Pequeños reencuentros
Era un jueves más: Me desperté a las once y media de la mañana (hora apropiada para un caballero como yo) y luego de tomar desayuno me fui a trabajar. En la revista hicimos la reunión respectiva de cada semana a eso de las tres de la tarde. Luego, a las seis, me disponía a planear una cena con los amigos del trabajo en el Kentucky (no hay nada mejor que unos Hot Wings con mayonesa y ají). Cuando, de pronto, me llegó un mail de un tal Gerald La Negra, y, de inmediato, mi mente retrocedió más de quince años. Era un examen de matemáticas en el tercer año de secundaria. Estaba uniformado. Limpio. Totalmente quieto y estudioso. Cuando de pronto, alguien me pasa la voz. Y allí estaba: gordito. Con lentes gruesos. Lleno de granos. “Pásame las respuestas”, me dijo en un larguísimo susurro y yo, un poco aturdido por los cálculos matemáticos, le pregunté de cuál pregunta y él, igual de silencioso me dijo: “de todas”, sonreí y le dije: “pero me soplas las respuestas en el examen de historia”.
El gordo Gerald y yo, fuimos muy amigos. Nos íbamos en el mismo micro y teníamos los mismos amigos. Casi nunca nos peleamos. Al menos eso creo ya que incluso haciendo ahora un esfuerzo de largos minutos pensando, no recuerdo ninguna discusión de alto calibre. Sin embargo, tengo en el cajón muchos recuerdos llenos de risas, cervezas, música, baile y demás alicientes para la felicidad. Gerald nunca fue un buen alumno: tenía problemas con la ortografía (problemas increíbles, la verdad) y en matemáticas era un asno de los que ya no hay, me imagino. Pero le fascinaba la historia y la geografía, así que entre él y yo aprobábamos casi todos los exámenes.
Quisiera mencionar, ahora que estoy lleno de recuerdos y risas, solo dos anécdotas breves que tengo de mi buen amigo: en alguna de mis visitas a su casa, me presentó a una amiga suya que vivía a dos casas de la de él. Karina, tenía un año menos que yo y, casi sin darnos cuenta, nos enamoramos. Fue mi primera enamorada y fui feliz en esos dos años que duró nuestro pequeño y ridículo idilio en el que Gerald hacía las veces de violinista.
El otro recuerdo que tengo comienza en una clase de educación física en el que el gordo, luego de correr en un ejercicio rutinario, eyaculó. Fue un espectáculo vergonzoso para él. Inclusive, el muy estúpido profesor de educación física se burló del percance y le dijo que se fuera a su casa a terminar de “pajearse”. Esa misma tarde, luego de un debate furtivo, iracundo y elucubrador entre los muchachones de la clase, concordamos (y me incluyo) en llevar a Gerald con alguna prostituta para que pueda eyacular todo lo que su cuerpo le estaba exigiendo que eyacule de las formas menos oportunas. Sin embargo, y aquí empieza lo mejor de mi recuerdo, grande fue nuestra sorpresa cuando Gerald se negó a nuestra solidaria e indecorosa propuesta de sexo.
Luego de soportar todas las burlas e improperios de todos los compañeros, de camino a casa él me dijo algo que nunca olvidaré: “quiero darle mi virginidad a la mujer con quien pienso casarme”. Lo que hice a continuación (y no me honra decirlo) fue reírme en su cara. Y es que a esa edad en el que ocurrieron estos hechos, me parecía algo inaudito el aferramiento que las mujeres tenían para con su virginidad y que un varón me diga eso rozaba, para mí y mi tontísimo razonamiento, en lo más ridículo que había yo escuchado hasta ese entonces. Y así, luego de, seguramente, desilusionarlo con mi burla, Gerald bajó del microbús y se fue.
Ahora, luego de recordar a Gerald La Negra y de recibir como una ráfaga de fotos todas las imágenes que estaban almacenadas en el disco duro de mi memoria, abro el mail de mi ex compañero de colegio, preguntándome, además, cómo consiguió mi dirección si no nos vemos hace muchísimos años. Sin embargo, esa curiosidad se vio ensombrecida y cubierta por un sentimiento de sorpresa, al leer, en ese mail lleno de faltas ortográficas, que mi buen amigo se iba a casar y me estaba “inbitando” a su matrimonio, porque yo soy “un gud amix”. Después de leer su mail (después de traducir su mail, en realidad) me lleno de emoción y me embargó algo de ansiedad por encontrarme, nuevamente, con uno de mis mejores amigos de la secundaria.
