21 / Mayo / 2007

Pájaros de Bolivia

Siete de la mañana en Cochabamba, Bolivia. Demasiado frío para el gusto de Abelardo, así que se pone el chullo que está a los pies de su cama. Estaba muy nervioso pero decidido. Tenía, en su vieja mochila, lo necesario para algunos días, además, de algunos bolivianos obtenidos por la venta de hojas de coca. Con sus quince años y tres meses, Abelardo siente que está apunto de volverse hombre con lo que esta mañana pretende hacer. Siete y media de la mañana en Cochabamba, Bolivia. Eloisa se levanta de golpe y es que se quedó dormida de lo cansada que estaba después de llorar durante gran parte de la madrugada. Su maleta estaba lista desde la noche anterior junto con algunos bolivianos que le había sacado a su papá de la billetera sin que él se diera cuenta. Con sus catorce años y siete meses, Eloisa sabía que estaba apunto de destruir la vida de su familia, pero sus sueños de libertad podían más que ella. No se dio cuenta en que momento cayó la primera lágrima de la mañana, pero si se dio cuenta, cuando Abelardo tocó la ventana de su cuarto con delicadeza. Él le dijo, vámonos. ¿Dónde? Le respondió llorando ella, a Lima Eloisa, a Lima, ya lo habíamos discutido. Vámonos de una vez. Y se fueron.

Rayaron las paredes de su vecindad con una vieja moneda, lejos de casa, cerca de la estación. Muertos de frío compraron los pasajes, y, mientras subían al ómnibus Eloisa volvía a llorar. Abelardo la abrazó, no sabía como tranquilizarla si él también estaba temblando de miedo, de frío… no sabía como convencerla si él tampoco lo estaba. Pero, ya en sus asientos, la abrazó nuevamente y lloraron los dos. Eloisa no necesitaba explicaciones, en realidad nunca las necesitó, ella necesitaba una certeza, una afirmación del amor de Abelardo y, aunque nunca se lo pidió, ahora mismo, sentada en el asiento número 42 de ese chercheroso bus, le rogaba a Abelardo que le diga un te amo de corazón y, después de besarla torpemente (como siempre lo hacía), él le dijo que nunca amaría a nadie como a ella, y luego durmieron entre lágrimas y tiritando de frío, y luego, ellos soñaron:

Allí estaba ella, vestida de blanco, frente al mar. Quería mantener los ojos cerrados para sentir la brisa que regalaba el mar limeño, quería mantener los ojos abiertos para ver lo imponente del océano, ese mismo océano que vio, junto con Abelardo, en el viejo televisor de su tía Cecilia. Y corrió hacia las olas, no le importó no saber nadar, y se dejó llevar por la corriente. Vio ballenas y peces de colores nadando a su lado, paseando entre sus piernas y rozando sus diminutos senos. Y luego de saltar con los delfines, se montó en un caballito de mar que la llevó donde estaba Abelardo, en una pequeña isla donde vivieron, amándose, para siempre.

Allí estaba él, con su chullo en la cabeza, frente al mar. Vio que su mano derecha sostenía la de Eloisa y la abrazó. Luego recostó tiernamente contra la arena del mar limeño y aplastó sus labios encima de los de ella. Poco a poco le subía la vieja falda que llevaba hasta quedar frente a su sexo virgen, ese mismo sexo con el que él había soñado tantas veces. Se quitó la ropa que llevaba puesta, mientras no podía dejar de mirar los senos de Eloisa. Se apresuró a estar encima de ella y sintió el calor del sol en su cara, un sol fuerte y jodido, quiso cubrirse de la molestia con su brazo, y abrió los ojos para percatarse que seguía en el chercheroso bus, rumbo a la libertad.

