nace luego de diez minutos cuando Ian termina de acomodarse las tetas postizas. Mayra muere a las 6 de la mañana para darle vida, nuevamente, a Ian, cuando ella termina de sacarse el maquillaje.
Ahora, son las dos de la madrugada. Mayra le practica sexo oral, en un oscuro parque, a un desconocido por cinco soles. El desconocido piensa, mientras eyacula, en una menor de edad que vende caramelos en un puesto ambulante que está frente a su trabajo y Mayra piensa en el trasero de Piero mientras le presiona las nalgas al joven que tenía al frente.
Mayra sabe que su trabajo es peligroso y siempre trata de cuidarse de sus clientes. Nunca confía en nadie, aunque los conozca, como aquella vez en que se le acercó Enrique, su ex jefe, y éste, sin reconocer a Ian, le preguntó a Mayra cuánto cobraba por sexo. Mayra sonrió y, sin contestarle, se fue, pero antes pasó su mano derecha por encima de su bragueta y comprobó la erección que su diminuto pene sufría.
Ahora, son las nueve de la mañana y Mayra, aún maquillada, duerme cansadísima de todo el trajín de la madrugada. Se despertó rápidamente al escuchar los golpes en la puerta de su departamento. Mientras pasaba por la puerta del baño, se dio cuenta, por el reflejo del espejo, que Ian todavía estaba debajo del maquillaje, así que retornó y, con una toalla, se despintó el rostro para luego abrir la puerta y darle un cariñoso abrazo a su hijo, como todas las mañanas.
Ian sabe que lo que hace es peligroso. Algún día alguien se enterará, piensa y mira a su hijo que está viendo algunos dibujos en un libro de cuentos que estaba refundido en un rincón de su pequeño departamento, y piensa, también, que debe ahorrar, cuanto antes, los diez mil soles que Iván le solicitó para ser socio de su pizzería, antes que algo malo suceda.
Todos los días son iguales: En la noche Mayra gime como mujer por los distintos falos que entran y salen de ella, y en el día Ian arremete contra alguna mujer que normalmente toca la puerta de su departamento, mientras su hijo juega en la sala, esperando la llegada de su mamá que está trabajando.
Mayra no lo sabe, pero en unos minutos llegará Adrián en un auto verde. Adrián es un homofóbico enfermizo y está dispuesto, junto a dos amigos que lo están esperando a dos cuadras, a darle una paliza al primer travesti que se le cruce y Mayra es la más llamativa, la más linda.
Sube flaca, le dice Adrián, son cincuenta soles, le contesta una coquetísima Mayra, ok sube, le dijo el enfermo y se fueron. Pasan las dos cuadras y suben los otros dos delincuentes. Mayra no puede reaccionar ya que se inmoviliza al sentir el filudo y helado cuchillo que rozaba su mejilla izquierda.
Al llegar a las orillas de la Costa Verde y luego de llorar y rogar por su bienestar, Mayra hizo caso a las órdenes de sus secuestradores. Se sube la falda y luego, mientras mete todo el sexo de Adrián dentro de su boca, siente el desgarro producido por un miembro erecto, y sin lubricar, dentro de su ano. Quiere liberar su boca para poder gritar de dolor, pero el otro malhechor, quien estaba masturbándose, le propina un puñete en el rostro y le dice que no se detenga o si no lo mataba a golpes. Mayra, entre el dolor, la indignación y el miedo, recuerda a su niño y, sin dejar de succionar, llora.
Luego de toda esa pesadilla, Mayra regresó a su casa en un taxi vestida como tal. Al llegar a su departamento se encontró cara a cara con Piero. Mayra tenía el pómulo hinchado por el puñete y el rostro rojo por la vergüenza.
¿Eres cabro huevón? Le pregunta Piero en forma despectiva. Soy el mismo de siempre, le responde Mayra e ingresó rauda a su departamento. Estaba dispuesta a cerrar la puerta pero se interpuso Piero. ¿Te doy asco? Le pregunta Mayra, oye, tienes un hijo huevón, le responde. ¿Y? ¿Algún problema? Yo cumplo como padre, yo amo a mi hijo, le dice llorosa. ¡Eso no importa! ¡Tienes que ser una persona normal! Le grita Piero y Mayra no pudo contenerse: ¡Yo soy normal, concha tu madre! ¡No soy un monstruo! ¿Sabes cuántas veces he querido suicidarme? ¿Sabes cuántas veces he tenido un cuchillo entre las manos? ¡No tienes ni la más puta idea de todo lo que sufro, concha tu madre! Al decir todo esto no pudo evitar llorar. Sus gemidos no eran los de mujer, no eran los de un hombre, eran los sollozos de un niño y es que se ahogaba con su saliva y se tapaba la boca con las manos para silenciar su dolor.
Soy normal, le dijo y se puso a llorar. Piero no sabía si quedarse o irse, no sabía si consolar a Mayra o dejarla sola con su dolor y, en un momento de culpa, la recogió del suelo donde estaba llorando. La abrazó, le pidió disculpas, la llevó a su cuarto y sin decir más, se fue.
