Regálame tus rulos
No recuerdo la primera vez que vino a la casa, no recuerdo la primera vez que la vi. Pero a ella la recuerdo muy bien. Estuvo muchos años trabajando en casa, años en que me quiso mucho y yo la quise mucho más. Celia, era muy buena conmigo: nunca me trató mal, me engría muchísimo y cada vez que hacía alguna malcriadez me corregía con dulzura, con mucho tino, y yo no me resentía, es más, me encantaba que lo hiciera, me sostenía el mentón y ligeramente me lo movía de un lado a otro, luego, acercando su rostro al mío me decía: “Eso no se hace, príncipe”, y yo quedaba embobado. Ahora que lo pienso, Celia, mi nana, fue mi primer amor.
Me despertaba con cariños, me ayudaba a ponerme el uniforme y peinaba mis cabellos con mucho cuidado. Regálame tus rulos, príncipe; me decía mientras enredaba sus toscos dedos entre las “virutas” que tenía en la cabeza y yo, cojudísimo, pensaba, te regalo mis rulos y toda mi vida. Luego, me llevaba al colegio y, desde la ventana de mi salón, le hacía muchos adioses con mi pequeña mano, pero me entristecía mucho cuando se acercaba al final del parque, para luego perderla de vista. Eran muy tristes esos minutos ¿Sentiría ella, acaso, esa misma pena al dejarme? ¿Sufriría lo mismo que yo? Pues si. Estaba convencido. No había otra, si yo era su príncipe y, además, amaba mis rulos. Era un hecho que sufría lo mismo que yo, si no hasta más.
Mi nana era huancaína y, por intermedio de su hermana, mi abuela dio con ella y le ofreció trabajo en mi casa. El trabajo consistía en cuidar a un niño travieso (yo). Celia me contaba, camino al colegio, de todo lo ilusionada que estaba cuando llegó a Lima y de lo preocupada que se sentía al imaginarse al niño travieso que se encontraría en la capital. Pero, lo que más la ilusionaba, era conocer el mar. En Huancayo no hay playas y ella sólo conocía el océano por fotos. Así que, uno de los grandes recuerdos que tengo fue cuando fuimos, con toda mi familia, a las playas de Ancón. Recuerdo el rostro de mi nana al bajar del carro, tenía la boca y los ojos bien abiertos y repetía, frenéticamente, la palabra “mamá”, a cada rato.
Con el poco dinero que tenía, se las ingeniaba para comprarme gaseosas o helados, a veces hasta me compraba algún juguetito que encontraba en el mercado. Yo, por eso y muchas cosas más, amaba a Celia. Pero, lo más importante, era que ella me quería también, y mucho. A veces, resulta mejor ser querido que querer; y yo me sentía querido, me sentía importante en la vida de mi nana, me sentía amado. Por eso era muy celoso, habían muchachones que la molestaban cuando me llevaba al colegio y yo los miraba con ira, con odio, y hasta alguna vez me puse a llorar de la impotencia cuando un idiota pasó mirándole el trasero y le dijo una vulgaridad irrepetible. Ella me tranquilizaba y a mí se me pasaba la indignación luego de un buen rato.
Esa misma mañana, al llegar al colegio, me compró un helado en una carretilla de Donofrio, el heladero la miró excitadísimo y yo lo miraba con odio. Luego vino lo de siempre, me dejó en el colegio y desde la ventana le hacía muchos adioses. Cuando de pronto, vi que el heladero la llamó y, mientras a mí me consumían los celos, el maldito la acompañaba empujando con dificultad su carretilla.
