26 / Noviembre / 2008

Soy un muchacho provinciano

Soy un tipo aburrido. Lo sé. Muchos lo saben. Por eso, cuando me invitan a matrimonios trato, en la medida de mis posibilidades, de no ir. No puedo explicar el por qué de mi desgano. Fácil son los años. Fácil he sido así desde que estaba en la universidad. No lo recuerdo. No me interesa recordarlo, además. Soy un tipo aburrido, repito. Lo sé. Muchos lo saben. Sin embargo, Rosa ni lo sospechaba. Por eso, tan encantadora, me pidió que la acompañe al matrimonio de una de sus amigas de la universidad donde termina una maestría. Y yo, luego de ver su escote, intuí que estaba siendo presionado (sexualmente hablando), así que le dije que no. Ella, derrotada, se fue. Me dio algo de pena. Total es un matrimonio más, pensé. Así que retomé la conversación y acepté. Ella, luego de los te amo, te quiero, eres lindo, eres un amor y eres lo máximo, se fue.

Rosa y yo nos conocemos desde la universidad. Allí, luego de una de las tantas fiestas que organizaban en las distintas facultades, conoció a un futuro odontólogo de quien se enamoró y juntos pasaron muchísimos años de feliz romance, hasta que lo descubrió teniendo relaciones sexuales con su enfermera en el mismo sillón donde le curaba las caries terminando, de esta traumática manera, una relación de casi siete años. Ahora, más madura (ergo, más interesante), está tratando de terminar una maestría en la Universidad Católica y siente que, a sus 30 años, se está desperdiciando en las redacciones del diario Ojo. En la universidad nunca fuimos buenos amigos sin embargo, ya en el trabajo diario y en los diferentes bares de Barranco, formamos una amistad que arañaba la complicidad y el crimen de baja intensidad. Juntos hicimos de el alcohol, las risas, los llantos y las noticias diarias un modo de (con)vivir. Es así que su pedido para que sea su chaperón no me causó extrañeza.

Y así, en medio de mi incomodidad por volver a usar el único terno que tengo y las ganas irreprimibles de Rosa por verse más linda de lo que ya se veía, nos encontrábamos en un rincón de la pista de baile con tipos que tenían la misma cara aburrida que la mía. Al instante pensé que ellos, al igual que yo, estaban sujetos a las presiones de sus mujeres. Pienso, además, que ninguno quiere estar allí: sentado como vegetal viendo las piernas de la enamorada del otro mientras espera que los novios vengan a hacer el mismo ritual que todos los novios hacen. Por un momento pensé en acercarme de manera tranquila, sosegada y educada a uno de ellos y proponerle una fuga rápida, insospechada pero efectiva a cualquier bar para hablar de cosas importantes: fútbol, mujeres, política, Barack Obama y más mujeres. Pero claro que no.

Hice un trato con Rosa, antes que empezara la fiesta: si uno de los dos se emborracha, pues nos vamos en el acto porque no quiero ser protagonista de un strip tease o algo peor. Ella, sosteniéndome el mentón y graciosísima, me dijo que estaba de acuerdo. Así que luego que me abandonara para saludar a una de sus guapas amigas (quienes todas, absolutamente todas, se veían regias, lacias y más regias), me dispongo, sonriendo maliciosamente, a realizar el mismo acto incentivatorio (ojo con la conjugación del verbo ‘incentivar’), que siempre realizo cuando voy a un matrimonio: llamo a uno de los mozos, no sin antes sostener en mi mano una respetable cantidad de dinero para “agradecer” el favor que le pienso pedir, y le repito el mismo estribillo que les endilgo a todos los hombres de esmoquin que laboran con pundonor en las insufribles bodas: “no quiero que ni a mi, ni a mi pareja, nos falte whisky ni hielo en nuestros vasos”, y el empeñoso mesero, sosteniendo con prontitud esos ajados billetes, me dice: “cómo no, caballero, como usted diga”.

