8 / Diciembre / 2008

Para un ángel

No sé por dónde empezar a escribir este relato que cada vez se me hace más triste. Hoy tengo en las manos una vieja carta en el que los saludos llenos de cariño son tan recurrentes como las tildes en las palabras agudas terminadas en N, S o vocal. Hoy tengo ganas de estar alguito triste, y es que todos tenemos derecho, pienso. Hoy tengo ganas de un trago de pisco, antes de empezar esta pequeña historia.
No recuerdo qué edad tenía. No sé si importa recordarlo. Ella era menor que yo. Regálame un lapicero, me dijo. Si deseas te lo presto, le respondí. No, regálamelo, insistió. Academia Trilce. Yo era un tímido profesor de aritmética y ella una practicante en el área de contabilidad. Con tal que me pagues a tiempo, no tengo problema en regalarte mi lapicero, le dije. Y así, poco a poco y sin darnos cuenta, comenzamos a salir. Primero con otros profesores. Luego solos… Le encantaba hablar de literatura y renegaba de su carrera. Sistemáticamente jodía. Sistemáticamente me encantaba. ¿Me puedes dar un beso? Me dijo. Claro, pero primero devuélveme mi lapicero, añadí.

Claudia pensaba que las oportunidades no se deben de desaprovechar y yo la apoyaba. Claudia sabía que los niños no venían de la cigüeña y, por eso, siempre llevaba un condón en su cartera. Claudia tenía un niño a quien llamó Sebastián. Era un niño hermoso. Inteligente. Y más hermoso. Él, de unos seis años, no conocía a su padre. Sin embargo, le decía papá a su tío. Y yo, el nuevo padre sustituto, recibía el sello de tío con mucho gusto. ¿Sabes que el papá de la rana René no es rana?, me preguntó la primera vez que lo conocí. No, le dije, pero sí sé que el papá de Gokú es un sayayín, le dije creyéndome un tipo listo. Pero, a pesar de mis esfuerzos, Sebastián regresó: ¿Sabías que los Teletubis son del planeta Mercurio? Y me morí de la risa.

Por esos cuatro meses de no sé qué año en el que Claudia y yo compartíamos amores, pues hice, con su pequeño hijo, una conexión impensada. Cristian, mi hijo, no nacía por esos meses (es más ni siquiera conocía a su madre) y los niños, particularmente, nunca fueron de mi entero agrado. Pero Sebastián era un niño diferente: inteligente, respondón y, sobre todo, cómplice y leal. Una vez, cuando tenía unos meses con mi primer carro, un viejo y fiel Racer del 97, fui a recoger a Claudia de su casa para ir al cine. Al llegar a su hogar, ella no estaba, pero encontré a su pequeño sentado al borde de la sala viendo la televisión. Sebas, le dije, quieres ir a comer unas ricas empanadas que he visto en Risso, y él, de un salto, me grita que sí. En el camino, hablando y riendo de diversas cosas, veo a lo lejos un semáforo en ámbar. Era un domingo cualquiera, no había ni una sola alma en la calle, así que no tuve mejor idea que pasarme la luz roja. Y claro, había escondida una camioneta policial.

No tenía licencia para conducir, ni nada parecido y así, sabiéndome culpable, respiro hondo y trato de distraer a Sebastián para que no se de cuenta de nada. Buenas tardes, jefe, le dije. Sus documentos, me pidió seco y cortante mientras que el otro oficial bajaba pesadamente de esa moderna 4×4. Luego de hacerle una mueca de derrota le pregunté lo mismo que todos los peruanos le preguntan a los policías para salir de esos aprietos tan humanos: “¿no existirá una manera amigable de solucionar este percance, oficial?” A ver pues hijo, con unos viáticos para mí y mi compañero podemos hacernos de la vista gorda. Y luego, sosteniendo unas monedas que tenía en mi guantera hice que extendieran sus pedigüeñas manos para apoderarse de su ‘bien’ ganado dinero extra.

