Diez días con Saturnino
DÍA 1
Él sabía, desde hace mucho, que el desalojo era inminente. Hoy habrá una conferencia de prensa en la que él y todos los otros miembros de la directiva, trataran de explicar a la opinión pública su posición, así que busca su mejor camisa y le dice a, Julia, su esposa que separe muchas frutas para regalar a los malditos periodistas. Les dice malditos, porque bien sabe que ellos están a favor del desalojo, pero, la idea, según su dirigente, era ganarse la confianza de los periodistas, con frutas.
DÍA 2
Al parecer las frutas no funcionaron. Julia estaba molesta ya que en el diario Expreso, en una foto panorámica, aparecía a lo lejos Saturnino al lado de Fernandina, una “maldita buscona”, como la llamaba. Sin embargo, a Saturnino, le incomodaba más el hecho de saber que todos los medios de comunicación estaban a favor del desalojo. Y, mientras Julia seguía renegando de la “perra de Fernandina”, Saturnino miraba como María, su hija menor, tomaba el desayuno sin importarle los gritos de su mamá, ni la preocupación de su papá. Luego, él dirige la mirada a la cama de su hijo Eduardo, quien todavía dormía. Saturnino sabía que si el desalojo se efectuaba, su hijo no podría continuar sus estudios y a su hija le esperaría un futuro incierto.
DÍA 3
Saturnino, con mucha ira, insultaba a Rosendo, quien estaba alquilando niños a los dueños de los puestos del mercado para impedir el desalojo por parte de la policía. ¡Cómo se te ocurre alquilar niños, concha tu madre¡ Le decía con el rostro desfigurado por la ira. Rosendo ni se inmutaba y continuaba su peregrinaje por todo el mercado de Santa Anita. ¡Niños! ¡Alquilo niños!
No recuerda quién le pasó la voz, solo recuerda el rostro de espanto que puso cuando vio los dos helicópteros sobrevolar el mercado. Rápida y dificultosamente, metió en su puesto todas las frutas que había comprado de los camiones para tratar de salvar su mercadería, pensando que quizá hoy sería el desalojo… pero no.
DÍA 5
Julia le hace recordar que hoy es la pollada del vecino Guevara, que ya son las nueve de la noche y tiene que recoger los pollos para la cena, y que, además, no tome, porque “cada vez que tomas al día siguiente no vas a trabajar”, le decía una preocupada Julia. Saturnino, le dice indignado que no tenía ganas de ir a ninguna cojuda pollada y menos quería tomar. Que sería una falta de solidaridad para con los compañeros del mercado faltar al trabajo ya que en cualquier momento podría ser el desalojo y que le de permiso para recoger las polladas, que no sea histérica y que ya venía.
DÍA 6
Saturnino no va a trabajar.
DÍA 7
Adolorido aun por la resaca, se levanta y le sorprende el silencio en su casa. Camina unos pasos y se detiene de golpe y es que, entre el olor característico de su hogar (olor a papayas y melones), sintió el aroma de la marihuana, aroma que no olía desde aquellos años en que él y José, su mejor amigo, se reían de la vida (por la hierba) hasta que éste se apartó para hacer su “propio negocio”, negocio que Saturnino jamás consintió así que discutieron fuertemente y después de la riña no se volvieron a ver.
¿Será, acaso, el gordo José quién está afuera? ¿Acaso habrá venido a fumar la pipa de la paz? Saturnino sonrió y fue directo a la sala, de donde venía el olor. Grande fue su sorpresa (y su silencio) al ver que su hijo le daba una larguísima pitada al troncho que tenía entre sus dedos. Él (su hijo) estaba con otro amigo de la universidad y ninguno de ellos se percató de la presencia de Saturnino, mientras éste seguía parado detrás de la cortina que separaba el pasadizo de su casa con la sala. Se entristeció, se descompuso y se preguntó en silencio, ¿Quién mierda le habría vendido marihuana a mi hijo? ¿Cuánto le habría costado?