Soy un mal jugador, lo sé. Soy un timador, no lo dudo. Soy un aprovechador. Un vil delincuente del género masculino. Una lacra que apesta. Una alimaña a quien se le debe de aplastar sin misericordia. Una mierda… nunca tanto, claro. Pero allí estaba, con mi “empleado” al lado, ambos empeñados en la misma empresa (él sin saberlo) que significaba embriagar a mi compañera y que, al fin, me pueda ir a ejercer una de mis actividades favoritas: dormir.

Y los novios llegaron. Aplausos. Arroz. Pétalos. Más aplausos. Discursos. Alguien llora por allí. La novia le canta una canción al nuevo marido. Lanzan el bouquet. Vuelven a hablar. Alguien sigue llorando. Y el animador me cae más espeso que ninguno. “¡Salud, Rosa! Qué buen whisky, ¿no crees?”, le decía sonriente y se acabó la copa pero, de pronto, la copa volvió a llenarse. Gracias, Manuel, le dije sonriendo a mi amigo comprado, mientras Rosa, radiante y (espero) un poco ebria, seguía bebiendo el Chivas que estaba a nuestra merced. Y claro, la mujer se embriagó. Era un hecho. No había otra. Además sus actos la delataban: reía con desparpajo. Me presentaba como su esposo y padre de sus inexistentes hijos (a lo que yo solo sonreía mientras le miraba los senos a una de sus mejores amigas).

Lo peor llegó cuando me pidió bailar. Cortésmente le dije que no. Y ella, poco cortés, me mandó a la mierda, y me arrancó del asiento para hacer de mí su compañero del ridículo que hizo en la pista de baile. Lo malo fue que el buen Manuel no solo le llenaba las copas a ella si no, la mía también. Es así que, llevado por esos endemoniados ritmos cumbiamberos que vomitaban los parlantes, acompañados de esas lujuriosas letras que los cantantes de la orquesta profanaban, pues me dejé llevar con una rara naturalidad que yo mismo no sé explicar. Claro, en un momento retomaba la cordura, pero luego llegaba el coro de la vieja canción para ponerme a aplaudir y reír estúpidamente como todos los bailarines de la fiesta lo hacían.

No sé en qué momento dejé de ser yo. No lo sé. No sé en qué momento bailé un bellísimo huaino ancashino. No sé en qué momento abracé a Manuel y le dije: “tú eres mi hermano”. No sé, repito, en qué momento dejé de ser yo. Y pasé a ser un idiota. Un ebrio más. Un clown con corbata rosada y camisa negra. Y fui feliz. Lo admito. Y claro, esa metamorfosis que significó dejar de ser un tipo aburrido y convertirme en un tipo estúpidamente feliz se lo debo al whisky (Gregorio Samsa, protagonista de la obra de Kafka, llegó a ser una horrible cucaracha, y yo solamente me convertí, poco a poco, en un temible bailarín).

Estaba hablando, después de bailar el pio pio, con mi hermano Manuel sobre los improbables quehaceres amatorios de la pareja Clinton luego de perder las primarias en las elecciones estadounidenses cuando, en ese preciso momento, escucho mi nombre desde los parlantes, volteo horrorizado, y veo que en el escenario estaba Rosa con los miembros de la orquesta mirándome y llamándome. Ahora, si hubiera estado sobrio, mi reacción sería distinta a lo que a continuación narraré: me acerqué y allí, con mi tarada sonrisa estampada en la cara, y no sintiendo mis piernas, escuché el pedido de la novia: querían que yo cantase una canción, la que yo escoja, con el fondo musical de la orquesta. Y yo, sonriente, candoroso y ridículo, accedí.