Al irse, tenía la cara llena de vergüenza no por lo que hice, si no por tener como testigo de mi falta a un niño quien me veía, hasta ese momento, como un padre. Lo miré de reojo, y ya estaba observándome. Y me provocó un pequeño trauma emocional. Me provocó un charco de culpa en la mirada. Y fue en ese momento, en el que intenté excusarme de una manera tonta y poco elegante, cuando escuché una frase memorable para cualquier niño de su edad: “no le diré nada a mi mamá”. Sonreí y, sin querer, se hizo mi amigo. Mi cómplice. Claro, no hice lo correcto. Él lo sabía, pero no lo juzgó. Simplemente, como cuando yo era niño, sentí que estaba al lado de mi amigo a quien podía confiarle mis pequeñas fechorías sin sentirme tan malhechor como en ese momento lo era.

Y fue, con esas pequeñeces que nos da la convivencia, que aprendí a querer a Sebastián. Muchas veces no escuchaba a Claudia y solo me concentraba viendo a esos habitantes del planeta Mercurio llamados Teletubis. Y claro, no quería a Claudia como pensé. Y por supuesto, todo se acabó. Sebastián, el lindo Sebas y yo, fuimos amigos inclusive después del nacimiento de Cristian, mi hijo. Claudia conoció a otro profesor de la academia y se casaron. Y todo bien. Todo lindo. Hasta que la vida, con esas cachetadas que a veces da, pues mostró su peor rostro.

A Sebastián, con sus 12 años, le detectaron una malformación en el corazón y tenían que operarlo. Se mostraba sonriente cuando lo vi. Se mostraba lúcido y feliz, antes de la operación. Antes de irme, y en medio de un descuido de todos en la sala de la clínica, me llamó con el dedo índice y me dijo al oído que no le dijera nada a su mamá, pero que tenía mucho miedo. Inmediatamente le dije que estaba en buenas manos y que esos miedos eran naturales pero que, en el fondo, no tenía por qué tener ningún temor. Sin embargo, hizo que le repitiera la misma frase que me dijo cuando me pasé esa luz roja allá por la avenida Arenales: “No le diré nada a tu mamá”. Y no se lo dije, claro. Y me fui dándole un lánguido adiós con mi treinteañera mano derecha. Él, sonriente, me dijo chao.

Sebastián murió a las seis de la tarde de este último viernes. Yo estaba allí cuando Claudia, luego de unos desgarradores gritos, se desmayó. Yo estaba allí cuando los abuelos intentaban golpear al doctor que operó al angelito que es ahora Sebas. Yo estaba allí viendo lo irracional que puede ser la vida al llevarse a un niño de solo 12 años. Ahora, mientras leo una carta de felicidades por mi cumpleaños que él me escribió, no puedo dejar de recordar sus dibujos. Sus preguntas casi capciosas. Sus lágrimas. Y, claro, su limpia y fácil sonrisa. Ahora, no sé como apañar esta puta tristeza de mierda que siento, no sin antes pedirle a la vida, un poquito de paz.

Veo a mi hijo dormir y pienso en Claudia. En su esposo. En lo mal que deben de estar. Y me pregunto si está bien luchar tanto si todo acaba así, tan pronto. Tan injusto. Y tan de repente. Me pregunto qué tal si le pasa algo a mi hijo. Me pregunto qué tal si estas lágrimas no tienen eco en Dios, si es que existe. Y recuerdo sus palabras: Tío, tengo miedo. Y yo, por supuesto, no le dije que también me moría de miedo. Pero claro, eso nunca se dice. Y ahora, con la jurásica corazonada, que nunca volveré a sonreír, pues me dedico a acariciar la cabeza de Cristian, mi hijo, llorando la muerte de quien en vida fue, uno de mis mejores amiguitos.

Crónicas  8 / Diciembre / 2008 
  • 1. Troba  |  Diciembre 8th, 2008 at 3:23 pm

    Un abrazo fuerte.

