Siete días tiene la semana. Veinticuatro horas tiene el día. Sesenta minutos tiene una hora. Cinco años tiene mi hijo y se le han caído dos dientes (no saben lo lindo que se le ve). Mi madre tiene sesenta y un años y diez operaciones. Dos prótesis de rodilla. Dos de cadera y dos hijos. Sesenta años tiene mi padre y la misma cantidad de hijos que mi mamá. Ambos tienen a sus papis en el cielo (al menos eso le decimos a Cristian). Jean Pierre, mi hermano, tiene mi edad menos nueve (ustedes resten). Hace dos y medio que usa braquets y sigue teniendo los dientes en la nuca. No recuerdo cuántos años tiene mi colegio, El Guadalupe, pero sé que son más de cien y es el primer colegio nacional del Perú. No sé cuántos tenga mi universidad, San Marcos, pero sé que es la primera universiad de América. Rosa tiene 27 años y estamos juntos hace dos, con nueve meses. Tiene un perro. Un gato y mató al conejo que algún día le regalé (luego se lo comió, la muy insensible). Tengo 34 años, nueve meses, veintinueve días, veintitrés horas y cuarenta y cuatro segundos de vida.
seguir leyendo »
La mujer. Cuando Dios sacó una costilla del hombre, nunca pensó en lo que estaba a punto de crear con su divino poder. Las mujeres en mi vida siempre serán un punto de reflexión y meditación que acompañe una copa de pisco y varias disertaciones sobre lo que hacen con nosotros, lo varoncitos. Es tonto generalizarlas y es que cada una es un océano distinto y profundo de secretos y pasiones. Sin embargo, hay rasgos casi irrompibles en muchas de las féminas que he conocido a lo largo de mis trajinados 34 años. Desde mi madre hasta mi abuela. Desde mi primera enamorada hasta Rosa. Cómo quisiera tener una hija, apropósito. Cómo quisiera tener la infinita dicha de sentir el amor de una hija. El amor de un hijo es increíble (lo sé todos los días), pero Dios, por el momento, ha hecho que en casa solo haya una mujer como madre, mas no como hermana… ni como hija. Ante todo, lo único cierto es que este mundo no sería como es sin la presencia del colorete.
seguir leyendo »
Cómo quisiera ver a Calamaro en Arequipa. Cómo quisiera sentir en mi boca la dulce explosión de un champiñón a la parrilla. Cómo quisiera que mi DNI no tenga fecha de caducidad y que en vez de la letra D esté una S en mi estado civil. Cómo quisiera tener once años y ver nuevamente a mi vecina desnuda. Cómo quisiera que la vida no de tantos golpes de campana y tantos hachazos de mala vibra. Quisiera, por un momento, ver las antípodas. Las cataratas del Niágara. A Marion Cotillard. Conversar con Stephen Hawking. Escuchar en directo a Bob Dylan y beber un tequila. Cómo quisiera salir de mi casa con mi abuela escondiditos mientras todos duermen y comer un pollo a la brasa a la una de la madrugada. Cómo quisiera que no querer tanto.
seguir leyendo »
Me ha gustado el mundial de Sudáfrica. Desde las vuvuzelas hasta Nelson Mandela. Todo lindo. Y también los equipos. Todos. Este deporte es inherente a todos nosotros y la fiesta debe de continuar siempre. Claro que quería hablar de este tema y, como para cerrar la fiebre mundialista, lo hago hoy que acaba de terminar la mayor fiesta deportiva de todo el mundo. Alguna vez le dije a mi buen amigo Jorge “Coco” Moreno, que me gustaba el tenis. Él me dijo que no entendía cómo me podía gustar un deporte en el que no hay contacto físico. Buen punto ¿no creen? El tenis es un lindo deporte, pero el fútbol es otro nivel. Holanda vs España. El buen fútbol vs la táctica. La habilidad y el toque vs la inteligencia y la fuerza. La alegría del campeón y la tristeza del perdedor. Las dos caras del fútbol. Las dos caras de la vida. No piensen que soy un erudito del fútbol, para nada: mi favorito antes del mundial era Brasil y en la final le aposté a Holanda… ahora lo único claro es: ¡Viva el pulpo Paul!
seguir leyendo »
Muchos (todos) han sucumbido por los remolinos del amor. Desconocen, sin embargo, las diferencias que hay entre el amor y el enamoramiento; y hay una enfermiza confusión entre ambas emociones. Utilizo la palabra enfermiza no por puro capricho ni por pura pose. Es sabido que muchos pierden la cabeza por “amor”, cuando la verdad es que solo están enamorados. La cantidad de muertes que tienen ambas emociones son mayores a la cantidad de muertes que tiene cualquier enfermedad (incluyendo La Peste Bubónica): ya sea suicidio o asesinato, el amor y el enamoramiento siempre han sabido hacer perder la cabeza hasta del más sensato (hasta Jesucristo amó). En esta oportunidad quiero empezar con otra sección en mi blog llamada Ensayos, donde analizaré, desde mi perspectiva y experiencia, diversos temas. En este caso: el amor y el enamoramiento.
seguir leyendo »
Hoy quiero pedir perdón. Hoy me nace expresarte que lo siento mucho. Tú que lees. Que vives en mi casa o fuera de ella. Que estás solo o sola o con tu novia o con tu novio. A ti amigo, amiga que ofendí. A ti que, de una manera, formas parte de mi vida. Sin saberlo. Sin desearlo. Solo quiero que sepas que existes. Que no te olvido. Que nunca te olvidé. Que siempre te escucho así no estés a mi lado. A ti que eres mi novia. Mi madre. Mi padre. Mi hermano. Mi hijo. Mi amigo. Mi amiga. Mi alumno. Mi alumna. A ti que no te hablo pero sabes que existes en mí. A ti que no te veo hace mucho. A ti que no me recuerdas. A ti que algún día amé o amo o amaré. A ti te quiero pedir perdón.
seguir leyendo »