Y así, luego de esperar unos días, llegó el sábado. En la puerta de la iglesia lo esperé con otros amigos que encontré después de años sin vernos. Y fue entonces que llegó: sin granos. Igual de gordito. Allto. Blancón. Un ejecutivo de alguna transnacional. ¿un ex estudiante de un colegio estatal? Ni hablar, si no era un francés era un alemán en busca de placer, diversión y negocios. Claro, todo esto se cayó cuando empezó a hablar. Nos abrazamos. Nos dimos unas palmadas. Me dijo que se me veía viejo. Yo le dije lo mismo de puro picón.
Me dio gusto que se casara con su enamorada, según me cuentan, de toda la vida. Claro, recordé eso de “mi virginidad se la daré a la mujer con quien me case”, pero no quise preguntarle nada. Sinceramente, espero que lo que haya decidido para con su vida sexual sea lo que él siempre quiso, para bien o para muy bien. Ya en la fiesta de recepción, y con la euforia de la amistad a flor de cada trago, me emborraché. Y cuando me sucede eso (que es casi nunca), pues decido irme. Llamo a una compañía de taxis y me dicen que tengo que esperar unos quince minutos. Durante ese tiempo me dispongo a esperar la movilidad en las afueras del local, y no me despedí de nadie, por temor a alargar una estúpida sonrisa que es lo que más hago cuando estoy ebrio.
Ya en la puerta, esperando mi transporte, veo bajar de un taxi maltrecho a una pareja de tardones que estaban arribando a la recepción. Mi curiosidad me dice que están discutiendo, así que no digo nada e imposto una mueca de seriedad para que opaque mi estúpida sonrisa y no piensen que me estoy riendo de ellos. Sin embargo, ya es demasiado tarde, ya que la mujer se dirige hacia a mí y sentí un rubor creciente en mi cara. ¿Lucho? Me preguntó, y yo, con mi rostro pétreo, la miré de reojo y allí estaba la mujer que fue mi primer beso. Mi primera lágrima. Mi primera felicidad.
Karina, estaba claramente diferente a como la recordaba. Sin embargo, tenía esos ojos preciosos que siempre me impactaron y conservaba su amplia sonrisa que siempre me supo regalar luego de cada estúpida broma que improvisadamente decía. Nos abrazamos y me propuso entrar nuevamente a la fiesta y yo le dije que estaba bastante indispuesto para hacerlo y que ya había pedido un taxi. Luego de reírse de mí y de mi borrachera, y luego de ponernos al día sobre nuestras vidas, nos despedimos. No sé si fue por la cantidad de licor que llevaba dentro pero tenía muchas ganas de volver a besarla. Pero no. Y, por varios minutos, luego de que ella se fuera, me embargó un sentimiento de melancolía.
A veces pienso que lo bueno no siempre tiene que durar. Mi amistad con Gerald duró solo tres años. Luego, solo tengo grandes recuerdos… y un matrimonio. Mi enamoramiento con Karina duró dos. Luego de eso solo me quedan algunos recuerdos húmedos como la primera vez que toqué unos senos o la primera vez que dije te amo, desde el fondo de mi corazón. Ahora, regresando a casa, me pregunto qué hubiese pasado si alargaba esas relaciones, forzando, de esa manera, lo que el destino nos deparó, y me da miedo pensarlo. Lo único que queda es desear que Gerald conozca amigos que lo quieran tanto como yo lo quise y que el esposo de Karina le diga “te amo”, con la misma sinceridad que hay en el fondo de mi corazón.



1. César Ignacio | Octubre 25th, 2008 at 6:57 pm
Sabiendo de tí por lo que leo en tu blog, no creo que eras sincero cuando le decías “te amo” a Karina.
Y tampoco, “delicado”, más bien sí creo que aprovechaste tu oportunidad.
Saludos.
2. Anonymous | Octubre 25th, 2008 at 9:13 pm
Elucubrador…
3. Troba | Octubre 26th, 2008 at 12:22 am
Eramos una vez
un grupo de nueve o de diez
que coincidía cada noche:
una suerte de sueños q
ue hacían cuadrilla,
unos buenos muchachos
riendo juntos.
Érase que
se era una vez…
————————————
saludos, amigo …
4. Jassy | Octubre 26th, 2008 at 3:47 am
Por que dices que tu primer amor fue ridículo??