    Saludos.

  • 2. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 8th, 2008 at 3:32 pm

    Gracias.

  • 3. ..."""silvanna"""...  |  Diciembre 8th, 2008 at 3:38 pm

    Sé fuerte, Luis. Y cuida de Claudia.

    Un abrazo.

  • 4. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 8th, 2008 at 3:50 pm

    De todas maneras, Silvana. A propósito, creo que me voy a Madrid de vacaciones, sigues por allá? Un abrazo.

  • 5. ..."""silvanna"""...  |  Diciembre 9th, 2008 at 3:55 am

    Y cómo a Madrid? Vienes bien lejos de vacaiones! xD No soy de Madrid, soy del Pais Vasco. ;p

  • 6. Ravnoss  |  Diciembre 9th, 2008 at 3:14 pm

    Hola Luis,buena parted e la historia me hizo un flashback a la pelicula Jerry mcguire, pero no lei el titulo y no supuse que el niño habia fallecido, que pena tan grande cuando un niño muere, es una idea antinatural y absurda.
    Fuerza.
    Saludos

  • 7. Mu.-  |  Diciembre 10th, 2008 at 10:12 am

    me nace un abrazo

  • 8. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 10th, 2008 at 10:43 am

    Ravnoss: Efectivamente, es un calco de la genial película de Tom Cruise y Renee Zellweger. Un abrazo!

    Mu: Se agradece.

  • 9. Sandra Texeira  |  Diciembre 10th, 2008 at 11:23 am

    que increible post
    esa es uan de las razones por las que no me canso de leerte
    como si fuera uan compañia, un abrazo, una lagrimita mas para soltar
    una mas de las razones por las que me engacho siempre a tus cronicas…

  • 10. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 10th, 2008 at 12:13 pm

    Gracias, Sandra. Siempre tan generosa con tus comentarios, te mando un abrazo pre navideño.

  • 11. ArCaNo  |  Diciembre 10th, 2008 at 12:17 pm

    cuando se muere la carne
    el alma va derechito
    a visitar a la luna
    y de paso al lucerito..

    Duro, muy duro. Saludos,

  • 12. Clonpi  |  Diciembre 12th, 2008 at 7:24 am

    En este caso creo que las palabras sobran.
    Un abrazo para ti y otro para
    Cristian, y mis mejores deseos.
    Seguiye leyendote.

  • 13. Clonpi  |  Diciembre 12th, 2008 at 7:25 am

    En este caso creo que las palabras sobran.
    Un abrazo para ti y otro para
    Cristian, y mis mejores deseos.
    Seguire leyendote.

  • 14. Pollo especialista  |  Diciembre 12th, 2008 at 8:12 am

    un fuerte abrazo para tí y la familia de ese angelito

  • 15. Miguel Oswaldo Cabrera Vásquez  |  Diciembre 14th, 2008 at 1:48 pm

    La vida es así, a veces uno no sabe por qué precisamente aquellas personas tan queridas y tan buenas tienen que irse de este mundo. No sé si realmente la muerte tenga esa distinción de merecimiento en algunas personas, pero a los seres humanos lo único que nos queda ante ella es la resignación, el conformismo y muchas veces el olvido

  • 16. gabriel revelo  |  Diciembre 14th, 2008 at 7:03 pm

    caray luis, que pena. a veces me gustaría saber por qué pasan las cosas de tal o cual manera. eso sí, debe quedarte la entera satisfacción de que aportaste mucho a su felicidad durante la estancia de éste ángel en el mundo.

    y claro, él siempre te cuidará y no dudo que está orgulloso de ti.

    saludos.