Y cuando se hizo esta última pregunta, recorrió por su cuerpo un estremecimiento que lo sacudió. No titubeó y regresó a su cuarto a buscar el teléfono de su amigo. ¿Cuánto le habría costado? Se preguntaba una y otra vez, mientras marcaba el teléfono de la casa de José. Él sabía que si los desalojaban del mercado, toda su familia (incluido su hijo Eduardo a quien había descubierto fumando hierba) estaría totalmente desamparada. Él sabía que no podía buscar empleo de nada ya que no tenía estudios ni oficio alguno. Sabía que el negocio era su fuerte. Un negocio de cualquier cosa. Esa era su idea: de cualquier cosa.
Aló, buenos días, con José por favor, de Saturnino, soy un amigo de hace muchos años, Saturnino señora, ¿Cómo? ¿Desde cuándo? Pucha madre, no lo sabía señora, disculpe. ¿Cuáles son los días de visita? ¿Por cuánto tiempo estará recluido? ¡Veinte años! Bueno, ahora hay una ley de buena conducta, la condena la pueden reducir a la mitad. Bueno, disculpe la molestia. Adiós.
Y así, el futuro de Saturnino como comercializador de drogas, tan rápido como vino, se fue. Se sostuvo la cabeza, no sabía qué hacer, estaba a punto de quebrarse, cuando su hijo, con los ojos rojos, le decía que ya se iba a la universidad, él no le respondió, pero pensó que éste fácilmente sería el último semestre que Eduardo estudiaría en la universidad.
DÍA 8
La Municipalidad de Lima, anuncia el inminente desalojo, mientras el Poder Ejecutivo declaraba en estado de emergencia todo el distrito de Santa Anita por la negativa de los comerciantes a desalojar el inmenso mercado, la Defensoría del Pueblo insta a los comerciantes a dejar utilizar niños para protegerse del inminente desalojo por parte de las fuerzas policiales.
Mientras tanto, Julia le increpaba a Saturnino el por qué de las insistentes llamadas de la perra de Fernandina, por qué carajo tenía que estar llamando. Saturnino no sabía como hacerla entender que entre ellos jamás hubo nada, ni habrá nada, y que tanto él como ella (la supuesta perra) eran parte del comité de defensa del mercado y que era lógica la constante comunicación entre ellos. Así que te comunicas con ella para coordinar ¿no? ¿Con cuál de sus tetas de comunicas más? ¡Ella es una prostituta! ¿Cuánto te ha cobrado? Por eso tiene plata, porque es una prostituta.
Y se fue, mientras Saturnino nuevamente se quedó petrificado: La prostitución, pensó, pero se miró al inmenso espejo que tenía en su sala y vio la prominente panza que le crecía cada vez más, luego recordó que no era muy bueno en los quehaceres amatorios y desechó la idea casi en el acto. Esa noche Julia y Saturnino hicieron el amor después de dos meses y medio, y él, en pleno coito, soltó una pequeña sonrisa recordando las palabras de Julia contra Fernandina.
DÍA 9
Él estaba tomando desayuno con su hija María, como casi siempre, mientras ella le enseñaba las tareas que le dejaban en el jardín. Vio un dibujo que ella hizo de su familia, y allí estaban todos agarrados de la mano, menos Saturnino quien estaba detrás, sonriendo, en un puestito de frutas dibujado con mucha dificultad. Él no pudo aguantar la tristeza de pensar que estaban a punto de borrar esa tiernísima imagen familiar que en la memoria de su pequeña María estaba.
DÍA 10
Al llegar al mercado, como todos los días, vio un inusual movimiento de la prensa (de los malditos periodistas) en las afueras del mercado. Se acercó como un transeúnte más, y le preguntó a uno de ellos qué estaba sucediendo. Keiko Monteblanco, fotógrafa del diario Correo quien estaba con una máscara antigas en el brazo y su cámara fotográfica en el cuello, le dijo, con poco entusiasmo, que estaban llegando cincuenta portatropas de la policía para el desalojo.




