Hace muchos años, la revista Rolling Stone le hizo una entrevista a Jhon Lennon. Para realizar la foto que ilustraría la nota, le dijeron a la fotógrafa Annie Leibovitz que retratara a esta leyenda viva de la música mundial en su departamento de Manhattan. Leibovitz es, hasta ahora, una de las más grandes retratistas del mundo de la fotografía y su estilo conceptual ha sabido retumbar la sensibilidad de sus seguidores no solo en Inglaterra y los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Para muchos, quienes estamos pendientes de su trabajo, es común que nos preguntemos ¿Y ahora qué foto se le ocurrirá? La mejor etapa de su vida profesional la hizo en esta revista. Y, quizá, la mejor fotografía de su carrera fue esta que estoy tratando de narrar. Para ensalzar un poco más la leyenda de su trabajo, especialmente de esta foto, tengo que decir que después de cuatro horas de la sesión fotográfica, asesinaron a balazos a Lennon en la puerta del edificio donde él y Yoko Ono (su mujer) vivían. O sea, fue su última fotografía. Si una foto representa la esencia del amor, es esta. Si una fotografía logra decir más que mil palabras, es esta. Si tendría que elegir mi fotografía favorita de las miles que he visto en toda mi carrera, sería esta. La revista Rolling Stone la puso de portada y no le colocó titular. Ni una letra, salvo el logo. Ni una palabra que ensuciara tamaña expresión de sensibilidad humana. El ícono a quien el mundo lloraba en ese momento estaba allí, desnudo. Recogido. Totalmente vulnerable. Totalmente entregado al amor que le tenía a su mujer. Una foto que supo sobrevivir a su protagonista y que perdurará, como cualquier fotografía, para toda la vida. Como dije, si una foto representa la esencia del amor, es esta.
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Como saben, soy un fotógrafo. Tengo poco más de una década en este oficio que me ha dado un par de sonrisas y otro par de lágrimas. Un oficio tan bello como los colores refractados en un espectro de cristal y tan poco remunerados como los magros salarios de un profesor. He transitado muchas redacciones y he cubierto casi todos los rubros: la fotografía deportiva, política, espectáculos, publicidad, fotografía empresarial, paisajista, etc. Durante este tiempo he tratado de trasladar al papel la belleza del rostro de Maju Mantilla hasta el macabro escenario de una pirámide de cadáveres en el incendio de Mesa Redonda. Y bueno, este post, es para invitarlos a conocer un poco más la cámara que tienen en su poder. Conocer un poco más acerca de este lindo oficio que es la fotografía. Roberto Guerrero y Martín Pauca, ambos fotógrafos profesionales y amigos míos, han decidido ser miembros del capitalismo y han puesto una agencia de fotografía. Entre otras cosas van a ofrecer algunos cursos como redacción, fotoperiodismo y fotografía digital básica. Y yo seré el profesor de este último curso al que invito, cordialmente, a todos ustedes.
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Este 11 de noviembre, ese genial artista argentino llamado Andrés Calamaro, pisará nuestra Lima para dar un concierto. Iré, eso es insoslayable. La última vez que vino a nuestra capital, Rosa y yo conocimos a una chica quien, llevada por la loca euforia de “predicar la palabra del señor”, imprimió unos lindos polos con el rostro del Salmón y, de pasada, no solo se gano unos soles, si no que se autofinanció su entrada en el lugar más costoso. Rosa, cubierta por la copionería (dícese del verbo copiar), me dijo: “Lucho, al siguiente concierto de Calamaro, hacemos lo mismo y todo nos saldrá gratis”. En su momento le dije que sí, que no había problema. En verdad eso hacemos todos los hombres cuando su mujer le propone algo que sucederá en un futuro incierto. Para ese entonces, Andrelo llegaba a Lima después de muchos años y supuse que volvería cuando yo ya no esté vivo o cuando Rosa, completamente aburrida de mi eterno letargo, termine conmigo. Pero, sorpresas de la vida, llega este 11 de noviembre, así que mi linda novia me hizo recordar esa vieja promesa que yo, la verdad, ya la había olvidado.
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Luis Iparraguirre
Nací el 15 de febrero del 76. Estudié comunicaciones en una viejísima universidad para luego pasar a ejercer el fotoperiodismo en distintos medios de la capital. Me sospecho un tipo poco sociable, olvidadizo crónico, flojo y, de vez en cuando, buen hijo y buen padre de mi único vástago. Mis amigos más cercanos no saben que tengo un blog. Otros, más lejanos y perdidos, me abrazan por medio de sus comentarios. Ahora, me dedico al fotoperiodismo en un conocido diario limeño. Amo el pisco. La buena música. El cine. Las letras de Vargas Llosa. Y mi blog, donde deposito numerosas narraciones que le dan vida y forma a Crónicas de Pollada.
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