Lo que vino a continuación fue un sufrimiento sin fondo. ¿Por qué no lo mandó a la mierda a ese feísimo heladero? ¿Acaso él será su príncipe ahora? ¿Qué pasará conmigo? Y mis clases se hicieron largas… y llegó, luego de mucho sufrimiento, la hora de salida. Y allí, parada en la puerta del colegio, estaba mi nana, como si nada hubiera pasado. Allí, a unos metros de la salida, estaban mis infantiles celos carcomiendo mi espíritu. Me saludó con el mismo cariño con el que siempre me recibía. Pero yo, indignadísimo, la saludé frío, sin el mismo afecto. Estábamos caminando hacia la casa y cuando me disponía a arrinconarla contra la pared y exigirle una explicación a gritos, apareció una figura que me hizo sumergir hasta lo más profundo de la ira, allí estaba con su estúpido uniforme amarillo, allí estaba con su cojudísima gorra en la cabeza, allí estaba el estúpido heladero. Le lanzó una sonrisa y, de pronto, se acercó, saludó a Celia, a mi Celia, con un beso en la mejilla y me sobó rudamente la cabeza con su áspera mano. Me trató como se le trata a un niño… y lo odié.
Lo peor llegó en el camino, cuando mi nana sencillamente me ignoró. No lo podía creer, ¡Me estaba cambiando por un heladero! No le pude decir nada en ese momento, no tuve valor para reclamarle nada. Pasaron los días y ya no me llevaba ella sola al colegio: en la esquina de mi casa nos esperaba, cada mañana, ese canalla; le veía la cara cada tarde… y las risas eran más seguidas, la confianza era más evidente y mi dolor, cada vez, más agudo… Una tarde, después del almuerzo, mi madre mandó a Celia a comprar un Peziduri, que es uno de los helados de Donofrio. Al regresar, vimos que en sus manos llevaba un Tornado, que es un helado, del mismo Donofrio pero mucho más caro. Todos festejaron, todos reían y disfrutaban del Tornado… todos menos yo, quien sabía la verdad. El hijo de puta le había regalado el helado, o sea, no sólo me quería quitar a mi nana, también me quería quitar a mis padres.
Pasaron los meses y no hubo muchos cambios, salvo mis celos que seguían creciendo. Luego llegó una tarde en el que, estando toda la familia reunida, mis padres conversaban con mi nana sobre el nombre que le iba a poner a su futuro hijo… yo me quedé mudo, mientras Celia, entre tímidas sonrisas, sólo atinaba a decir, que Juan y ella no lo habían pensado todavía.
Me encerré en el baño. Pedí permiso, claro. Así me educaron. El problema era que no salía. El llanto me consumía. Ya no había más que hacer. Antes que empezaran a gritar me lavé el rostro y enjugué mis lágrimas frente al espejo del baño, ese mismo espejo dónde tantas veces Celia me lavó las manos después de comer.
Luego Juan, sin su estúpido uniforme, llegó a la casa y se presentó. Yo lo miraba desde mi cuarto. Lo raro era que no lo miraba con odio, no lo miraba con rencor. Lo observaba y tenía miedo de él. Me estaba quitando lo más tierno de mi vida, me estaba arrebatando a la mujer de mi niñez.
Esa noche, me despertaron sus caricias, me despertaron sus lágrimas:
Príncipe, mi principito, despierta. No, mi amor, todavía no es hora de ir al colegio. Me vengo a despedir. En un rato llegará Juan. Nos vamos a Pucallpa, a su tierra. No, no llores. Claro que sigues siendo mi príncipe… eso no va a cambiar. Sí, sí lo quiero. No, no es que lo quiera más, son amores distintos. Cuando seas grande lo vas a comprender. Yo tampoco quiero irme mi cielo, pero mi deber es estar al lado del papá de mi hijo. No, no llores por favor, me vas hacer llorar a mi también. Ya ves, yo no quiero llorar papito. Claro que sí, voy a visitarte muy seguido ya verás, y te voy a invitar gaseosas y galletas y vamos a ir juntos a la playa. Está bien, vamos solos. No, no le digas así, Juan es un buen hombre. No llores príncipe, tu mamá se va a despertar y se molestará conmigo. No, por favor, príncipe… yo también te quiero Luchito. Prometo visitarte, prometo que nunca te olvidaré.