Luego de muchas horas llegaron a Lima. Y, entre bocas semiabiertas, se pasearon, agarrados de la mano, por la inmensa ciudad, comieron lo más barato que encontraron, unos panes con emoliente en cualquier puestito de cualquier esquina de la urbana ciudad. Miraban los edificios asustados y apreciaban los hipermercados con mucha curiosidad. Sabían lo que tenían que hacer y se acercaron a un policía. Se presentaron con respeto, con excesivo respeto. El mayor Guzmán, quien había tenido un mal día con su superior, los miró con desprecio, como quien mira a un par de cucarachas… y su asco se acrecentó cuando vio el chullo de Abelardo y las ojotas de Eloisa. Aun así, la pareja sabía que su objetivo era primero, que no importaban los vejámenes, ni las penurias, ni el hambre, ni toparse con malos policías como el mayor Guzmán. ¿Dónde queda el mar? Le preguntó una miedosa Eloisa. El mayor no pudo contener las carcajadas de burla y, con toda su maldad, les dijo que tomaran un taxi que los llevara a Asia, una playa que quedaba muy lejos desde donde estaban (el centro de Lima) pero ellos no lo sabían. ¿En quién podían confiar si no era en un policía? Así que, temblando, juntaron casi todos los bolivianos que tenían para que, al cambio, pudieran cubrir los casi cien soles que el taxista les cobró.

Tranquila, le decía Abelardo, yo puedo trabajar, yo te cuidaré, le decía el niño, con una voz tranquilizadora como queriendo que ella note que estaba al lado de un hombre, pero por dentro se moría de miedo. Ellos querían conocer el mar, y, en el trayecto, conocieron el hambre, el miedo y casi, casi, la desgracia.

Todavía estaban dormidos, cuando, el taxista los despertó. Abrieron los ojos casi al mismo tiempo… y se asustaron, no se movieron, no dijeron nada. El mar de Asia se tragó sus palabras, se devoró sus sentidos. ¡Ya bájense! ¡Ya llegamos! Les ordenó el miserable chofer, pero ellos, desde el asiento trasero, ni siquiera se habían reincorporado, ni siquiera se movían… solo apreciaban, con los ojos inmensamente abiertos, lo imponente del océano. Y, aunque se les antojó conocer el mar por la televisión, no habían imaginado (ni en sus más increíbles sueños) lo fabuloso que se veía el inmenso azul que tenían al frente.

Bajaron y la brisa del mar los golpeó sin piedad… y rieron de nervios. No había nadie. No existía nadie en la playa.

Eloisa quería mantener los ojos cerrados para sentir la brisa que regalaba el mar limeño, pero quería tener los ojos abiertos para no perderse ni un solo detalle del océano. Abelardo sostenía la mano de ella y la volteó, la recostó cuidadosamente encima de la arena y la besó torpemente (como el siempre lo hacía).

Y cuando él se disponía a subirle la falda, ella se levantó, tiró la mochila que tenía puesta y corrió, gritando como loca, y él no pudo contener la risa, y corrió tras ella… ella, que corría más rápido, le decía, que jamás la alcanzaría, y él apresuró el paso para luego lanzarse contra sus pies y caer encima de la arena. Soy el hombre y siempre te alcanzaré, le dijo respirando brutalmente. Poco a poco se tranquilizaron, respiraron sosegadamente, pero no dejaban de mirarse, uno encima de otro. Para esto luché pensó él, para esto viví, dijo ella. Y Abelardo la besó delicadamente (como nunca lo hacía) y a ella la conmovió. Sostuvo la callosa mano derecha de Abelardo y la posó encima de su seno izquierdo. Él se asustó y la dejó de besar para verla nuevamente a los ojos. Se dijeron te amo y yo también. Y volvieron a besarse, entre caricias, besos y gaviotas.

Luego, viendo el sol, durmieron un rato, hasta que el hambre llegó. Hace hambre, le dijo ella, caminemos, le respondió. Caminaron por horas y llegó la noche. Entre las luces de las casas veían a las familias comer, sentados todos en la mesa familiar y ellos, allí, parados, muriéndose de hambre. Eloisa extrañaba Cochabamba, extrañaba la comida de casa y el amor de su tía Cecilia. Vámonos, le dijo Abelardo. ¿A dónde? Le respondió ella, y él enmudeció.

Nos tenemos que regresar, le sugirió Eloisa, y Abelardo se molestó. Discutieron fuertemente y luego se sentaron. Pasaban parejas de enamorados cerca de ellos, y ella los miraba con nostalgia, como recordando los pequeños momentos que pasaba con él, tomados de la mano, entre las plantaciones de hoja de coca de la inmensa Cochabamba. Él tenía mucha hambre. Él sabía que era el hombre y tenía que dar de comer a su mujer. Bruscamente se paró y se dirigió a la primera casa que encontró. Tocó la puerta y rogó comida con muchas lágrimas, pero sin sollozar. Nunca había rogado por nada, siempre tuvo dinero, nunca le faltó nada en su lejana Cochabamba. Pero él sabía que estaba bajo otros soles, que estaba en otras tierras, que su mamá no estaba cerca para prepararle los riquísimos platos que cada tarde le servía después de arar la tierra con su papá. Así que tenía que sobrevivir por si solo y allí estaba, llorando por un plato de comida.