¿Qué canción quieres cantar?, me preguntaron, y yo les dije: 19 días y 500 noches de Joaquín Sabina. Los de la orquesta no sabían quién mierda era Joaquín Sabina. Otro cantante, me pidieron. Y les pregunté si conocían a Daniel F o Silvio Rodríguez o Pablo Milanés… nadie respondió. Me sentí, inclusive estando ebrio, un imbécil. Les pregunté qué cantantes o grupos conocían ellos para ver qué tema podría conocer dentro de mis limitados conocimientos en la música tonera. Me dieron muchos nombres y muchos temas pero no conocía ninguno. ¿No escuchas radio?, me preguntó el cantante, y yo le dije la verdad: no. Cuando, en medio de mi desilusión y los acongojados rostros de Rosa y la novia, alguien dio el nombre de una canción muy popular en la década de los ochenta. Canción que narraba la historia de un muchacho inmigrante de la serranía peruana que, como muchos de los miles que llegaron a la capital para hacerse de una vida mejor, pasa las penurias y problemas propios de la vida en un lugar extraño y nuevo. “Soy un muchacho provinciano” del gran cantante, que mientras en vida fue, el mítico Chacalón.

Y así, canté. Grité. Bailé. Y fui más feliz. Claro, este relato es real. Hay fotos que nadie verá (al menos Rosa está amenazada de por vida). Hay un video que nunca estará en Youtube o algo similar. Ya hice mis amenazas respectivas. Ya hice mis berrinches respectivos. Al final de la noche todas las mujeres me amaron. No sé qué carajo le ven a los tipos que, como yo, hacemos el papel de tarados en las fiestas. Pero eso no importa. Lo que importa es que nadie me conoce. Nadie nunca me volverá a ver. Al menos no hasta el siguiente matrimonio. Rosa me dio un beso con sabor a whisky. Manuel, las gracias. El cantante, su tarjeta. La novia (a quien no conozco) me dijo que era un amor. Y me sentí, como nunca antes me he sentido en una fiesta: muy, pero muy feliz.

(Para los lectores de otros paises: En mi país, Perú, hay distintas corrientes musicales, pero la más popular, la que conquistó la simpatía de los diferentes jóvenes desde la década de los ochenta, es un ritmo llamado aquí “la chicha”, que en realidad es una mezcla de guitarras electricas con cumbias colombianas. Dentro de este género, el cantante más significativo fue, sin lugar a dudas, Chacalón con su grupo musical La Nueva Crema. A muchos limeños no les agrada este tipo de música y están en su completo derecho. Pero sería muy mezquino no decir que la chicha es la música de las entrañas del pueblo peruano)

Crónicas  26 / Noviembre / 2008 
  • 1. Frankie  |  Noviembre 26th, 2008 at 2:11 pm

    jajaja muy buena Luis!

    Pero mínimo tiene que haber en este post -si no quieres un video- una foto tuya en el escenario pues!

    [no hay nada que el trago no nos haga hacer]

  • 2. Luis Iparraguirre  |  Noviembre 26th, 2008 at 4:08 pm

    ni me lo digas!

  • 3. Ishua Runa  |  Noviembre 26th, 2008 at 5:03 pm

    Genial, viejo, me has hecho reír con unas ganas que por poco se me cae la casetera. La risa de loco que se escuchaba en el cuarto de la empleada (porque en estos depas chiquitos de Mi Vivienda, es el único lugar donde puedo puedo poner mi Ubuntu y mi Pc sin molestar al resto..) va a pasar al recuerdo de todos los vecinos del 2do y 4to piso; algo parecido me sucedió hace 30 años atrás y, como dice el dicho: recordar es vivir; pues lo he vivido con más ganas que cuando realmente ocurrió. Yo bailé tanto que el día siguiente lo pasé en cama mismo borracho atropellado. Gracias por hacernos reir…

  • 4. Luis Iparraguirre  |  Noviembre 27th, 2008 at 1:00 pm

    Qué bien que mis letras hagan de ti un tipo feliz! Espero seguir viéndote.

  • 5. giovanna  |  Noviembre 27th, 2008 at 7:24 pm

    Que buen post no sabes como me haz hecho reir!!! Que divertido debe ser tenerte como acompañante de fiesta cuando hay trago jajajaj, y supongo que cuando no tambien¿??. Besos!