Me mintió. Nunca más supe de ella. A veces, en algún almuerzo familiar alguien la mencionaba y yo me quedaba callado. Y, aunque hayan pasado muchos años, nunca la olvidé. Luego de algún tiempo mandó una carta contando lo feliz que estaba con el nacimiento de su niña. Y me mandó saludos en esa cartita. Saludos a Luchito, decía escueta, sin mucho afecto, y me volvió a romper el corazón. Necesitaba, quizá, una carta para mí solo. Necesitaba una carta de amor para mí solo. Un amor que nunca pereció. Un amor que supo de alegrías, tristezas y supo, también, de traición. Claro, ahora que soy adulto entiendo muy bien lo que pasó. Pero ¿quién podía hacerme entender a esa edad? ¿Quién podía consolar todo el dolor que un niño pueda albergar? Yo la amaba. Celia, mi nana, fue mi primer amor.
No tengo ninguna foto de ella. No tengo ni una foto con ella. Solo está su sonrisa impregnada en mi memoria, como una tierna imagen que jamás olvidaré. Y ahora, cuando intento peinar mis cabellos frente al espejo de mi baño, resuena, como dulce balada, su cariñosa voz diciéndome, regálame tus rulos, príncipe, mientras yo, en voz bajita, repito llorando, te regalo mis rulos y toda mi vida.



1. schatz67 | mayo 10th, 2007 at 6:05 pm
Los afectos infantiles y púberes son a veces insondables y generalmente inolvidables.Alguna vez te volverás a cruzar con Celia.Y harás las paces con ella,con la vida pero sobre todo contigo mismo.Pásala bien LuchitoSchatz
2. liNch | mayo 10th, 2007 at 9:47 pm
Hay carajo me diste en el blanco, hace un momento encontre en el msn al primer amor de mi vida (amor de colegio y de hace años) la cosa es que duro una semana y ni siquiera hubo un beso ni nada (una historia de miercola viendola desde ahora), la cosa es que le comente que hace poco me reuní con un amigo y nos acordamos de las viejas cosas y de que ella fue mi primer amor y todo eso y la muy querida esta me dijo: “que paso?? si de verdad?? no me acuerdo!! ” puta si no era poque estoy sentado me caia csm! pero que chumas no!!! jaaaaaa volvere a contarlo para que se acuerde jua jua juasalu2
3. D€m€nT¡∂ | mayo 10th, 2007 at 11:48 pm
que lindoooooooo, me encanto tu post! que lindo cuando uno encuentra su primer amor platonico no?yo me enamore de mi profe de historia, era hermoso! ajaja me la pasaba volando en su clase, alucinandolo en el caballo de bolognesi ajaja… que hermoso era por dios… me pregunto si seguira vivo… jejesaludillos
4. Imberbe_Muchacho | mayo 11th, 2007 at 6:38 am
Tio Lucho, quien no ha tenido un amor infantil, a veces el unico recuerdo infantil que llega a uno con total nitidezUn abrazo
5. darling | mayo 11th, 2007 at 7:41 am
Hermoso post Lucho. Muy a tono con la celebración del día de la madre, además. Me encantó y conmovió.
6. akinorev | mayo 11th, 2007 at 8:03 am
Hola =) me gusto mucho tú historia, felicidades!Me hubiera gustado mucho tener una nana ¿que se siente?. Lo que si puedo sentir es que mi madre fue la mejor nana del mundo =)No recuerdo haber tenido un amor en mi niñez, estudié en colegio de monjas =/Saludillos desde México!