Carmen, la limeñísima señora quien abrió la puerta de su casa de playa, los hizo pasar, le ordenó a Alejandra, su empleada, que les de mucha comida, todas las que querían y ellos comieron hasta desmayarse del cansancio. Y en los sillones se encontraban, dormidos, cuando la guardia civil los encontró por la llamada presurosa que Carmen hizo, mientras ellos comían.

Los esperaba otro largo viaje en otro chercheroso bus, pero ahora de regreso. Sin documentos, solo con lágrimas, sin visa, solo con sueños cumplidos a base de un esfuerzo irresponsable. ¿Cuánto cuesta la libertad? Pues, tres cachetadas, una para ella y dos para él. Ahora siguen durmiendo, pero bajo la pequeña luz de los faroles de sus cuartos, allá en su tan querida Cochabamba.

Basado en la hermosa canción de Joaquín Sabina “Pájaros de Portugal”. Puedes ver el video aquí:

Crónicas  21 / Mayo / 2007 
  • 1. AbOuT mE...liS  |  Mayo 22nd, 2007 at 12:05 am

    Impresionante!

    No hay más palabras. Las palabras las pones tu. Yo solo observo el arte.

    Un beso enorme desde el otro lado del charco.

  • 2. Imberbe_Muchacho  |  Mayo 22nd, 2007 at 7:15 am

    oe tio, realmente bueno y nostalgico el relato como siempre… bian ahi tio lucho, escribes bien y eres aliancista! eres la cagada

  • 3. Miguel  |  Mayo 22nd, 2007 at 9:40 am

    Excelente Luis, buena historia. Sabes cuando uno vee es vídeo de Sabina invita a escribir, tal como él lo hace inspirando por una noticia de dos jóvenes desaparecidos.
    Saludos

  • 4. akinorev  |  Mayo 22nd, 2007 at 12:35 pm

    Hey! recuerdo que hace como dos años me fuí de viaje con mi novio a escondidas de mis padres, pues ellos no me dejaban ir sola con el =/. Yo tenía muchas ganas de hacerlo y tuve que mentir.

    En el autobus de ida me remordió mucho la conciencia, casi lloro si no es que se me escapo una lagrimita. Él me abrazo muy fuerte y me dijo: “si quieres nos regresamos”, yo le dije: noooooo! hahahhaha =)

    Me la pase de lo lindo esa semana santa =)

    Recuerdo que de regreso moriamos de hambre y ya no traíamos dinero, fue horrible.

    Esta historia me recuerda mucho a este viaje.

    Saludos Luis! Buena historia.

  • 5. Dragón del 96  |  Mayo 23rd, 2007 at 12:32 am

    Me ca’aste tío… quise hacer predecibe tu historia, pero me ca’aste. Y te juro que lo intenté.

    Debo parecer de saturno pues la canción… nicaraguas.

    Slaudos.

  • 6. Girasol  |  Mayo 23rd, 2007 at 5:18 am

    me gustan las salteñas(empanadas) son bien ricas.

  • 7. D€m€nT¡∂  |  Mayo 23rd, 2007 at 9:48 am

    que linda historia…
    le diste al clavo, escribiste sobre mi fiel amante, el mar limeño.

  • 8. El perro andaluz  |  Mayo 23rd, 2007 at 1:54 pm

    Con un lago tan hermoso e imponente no deberían envidiar mucho nuestro mar contaminado.
    Buena historia.

  • 9. LinCh  |  Mayo 23rd, 2007 at 10:22 pm

    vaya muy bueno, te felicito sigues con con las grandes obras.. te felicito
    salu2

  • 10. El Frenopatico  |  Mayo 24th, 2007 at 8:56 am

    no tengo palabras y si las tuviera me quedaria corto… realmente hermoso, hermoso relato, hermosa historia…. felicitaciones… de verdad

  • 11. Miguel  |  Mayo 24th, 2007 at 12:35 pm

    Sabes encontré tu blog en el diario Perú 21 y observando bien tu foto tienes un parecido a Martin Tanaka columnista de ese diario. Pensé que eras tú jeje.
    Bueno felicitaciones por tu blog y sigue escribiendo más historias.
    Please dale una hojeada a mi blog a la seccion “Ideas” y dejame un comentario ps, a ver si lo mejoro.