  • 6. Troba  |  Noviembre 27th, 2008 at 9:58 pm

    Me levanto muy temprano
    para ir con mis hermanos
    ayayay, a trabajar
    ———————–
    Nostalgia provinciana,
    en busca de oportunidad
    ahora ha pasado el tiempo,
    ahora somos muchos más
    —————————
    divertido post, imaginé la cara de los musicos cuanod dijiste sabina, silvio, pablo …

    mejor eleccion no pudiste tener como improbable karaoke … Chacalon vive!

    no te confiés, nadie esta a salvo del youtube, lo mismo dijo el gral Desaire… despues del caso Araoz, eres mas conocido que la coima.

  • 7. Luis Iparraguirre  |  Noviembre 28th, 2008 at 10:06 am

    GIOVANA: Y eso que no sabes cómo soy con piscos!

    TROBA: Creo que la coima me gana, por mucho. Suerte!

  • 8. César Ignacio, LÍDER DE LA PARTIDA  |  Noviembre 28th, 2008 at 10:29 am

    La CHICHA es la cumbia peruana, muy diferente a la colombiana y de otros lados. Tiene un alto nivel “feeling andino”, muy marcado. Es llanto mezclado con celebración. Y en Colombia apareció luego un ritmo copiado de la chicha que usa también guitarras eléctricas.

    La CHICHA es sentimiento andino en las grandes ciudades.

    Para tus lectores extranjeros: en Perú nacieron casi todos los ritmos musicales del mundo. Aunque parezca mentira, y lo dicen los estudiosos, hasta el blue, jazz y Rock and roll son a partir de musicas andinas peruanas, de canciones que se pierden en el tiempo y no se guardan en testimonio audible. Es que ya saben, en Perú se originaron los “cheeres”, digamos así, y Perú entonces se convirtió en modelo de inspiración de cultuta musical. Y te hablo de años de fines del siglo XIX cuando no había una industria musical marcada como hoy.

    Algunos dicen ahora que el “cheere” actual se va a mudar de país… Y creo que es cierto.

    Mi blog está de aniversario, cumple un año. Estoy regalando dos recargas virtuales, una de 40 y otra de 20 Nuevos Soles para cualquier operador móvil. Te invito a tí y a tus lectores a participar.

    http://cheeregua-man.blogspot.com

    Saludos.

    César Ignacio.

  • 9. Luis Iparraguirre  |  Noviembre 28th, 2008 at 11:12 am

    ¡Gracias or ilustrarnos! Espero que tengas suerte en tu empresa.

  • 10. Daphne  |  Noviembre 29th, 2008 at 12:30 pm

    buenísima!

  • 11. ..."""silvanna"""...  |  Noviembre 29th, 2008 at 12:33 pm

    Yo quiero ver esas fotos y esos videos cantando la cancion! xD Y bailando como el niño! Qué gracioso!!!! xD xD Anda, ponlos!

  • 12. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 1st, 2008 at 10:30 am

    Daphne: Gracias!

    Silvana: No, creo que no.

  • 13. ArCaNo  |  Diciembre 1st, 2008 at 12:19 pm

    Ta’ que eres pendenciero; querías Sabina, Pablo, Silvio, EL F?????, ajajaja, justo donde lo que abunda es la cumbia y la pachanga.
    Cuando Chacalón canta, los cerros bajan..!!!
    Papá Chacalón: PRESENTE..!!

    pd: busco un nuevo camino en esta ciudad, ah ah..

  • 14. *Cristal*  |  Diciembre 1st, 2008 at 7:20 pm

    Eres GENIAL!

    Aunque t recomiendo hacer lo mismo un día q no estés borracho, para q disfrutes con tus 5 sentidos bien puestos lo lindo q se siente estar en un escenario y hacer q el público se ría/disfrute/whatever con tu “arte”.

    Ah, x cierto: respondiendo a tu pregunta, a las mujeres nos gustan los hombres con personalidad (AL menos hablo x mí). Pero si se trata d un borracho, me daría risa/pena/vergüenza ajena. Claro, teniendo en cuenta cómo canta.

    n_n

  • 15. Clonpi  |  Diciembre 2nd, 2008 at 11:36 am

    Totalmente identificado, amigo.
    No se tu, pero yo no se bailar, y los matrimonios, pues, generalmente los rehuyo, por las mismas razones que tu.
    Un saludo pre navideño.