7. TRuLy | mayo 11th, 2007 at 4:18 pm
Hola!Gracias por la visita…Dejame decirte que tu post me encanto!!Pucha yo tuve nanas pero todas llegaron y se fueron rapido no se porque….Y pues el primer amor platonico…Pfffffff mejor no sigo….Pasare mas seguido a recoger unas cuantas polladas… jeje..Pd: La respuesta a tu pregunta esta en mis primeros anhos en el blog.Un besote!!!!Mua!(parte pierna please
)
8. >>._.Táta._.<< | mayo 11th, 2007 at 8:21 pm
Ola!! weno soy Tata la primera vez que te escribo..!! puex me encanto este post.. muy cheere puex si nuestro primer amor ommmm(suspiro) xD!! lo + lindo..Muy paja tbn tu blog.eres peruano tbn no??weno un beso cuidate.Tá´ta
9. AbOuT mE...liS | mayo 12th, 2007 at 2:44 am
Hello, asias dejarme tu huella! Escribis de fábula, a mi tb me encanta el arte, música y literatura de exo canto con mi chico…y tb escribo pero me da lata dejar mis palabras en un blog que no habla más que de mi abzurdos complejos.un bss te agregaré a mis links
10. Lilit | mayo 13th, 2007 at 11:43 pm
Celia = primer amor…Dicen q ese marca, tipo tatuaje en el corazón, eso incluye el dolor de la aguja.El tiempo pasa y nuevas punzadas cruzan ese fragil músculo…
11. Ursula | mayo 14th, 2007 at 6:47 am
Qué historia más tierna…Es curioso como experiancias vividas a tan corta edad nos pueden marcar tanto no??Saludos
12. BW | mayo 14th, 2007 at 9:43 am
Lo invitamos a registrar su blog en BlogsWorks:BlogsWorks
13. El Frankie | mayo 16th, 2007 at 10:25 am
que buen post. yo tbn me templé de mi nana, creo que fue la tercera que tuve (la segunda se templó de mí mas bien, así que resultó ser media pedófila) y pucha hasta ahora pienso en ella en ella esperando que algún día me la encuentre en alguna combi de mi ruta diaria.
14. Dragón del 96 | mayo 16th, 2007 at 11:42 pm
Pues parece que escuchare esta misma historia de mi sobrino… en algun momento.De verdad no recuerdo haber tenido nana… o algo asi.Slaudos.
15. Luis Iparraguirre | mayo 21st, 2007 at 5:46 pm
SHATZ67: Gracias por tus palabras mi querido amigo bloggero. Suerte!LINCH: Nooooooo, eso si q fue fuerte! y q pasó luego?DEMENTE: jajajak, cómo es eso q no sabes si sigue vivo? q cague de risa, te imaginas?IMBERBE: Eso es cierto, mi buen amigo.DARLING: Gracias darling! me imagino que las mamás se sentirán chévere.AKINOREV: Colegio de monjas!!!! Mi mamá también, es increible esos colesTRULY: Parte pierna? mmm welll, eso se puede solucionar,,, cheeeessssTATA: Gracias, espero verte más seguido.ABOUT: Gracias por agregarme! espero verte siempre x aqui!LILIT: Si pues, pero igual el tatuaje duele….URSULA: Si, una pena también, gracias1FRANKIE: Uy, de esas quería, alucina q a mi tmbién me llegó una media pedófila, cómo no me la encuentro ahora!DRAGÓN: Si lo recuerdas, no seas mentiroso! nada q ver, jaja
16. Andrea | diciembre 12th, 2007 at 9:56 pm
wow, he llorado con tu post…no sé si por nostalgia aunque sí por ternura.Lindo en verdad muy lindo me hace recordar ese amor incondicional de las madres.
17. Martha | noviembre 8th, 2009 at 11:55 am
AWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW!!!
QUE DIVINOOOO
Me Mato Tu Post Esta TAN LO MAAXIMOO!
Me Encantaaa .. Que Tiernoo, Quee Dulceee
Me Encantoo
A Todos Quiza Alguna Vez Nos Paso! (=
Jajajaja!
Chao!=D Saludos!!!…
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