  • 12. Yola  |  Mayo 24th, 2007 at 12:45 pm

    Que lindo relato… debe ser muy emocionante para quien nunca vió el mar verdad? el año pasado vinieron unos amigos de Corrientes una provincia de Argentina y nunca habian visto el mar… cuando los llevé a conocerlo, se les salian las lagrimas de la emoción y eso que no eran dos niños como los de tu historia.
    Escribes muy bonito, regresaré por mas si no te molesta…
    Saluditos :)

  • 13. El Frankie  |  Mayo 24th, 2007 at 8:41 pm

    Muy buen relato. Ya te está gustando hacer cuentos de canciones no? Si lo vemos por el lado amable, al menos pudieron regresar a su querida Cochabamba.
    PD. bien ahí con el súper-cherry el martes en Perú.21 eh? en página central todavía (no habrás utilizado tus influencias en los bajos fondos para conseguirlo no?)

  • 14. chica  |  Mayo 25th, 2007 at 8:54 am

    Lo que más recuerdo de Cochabamba es que me invitaron una chicha de jora es-pec-ta-cu-lar… y los trece años eso hace tu viaje pues. Qué diver.

  • 15. Luis Iparraguirre  |  Mayo 25th, 2007 at 11:48 am

    Estoy enfermo, Faringoadmigdalitis (no sé q carajo signifique) pero estoy en cama, luego posteo, pero responderé sus comentarios:

    LIS: Hey! En q parte del otro lado del charco estás? Gracias!

    IMBERBE: jajaj Arriba Alianza, eso si.

    MIGUEL: Si, cuando vi el video me dije: Allí hay una buena historia.

    AKINOREV: Eso de los viajes a escondidas es lo máximo, recuerdo q mi ex novia y yo hacíamos eso casi siempre… gracias mi querida amiga bloggera!

    DRAGÓN: Así q no escuchas a Sabina, bueno eso está mal, pero por algún comentario q hiciste en algún post anterior, comencé a ver Héroes…. ufff, too much. Gracias!

    GIRASOL: A mi los tofees!

    DEMENTE: Te agrada el mar de Lima, q chévere, aunque no lo visito mucho. Chesss, ya habrá momento.

    LINCH: Se te agradece linch. Me da gusto ver q siempre visitas mi blog.

    EL FRENOPATICO: Hey! gracias! espero que sigas por acçá, de veras, gracias!

    MIGUEL: Dale! lo leeré, Así q me parezco a Tanaka, vaya sorpresa! Q chiste. Allí luego lo leo, q se me pase esta maldita fiebre. Gracias!

    YOLA: Para nada me molesta mujer, me encantó tu avatar de candy, dicho sea de paso. Chequearé el tuyo también. Si no te molesta…

    EL FRANKIE: uuuuuuuuuuuuun momentito. jajajajaja define “bajos fondos” y nada de eso, yo fui trambién sorprendido no tuve nada q ver en eso. Pero gracias a tu comentario tengo que decir q estoy muy agradecidos con ellos. Aunque no los conozca personalmente Y si, eso de las canciones es mejor dejarlo allí por un tiempo, es solo un recurso. Gracias frankie!

    CHICA: Uyyyyyyy la chicha de jora, q rico, pucha, ya me dio sed. Yo no conozco Bolivia, quisiera pues, todos los viajes son chéveres. Suerte!

  • 16. akinorev  |  Mayo 26th, 2007 at 9:20 am

    Que te mejores Luis!
    Aquí te esperamos pues =)

    Saludos!

  • 17. Kat  |  Mayo 30th, 2007 at 9:45 am

    de una u otra forma me recuerdas “mi primera venida” a Lima.

    Es que ser provinciana tiene sus peros…

  • 18. Luis Iparraguirre  |  Mayo 30th, 2007 at 9:16 pm

    AKINOREV: Gracias por tus deseos mujer!

    KAT: Eso sucede siempre, y de Lima para allá también.

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