  • 16. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 3rd, 2008 at 8:02 am

    Arcano: Sí pues, soy un tonto. Y es cierto, bajaban los cerros.

    Cristal: Soy un borracho con personalidad. Qué tal?

    Clonpi: Gracias por los saludos, igualmente, mi estimado.

  • 17. GIOVANNA  |  Diciembre 3rd, 2008 at 8:33 am

    pero me encantaria saber como eres con piscos y sin ellos tambien jajajja

  • 18. gabriel revelo  |  Diciembre 3rd, 2008 at 1:48 pm

    excelente relato luis, la verdad a mi tampoco me gusta asistit a esos eventos hasta que un día me embriagúé y también lo disfruté… ahora sé que toda reunión social es soportable con unos buenos tragos de por medio…

    saludos desde méxico.

  • 19. Jorge Urbano Malásquez  |  Diciembre 4th, 2008 at 9:32 am

    Asu, cantante tambien eras Luis.
    Pues si cantaste una del gran Chaca´ normal entonces.
    Felicidades y exitos totales.

  • 20. Vitín  |  Diciembre 4th, 2008 at 4:53 pm

    Buena con esa.

    El trago es vil, cruel, maligno, despiadado, y dentro de esa maldad está el apoderarse de nuestros cuerpos para hacer cosas impensadas.

    Pero ya pe, si te lo pidió la flaca, ni modo. Pa la proxima no pidas algo de Sabina en un tono ps, xq si io hubiera stado ahi, ta q a la firme q te metía un lapo jaja.

    Grande “Chaca” =)

    Extrañaba leerte. Saludos Luchito. Un abrazote.

  • 21. Imberbe_Muchacho  |  Diciembre 5th, 2008 at 7:16 am

    Buena tio, Chacalon es todo!

  • 22. Luis Iparraguirre  |  Diciembre 7th, 2008 at 3:41 pm

    Giovanna: Sería chévere!

    Gabriel: No todo, pero casi todo es soportable con unos tragos.

    Jorge: Y eso que no te cuento cómo canto los temas del genial José José.

    Vitín: Así es, no ínsistiré con Joaquín.

    Imberbe: A los años, mi estimado. Y viva Chacalón!

  • 23. Jassy  |  Diciembre 25th, 2008 at 1:07 pm

    Pediste una canción de Sabina?, o de Silvio o de Daniel F? jajajajajaja solo a ti se te ocure, pero donde este Chacalón que se quiten los demás.
    Besos!

  • 24. dixx  |  Marzo 23rd, 2009 at 8:04 pm

    daniel f ..imaginate cantando ” AL COLEGIO NO VOY MÁS”

  • 25. Juan Carlos  |  Abril 16th, 2009 at 11:00 am

    Qué buen relato. Lo curioso es que siendo tan aburrido como dices, inevitablemente te divertiste y la pasaste genial. Suele pasar, esta vez te pasó, y si te gustó quizá debas seguir yendo a los matrimonios.

    Saludos

  • 26. Gyto-M@n  |  Mayo 14th, 2009 at 5:39 am

    Lo que hace el “trago”
    Del ultimo matrimonio que fue en AQP… solo recuerdo que llegue a casa con Sombrero de Carnaval… Ofreci casarme el otro año (lo que hace uno cuando esta ebrio).
    Lo bueno que al dia siguiente no me acordaba de nada (mas aun del ofrecimiento de matrimonio, ya que mi memoria es selectiva!!).
    Lo bueno que te divertiste, y eso lo tendras en tus recuerdos para siempre.

  • 27. alessandro  |  Julio 14th, 2009 at 2:24 pm

    aJAjaJAjaJAjaAJaJAjaJAjaJAj
    algo parecido me paso en la ultima boda a la que fui, jaja
    de puta madre el blog
    primera ocasion que lo leo
    saludos desde tacna

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