Hay gente que pasa por nuestras vidas y no deja ni la menor huella otra gente que se queda, otroas que pasan y dejan huellas imposibles de quitar
´Me encanta saber que vuelves a escribir como antes…como siempre
Besos
5. ArCaNo | Octubre 27th, 2008 at 6:28 am
pues, invariablemente, cada quien deja huella en un pedacito de nuestro corazón, en cada resquicio. Para cada uno de ellos, hagamos como decía Vallejo:
hacerles pedacitos de pan fresco. aquí en el horno de mi corazón..!!
6. Ausente | Octubre 27th, 2008 at 9:40 am
Amistad, o se destruye, y olvidas, o se acaba cuando todo estaba bien, y te queda la melancolia. Buen texto, el gordo seguira virgen?, me da curiosidad, como habra hecho para llegar al matrimonio asi??, parece imposible!!. Te invito a mi blog: http://www.mentirascompulsivas.blogspot.com
7. Elmo Nofeo | Octubre 27th, 2008 at 5:09 pm
Este es el Ipa que yo quiero leer.
El primer amor siempre incluye inocencia, rubor y torpeza.
No seas tan malo con los gordos.
Saludos.
8. Pinky | Octubre 27th, 2008 at 6:57 pm
Que buenos los recuerdos de secundaria! una de las mejores etapas creo yo!
9. Anonymous | Octubre 28th, 2008 at 12:16 pm
Eres lo máximo!
10. Anonymous | Octubre 29th, 2008 at 11:40 am
lo siento Rosita pero ahora todos verán tu cabecita adornada. jajaja
11. Anonymous | Octubre 29th, 2008 at 12:04 pm
perdiste una buena oportunidad, para al menos renacer la amistad con karina, y si kerias algo más te metias un floro tipo el lupulo de brahma, y todavia subias tu video en pasamejor.com, jaaaaa
bueno las cosas pasan por algo broder, palamte nomas
.fito.
12. Jorge Urbano Malásquez | Octubre 29th, 2008 at 5:38 pm
Me has hecho recordar a mis viejas amistades y a mis primeros amores…. guau, como los extraño.
Saludos
13. Frankie | Octubre 31st, 2008 at 5:46 pm
y que el esposo de Karina le diga “te amo”, con la misma sinceridad que hay en el fondo de mi corazón.
Que ‘hay’ o que ‘había’ Ipa?? xD
14. Anonymous | Noviembre 2nd, 2008 at 2:12 pm
Tu amigo a pesar de todo los comentarios en ese entonces tenia una idea bastante firme de lo que queria y al parecer lo encontro, yo hubiera querido encontrar a alguien asi o por lo menos que valorara lo que le di, en fin hoy en dia al menos para mi me parece que es mas dificil encontrar a chicos que te valoren.
De veras… que bueno que volviste a escribir este tipo de historias, ya se extrañaba.
Cuidate mucho, seguire siendo tu fan…
15. gabriel revelo | Noviembre 2nd, 2008 at 6:41 pm
lo peligroso del pasado es que a veces uno no puede controlar las preguntas que este deja en el aire cuando la nostalgia nos visita.
así pasa, y creo que todos tenemos una historia de esas en la vida.
como siempre, un relato muy disfrutable.
16. Anonymous | Noviembre 5th, 2008 at 3:25 pm
oie mi amiga ha creado un nuevo blog. a ver si lo visitas esta bien bonito. es diariodeunavirgen.blogspot.com
17. Natur Line Sex | Noviembre 11th, 2008 at 12:49 pm
Enhorabuena por su blog muy sugerente, me complace felicitarle.
Reciba un cordial saludo.
18. Diario de una virgen | Noviembre 11th, 2008 at 4:19 pm
hola soy la chifis y quiero con
19. Galileus | Noviembre 23rd, 2008 at 5:10 pm
Una de las razones por la que me gusta tu blog, es que te pasan unas cosas que superan cualquier película de Woody Allen. jajaja
Me has hecho recordar a un gran amigo de barrio, mi mejor amigo durante 4 años… hoy lo veo de vez en cuando y esa química se mantiene aun… claro que de otra forma… transformada… como la materia que no se destruye…
Así que Karina, eh!…
Muy buen post…
Saludos galileanos!
20. Alí | Febrero 24th, 2009 at 11:21 am
Gratos recuerdos y buenos augurios para una gran amigo.
Hasta pronto.
Alí
Deja un comentario
Trackback | Subscribirse al feed de comentarios