Mayra esperó unos minutos y caminó hacia la cocina. Cogió el cuchillo más grande y puso el filo al borde de su cuello, justo debajo del mentón. Pensó que la vida era una mierda, que nunca conocería el amor y que siempre la señalarían como a un monstruo, ¡yo no soy un monstruo!, decía llorando con más fuerza. El rimel se deslizaba por su rostro mezclandose con las grandes gotas que de sus ojos brotaba. Me faltan solo tres mil soles para que todo termine, pensó. Luego, recordó la sonrisa de su hijo y el cuchillo cayó al suelo junto con sus rodillas… su mirada, dirigida hacia el techo, se perdía con la luz que del viejo foco emanaba.
Ahora, son las ocho de la mañana y Mayra sigue sollozando. Se levanta de golpe al sentir los llamados a la puerta y, antes de abrir, se borró del rostro sus despojos, se arrancó su identidad de las mejillas. Ian abrió la puerta de su casa y abrazó a su hijo fuertemente, como todos los días, aunque, muy dentro de él, Mayra quería seguir llorando.



1. Mayra | Junio 7th, 2007 at 4:14 pm
jajajaja puta madre, invitame esa basura q te estas fumando, zambito desubicado!
por cierto, le dije a la amiga con nombre de polleria q me cambiaras de identidad…no q me suplantes x ese huevon.
ahi si q te maleaste, espera a q ese troglodita te vea en un partido del alianza jajajajaja
(yo pensé q era linda sin querer ser otra cosa…)
2. * Peke * | Junio 8th, 2007 at 6:08 am
o.O!
Buena historia (Y)! xD
3. Kat | Junio 8th, 2007 at 7:14 am
….
4. Luis Iparraguirre | Junio 8th, 2007 at 10:30 am
MAYRA: hablaaaaaaa, oye no te malees con Ian, él es un buen tipo. Y tu eres más q linda, mi querida amiga.
PEKE: thanks.
KAT:
5. chicamigraña | Junio 8th, 2007 at 12:05 pm
Muy bien tu historia.
Ayer estuve hablando con un amigo que te conoce, fotógrafo también, y le gustó tu último posy. a estas alturas Jose ya debió decirte.
Besos.
6. darling | Junio 9th, 2007 at 3:14 pm
:’(
7. Adverso | Junio 9th, 2007 at 6:39 pm
Diablos. Y pensar que preste mi camioneta una vez para tirarles naranjas en el puente quiñonez…mmm pobre gnt.
Buena historia. saludos *
8. TRuLy | Junio 9th, 2007 at 7:07 pm
Tm, queria entrar a tu blog antes de irme a tonear….
cha mare ahora me ire pensando en todo esto y no me divertire iguaaaaaal!!!!
Chssss…
bueno el Cuervito tendra que alegrarme si o si!
Hoy un shot de tequila a tu nombre
MUa!
9. D€m€nT¡∂ | Junio 10th, 2007 at 8:29 pm
este post lo lei el mismo dia que lo escribiste y por alguna razon me alucine que ya te habia comentado… me encantaron las fotos tambien… hasta ahora no comprendo thou, como pueden haber personas sin corazon que le puedan hacer tanto daño a otras personas…
ta mare
buen post!
10. Imberbe_Muchacho | Junio 12th, 2007 at 6:25 am
bien ahi tio Lucho, siempre le pones el feeling preciso a la historia
ademas que bien final
11. Yola | Junio 13th, 2007 at 12:00 am
Te imaginas cuantas personas pasan en este momento por esa situación? detrás de cada puta, o travesti imagino que debe haber alguna historia parecida a la que cuentas, pq quien cree que todo es diversión, plata o placer para esa gente, está en un profundo error… claro… toda regla tiene su excepción.
Muy buena historia Luis, como para pensar antes de burlarse o intentar dañar a otro por ser diferente.
Saluditos
12. saltamontess | Junio 13th, 2007 at 2:49 pm
asi que él es un buen tipo y yo soy más que linda???? oe esquizofrenico, no puedes pensar ambas cosas a la vez!!!
PS: él ya leyó hace rato tu post!!! espera a q te vea en Matute y acuerdate de mi cuando estés caído, de lo linda que soy
13. El Frenopatico | Junio 14th, 2007 at 10:32 am
la verdad es que muy bueno tu relato, no dejas de sorprenderme…
detras de cada rostro hay una historia que no sabemos pero que podemos crear….
14. *a*u*t*i*s*t*a* | Junio 15th, 2007 at 11:38 pm
simpatica tu historia…casi me pongo a llorar…bu
15. Anonymous | Junio 26th, 2007 at 9:01 am
Hola negrito, sabes tu historia me dio penita, otro día escribe algo más divertido, estas cosas si llegan al bobo….. buuuuuuu
16. JhaIR; EL ÚLtiMO gATo SObrE El TEjado | Julio 8th, 2007 at 5:43 pm
ME acabas de motivar a escribir algo nuevo… XD —> Eso de por si es un logro; considerando q soy un vago de la RCSM!!
17. Dragón del 96 | Julio 12th, 2007 at 12:17 am
Que miedo. Pero siento un final incompleto!!!
Slaudos.
18. ksft | Julio 18th, 2007 at 10:19 am
//13Buena narracion, es cierto hay historias asi, pero, quien lo manda a meterse de puta?, hay mas opciones, en si la mayoria de los homosexuales tiene al autoestima tan baja que piensan que sirven solo para eso. Es una realidad que se vive aca, que se puede observar en la calles al anochecer. Aparte de lo que pueda opinar acerque de ese travesti, la narracion me parecio buena, un pcoo fuerte, pero buena, saludos y adios.
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