  • 17. La gata en el tejado caliente  |  Diciembre 15th, 2008 at 5:52 pm

    cosas que pasan y que no conseguimos entender por qué Dios quiere llamar a su lado a un angelito que recién está empezando a conocer la vida… pero así ocurre, venía a visitarte luego de muchísimo tiempo y me encontré con el post y me ha dado muchísima pena, la vida pasa y a veces se pierden seres queridos, ahora tu amiga y su esposo serán fuertes juntos y compartirán los recuerdos de su pequeño, lo importante es celebrar la vida que tuvo la persona que fue desde que nació y la esencia que ha quedado de él en ti y en sus papás y en los que lo conocieron y como tú, lo quisieron… y tratar de dejar más lejos las circunstancias en las que se fue.
    Un abrazo!

  • 18. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 16th, 2008 at 5:09 pm

    Arcano: Lindas letras. Gracias.

    Clonpi: Gracias por los deseos y tus generosidad.

    Pollo Especialista: Gracias por el cariño.

    Miguel: El olvido nunca llegará para los seres que amamos.

    Gabriel: Y él aportó mucho a la vida de las personas que lo quisimos.

    La gata: Bienvenida nuevamente, querida amiga bloggera. Esta es tu casa.

  • 19. markin  |  Diciembre 16th, 2008 at 11:10 pm

    Es la mera realidad presente, que cobra valor con las acciones y aprehesiones del pasado.

    El tiempo da valor, o lo quita.

    En tus letras los perennisas, mientras lo recuerdes, y haya alguien que lo recuerde, vive.

    Cuantos seres se van, y a cuantos damos valor.

    Saludos a ti.

    Marco.

  • 20. Vitín  |  Diciembre 17th, 2008 at 9:36 pm

    Grandes letras. Desgarradoras.

    Me has conmovido. Sigue escribiendo asi,lindo, y sobre todo, viviendo intensamente, como creo q lo haces. Porque de eso se trata todo.

    Un fuerte abrazo.

  • 21. Galileus  |  Diciembre 24th, 2008 at 1:44 pm

    Lo más triste es que el pequeño angelito tenía toda su vida por delante… verdad?

    Alguna vez leí algo sobre la palabra que describe a un padre al que se le muere un hijo. Dicen que en ningún idioma existe una sola palabra que signifique esa situación, por lo doloroso y trágico. A diferencia de “viudo”, “huérfano”, etc… dicen que la pérdida de un hijo es el dolor más grande que puede existir.

    Que Dios lo tenga en su gloria.

    Galileus.

  • 22. Pinky  |  Diciembre 25th, 2008 at 10:15 am

    Ufff… que tristeza… la verdad es que es inentendible porque pasan estas cosas… pero sí sé que todo sucede por una razón…
    Sebas está, sin dudas, en un lugar hermoso y desde allí cuidando a mamá!
    Trato, pero no podría entender nunca el dolor que debe sentir Claudia… Ojalá se recupere!

    A vos Ipa, esos son los amigos más fieles! hace poco vivi una situación similar.. pero con un sobrino de corazón (1 año y 1 mes)
    Otro angel que nos protege!

  • 23. Jassy  |  Diciembre 25th, 2008 at 1:01 pm

    Te vuelvo a leer Luis ese eres tu.
    Una oración por Sebas…se me pone la piel de gallina pensando en mi hijo también.
    Besos

  • 24. juan carlos  |  Febrero 13th, 2009 at 7:09 pm

    Que fuerte es el Dolor del Alma,me emocionó muchisimo y sabes Ipa tu pluma es buenisima,lo sabía pero no tanto, sin darme cuenta tenia lagrimas y sin conocer al Angelito Sebas.
    Un Abrazo
    JC.BALLARDO.

  • 25. KAREM  |  Marzo 16th, 2009 at 7:52 am

    Diablos Ipa, este relato si que me hizo pensar en lo lindo y bueno que es tener hijos sanos, gracias por alimentarnos el espiritu con tus relatos que la verdad son más que buenos.

  • 26. Ronald Díaz  |  Junio 1st, 2009 at 5:15 pm

    Un abrazo… felicidades por el don q tienes. Esta es una pagina mas en mi lista de favoritos… desde hoy.

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