¡Cómo te odio, mi amor!

Me dices que no me quieres. Me dices que ya fue suficiente de tanto verso. De tanto fútbol de fin de semana. Me dices que ya te jode escuchar el mismo disco de Sabina. Que ya no quieres cargar mis maletas. Que te da lo mismo si es viernes o sábado, ya que siempre me tengo que ir antes de las once para dormir. Me dices que no quieres morir conmigo porque no quieres perder el tiempo en cojudeces. Me dices que no quieres trabajar. Que te mantenga. Que, como toda mujer peruana, eres machista. Que no quieres un hombre llorón. Que te incomoda verme deprimido con un pisco al lado. Me dices que reclame. Que luche. Que no sea un cobarde. Que sea valiente. Que sea un hombre de verdad. Un Iron Man, por ejemplo. O un simple serenazgo, qué importa.

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12 / enero / 2011  Narración  Comentarios (11)

Arbolito de mi calle

Año nuevo en la sangre de los asesinados.
Año nuevo en la sala de torturas
y en el ojo del hombre prisionero
donde un tiempo sin sol hace su nido.
Año nuevo en la mesa del tirano
y en la percha vacía del destierro.
Año nuevo en la madre y en el hijo
separados tan sólo por un puente.
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30 / diciembre / 2010  Narración  Comentarios (4)

Travesuras navideñas

Cuando era niño (no se burlen) era muy curioso. Demasiado. Algo casi clínico. Mis padres sufrían con mis arranques de investigador o preguntón y yo, feliz. Ahora, no sé en qué momento la curiosidad deja su esencia para convertirse en una insufrible travesura. No lo sé. Por eso, prefiero decir que era un niño curioso a decir que era un niño travieso. Recuerdo con dificultad algunos hechos vergonzosos. Algunos dolorosos. Otros costosos, como cuando le dije serio a mi madre, mientras ella estaba en la tienda: “mamá, no te asustes, pero la casa se está incendiando”. En todos esos recuerdos, en el que tenía a mi madre molestísima por las cosas que hacía (claro, incendiarle la casa era algo que gusto no la hace a nadie), siempre encontraba alguna sonrisa cómplice ya sea de mi padre o de alguno de mis abuelos. Jamás de mi madre, claro. Por eso, cuando me llega del colegio alguna nota informando las “travesuras” de Cristian, mi hijo, pues me cuesta mucho llamarle la atención. ¿Con qué cara o autoridad moral puedo corregir a mi hijo cuando yo era tan igual o peor que él?

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24 / diciembre / 2008  Narración  Comentarios (24)