1. D€m€nT¡∂ | junio 1st, 2007 at 10:18 am
este me gusto mucho… una historia hecha desde otro punto de vista… yo vi las noticias y estuve al tanto con eso del desalojo. Me partio el alma ver gente desesperada por todos lados, me entristecio mas ver a una señora de edad llorandole a un policia que la queria sacar de la puerta principal…
no estoy muy informada de lo que paso luego… que pasaran con estas personas?
2. Imberbe_Muchacho | junio 1st, 2007 at 11:06 am
siempre hay una historia humana, detras de las acciones legales
Justicia y ley son dos cosas distintas mi estimado…
3. Miguel | junio 1st, 2007 at 5:38 pm
Bueno yo también escribí dos días después no una historia sino tres argumentos para posibles historias que están en el blog IDEAS. Claro todo el Perú estaba al tanto y hay tantas cosas que se pueden contar sobre ese desalojo, que por suerte todo salió bien.
Esta chevere la historia de Saturnino.
Salu2
4. >>._.Táta._.<< | junio 1st, 2007 at 7:20 pm
Saturnino.. mmmm ese nombrecito xD!
wenon te dejo saludazos
Cuidate muchísimo!
Táta
5. schatz67 | junio 4th, 2007 at 8:35 am
La verdad, so pena de parecer un desalmado me parece un ejemplo más de la cultura del pobrecito en el Perú.
Pobrecitos los de Clae, pobrecitos los invasores que los desalojan,pobrecitos los choferes de combi y sus familias,pobrecitos los cocaleros, más pobrecitos los del mercado que solo quieren trabajar etc.etc.etc.
Pobrecito yo que como un cojudo pago mis impuestos todos los meses.
Un abrazo
Schatz
6. Mayra | junio 4th, 2007 at 10:15 am
Pense que era la unica arrebatada, pero apoyo a Schatz. Para historias, mejor la del dia de la madre… ¡Simplemente genial!
Salu2
saltamontess
7. El Frankie | junio 4th, 2007 at 1:32 pm
Saturnino existe?? o solo es una inspiración (no como las de su hijo Eduardo) sacada de todos los comerciantes que se quedaron sin nada?
8. Luis Iparraguirre | junio 4th, 2007 at 2:53 pm
Este post estaba escrito desde hace una semana antes de la publicación del mismo, como lo dije al final. No lo publicaba, poruq esabía que el tema era bastante jodido, al parecer no fue del gusto de muchos, pero bueno, así es la democracia. La ley es la la ley, eso es muy cierto, y bueno, también están muchas otras cosas (como esta historia) detrás de los actos judiciales (sean para bien o todo lo contrario). Saludos a todos!
9. Yola | junio 4th, 2007 at 3:53 pm
El tema es demasiado largo y complicado mi querido Luis, es dificil ponerse de algún lado sin dejar de tener razón en ambos casos verdad?
La ilegalidad abunda en nuestro país y afecta y encoleriza al legal, pero por otro lado no se puede tapar el sol con un dedo, ya que hay muchos desplazados en nuestra Gran Capital… la culpa es del gobierno… no, perdón… de los gobernantes… aunque tal vez la culpa sea nuestra por elegir siempre al menos indicado, tema más complicado aún.
De cualquier manera, me encantó el post, me encanta la manera como cuentas cada historia, te felicito.
Saluditos
10. Lilit | junio 5th, 2007 at 12:53 am
desalojados, se cumplió la ley y seguirá la miseria…
11. ksft | junio 18th, 2007 at 8:28 am
Pensar en
12. ksft | junio 18th, 2007 at 8:31 am
Pucha, se adelanto ese comentari, bueno. Pensar en comercializar droga despuès de ver a su hijo drogandoze sinceramente no tiene nada de humana, ¿que clase de persona pensarìa eso?, que pena. Bueno, ellos sabian lo que venìa, lamentablemente se dejaron engañar, pero la ley tenìa que cumplirse, si no, que se puede esperar de la justicia?. Totalmente de acuerdo con el que comento acerca de “la cultura del pobrecito.
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